Desde hace años, me he interesado por la abeja melipona, una especie que produce miel altamente nutritiva y que es un orgullo de mi querido Yucatán. A diferencia de la abeja común (Apis mellifera), la característica principal de la abeja melipona es que no cuenta con aguijón, algo que me ha permitido observar y estudiar con más deteni­miento cómo se desarrolla. Lo que más me ha impresionado son sus majestuosos panales y las interac­ciones que suceden ahí.

Estos castillos de seda sirven a la vez como refugio, fábrica, cuna y red de información; en ellos, las abejas se reparten, asimismo, diferentes funciones: recolectar polen, dar calor, proteger el panal, explorar el entorno inmediato. Su estrategia de producción y sobrevi­vencia es la organización.

Son muchas las razones que me han motivado a conocer mejor a estos fascinantes insectos, siendo su relevancia en la economía una de ellas. Por ejemplo, se calcula que el impacto anual directo que tienen en la polinización de los cultivos de alimentos oscila entre 235,000 y 577,000 millones de dólares; ade­más, su relevancia en la cadena ali­menticia es enorme y los manjares que nos ofrecen son inigualables.

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Pero lo que más me atrae de esta interesante especie es la manera en la que recrea a la perfección en sus panales lo que un sistema eficiente debe ser: una red en la que cada parte cumple con su rol para lograr objetivos colectivos.

Traducido al lenguaje de las so­ciedades, la política y los negocios, los panales de abejas funcionan porque se basan en instituciones inquebrantables: hay una serie de reglas claras y procesos que, al seguirse y respetarse, aseguran la continuidad de la especie. Esto quiere decir que, cuando las ins­tituciones son lo suficientemente sólidas, el sistema sobrevive, más allá de los destellos individuales.

Creo que en México nos falta mucho por aprender de las abejas. Nos hemos acostumbrado, históri­camente, a vivir en una confusión eterna entre la teoría y la praxis. Las leyes dictan un camino, pero la sociedad toma otro. Los políti­cos prometen X, pero se ejecuta Y. Antes de obedecer las reglas, las negociamos.

La sistematización de la corrup­ción, en este sentido, es el reflejo más radical de la disociación entre lo que debería ser y lo que es. La corrupción es el principal ene­migo de los objetivos colectivos porque implica la sistematización de la avaricia. Nuestra República, en sus peores momentos, es un “antipanal”.

Creo que el gran tema de nues­tro país es resolver esa ecuación para que el sistema funcione. ¿Cómo ajustar la realidad para que cada quién haga lo que le toca por el bien colectivo?

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La respuesta la sabemos y no es utópica, sino un horizonte a seguir. Desde la sociedad civil y el sector empresarial, llevamos años proponiendo proyectos para reducir la corrupción, la impunidad y consolidar instituciones sólidas. Éste es el camino. Pero también me preguntaría: ¿Cuántos están dispuestos a renunciar a sus privi­legios y formarse en la fila?

En un país donde la conviven­cia está regulada por instituciones sólidas, los empresarios invierten, asumen el riesgo de sus empren­dimientos y generan empleos; las autoridades son elegidas demo­cráticamente, gobiernan bajo los límites de la ley y rinden cuentas; y los ciudadanos se desarrollan personal y profesionalmente, sin afectar a terceros, porque hay oportunidades, competencia y Estado de derecho.

El caos, la incertidumbre, la di­sociación entre la ley y los hechos son, sin duda, los peores enemi­gos de las sociedades prósperas. Necesitamos volver a poner en el centro de la conversación pública el tema del Estado de derecho. Si no construimos un país con instituciones sólidas, no vamos a aprovechar el enorme potencial que tenemos, no vamos a producir más con las inigualables ventajas y riquezas que se encuentran en nuestro territorio.

Estoy convencido de que éste es el gran tema de México. Podemos aspirar a más si apostamos por un país de instituciones. Y las sabias abejas pueden orientarnos.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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