Por Máximo Santos Miranda*

¿Se imaginan que existiera un supermercado sin ánimo de lucro en donde sus clientes son al mismo tiempo propietarios y empleados de este y que además contara con unos niveles de precios asequibles y ofrecieran productos ecológicos de proximidad? Pues bien, esta utopía se ha puesto en marcha en ciudades tan cosmopolitas como Nueva York o París con notable éxito.

En Nueva York viene funcionando un supermercado cooperativo, Food Coop, que lleva abierto desde el año 1973 en el barrio de Brooklyn y que cuenta con unos 16,000 clientes.

Para ser cliente de este peculiar supermercado es necesario ser miembro de la cooperativa que lo detenta y para ello es necesario pagar una pequeña cuota de inscripción, así como colaborar con diversas actividades del supermercado durante tres horas cada cuatro semanas. A cambio, los clientes/trabajadores/propietarios obtienen productos frescos de calidad, orgánicos y de productores cercanos y todo ello a precios por debajo de lo que se ofrece por parte de otros supermercados ecológicos similares.

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Pero la oferta de este peculiar supermercado no se detiene aquí, ya que ofrece a sus clientes cursos sobre las propiedades de los alimentos, de cocina saludable o la inscripción a la revista que imprime el propio supermercado en donde difunde las bondades del consumo de productos frescos, biológicos y de proximidad.

La importancia de este supermercado trasciende a lo puramente comercial ya que incide en el consumo sano de alimentos en un entorno de gran ciudad y en un país que presenta alarmantes casos de obesidad y en donde la calidad de la alimentación no es en muchos casos saludable. Además de todo esto, la cooperativa intenta promocionar a los productores locales y, por tanto, los entornos agrícolas y ganaderos próximos a esta gran urbe.

Este modelo se está intentado exportar a otros países y prueba de ello es la reciente apertura en París del supermercado La Louve (La Loba). Este supermercado al igual que sucede con el de Nueva York no es sólo un supermercado de tipo cooperativo, sino que además intenta que el componente orgánico y ecológico sea parte esencial del mismo y cuyos proveedores son productores franceses cercanos a la ciudad de París.

El lanzamiento de este tipo de supermercados en Francia ha supuesto que en pocos meses se abran en el país otros cuatro supermercados de similares características y su éxito se debe, entre otras razones, a que sus precios de venta son inferiores a los de los supermercados biológicos cercanos.

También en Londres, en Holborn, se abrió en el año 2010 un supermercado parecido que tiene el nombre de The People Supermarket (el supermercado de la gente) y que cuenta con un blog en el que anima a sus clientes y a los consumidores en general a consumir productos frescos orgánicos y de calidad.

En definitiva, es de esperar que en el futuro este tipo de supermercados tenga cierto papel en la distribución de alimentos, en especial porque desde hace varias décadas se viene desarrollando una nueva tipología de consumidor que se puede catalogar como ecológico y socialmente responsable.

Esta nueva tipología de consumidor traslada su preocupación por el deterioro medioambiental y elige consumir aquellos productos que percibe como más naturales y sanos. Este tipo de consumidor es escéptico ante las afirmaciones publicitarias de las empresas y prefiere una información independiente que le permita identificar un producto como verde y que además le guie dónde encontrarlo. Se trata de un consumidor que pretende colaborar en la preservación de los recursos naturales para que éstos puedan ser disfrutados en plenitud por las generaciones venideras.

Por tanto, cada vez son más los actores que demandan este tipo de productos, especialmente las crecientes clases medias no sólo de los países más avanzados sino también de otras economías que si bien no están todavía tan desarrolladas si ven como sus crecientes clases acomodadas demandan el consumo de productos más naturales y respetuosos con el entorno.

En definitiva, los consumidores se encuentran cada vez más preocupados por lo que comen y es que cada día son más las noticias alarmistas de las que nos informan los medios de comunicación. Un día el sobresalto surge por el aceite de palma y sus innumerables usos alimenticios, otro día son los antibióticos utilizados en los pollos, otro las dioxinas o los problemas causados por las denominadas vacas locas. Y es que, si bien es cierto que algunos de estos casos son fraudes alimentarios causados por productores sin escrúpulos, también ocurre que en otras ocasiones el problema está relacionado con el ahorro de costes o el incumplimiento de la legislación por parte de algunas empresas.

Por todas estas razones, el lanzamiento en México de este tipo de supermercados puede constituir una alternativa más para que esta tipología de consumidores pueda ver satisfechas sus expectativas de consumo con unos precios menos elevados que los de otras plataformas de distribución y es que el precio constituye una importante barrera para que cada vez más consumidores se animen a consumir productos biológicos y respetuosos con el entorno.

En definitiva, el ejemplo de Food Coop puede ser perfectamente válido para que se lancen en México iniciativas de supermercados similares.

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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