Por Barbara Wesel

DW.- Theresa May viajó en el último minuto a Bruselas con el objetivo de arrancar un par de concesiones más a Bruselas para hacer más digerible a los diputados británicos la declaración política sobre el futuro de las relaciones económicas entre ambas partes. Pero se volvió con las manos prácticamente vacías y en Westminster no se observó un apreciable cambio de opinión tras la intervención de la primera ministra en la que alabó su acuerdo de Brexit.

 Este acuerdo o ninguno

Theresa May no ofreció en la Cámara Baja nuevos argumentos ni a la oposición ni a sus filas para vender la declaración política en la Cámara Baja. “Es el acuerdo adecuado para Reino Unido”, reza su mantra en los últimos tiempos. Pero no por más que lo repita crece el entusiasmo de los diputados. “Estamos protegiendo los empleos y la seguridad de nuestro país, terminamos con la libertad de movimientos”, explica May, que aboga por un sistema de acogida de extranjeros basado en la cualificación. En principio, el Gobierno planea permitir la presencia extranjera en el mercado laboral británico de los candidatos más cualificados de la UE.

El Brexit, la fantasía política de Theresa May

“Acabamos con la jurisdicción del Tribunal Europeo de Justicia y retomamos el control sobre nuestro propio dinero”, continúa May. La primera ministra británica se aferra con estos argumentos a la idea de que este es el Brexit por el que los votantes apostaron en 2016, un Brexit motivado por los temas de la soberanía y la migración. Y agrega que además se ha conseguido evitar una frontera dura con Irlanda del Norte. Theresa May dibuja sobre la base del acuerdo de Brexit un dorado futuro político: habrá nuevos acuerdos de libre comercio, de pesca, de intercambio de mercancías y servicios. Todo ello allanará el camino para “un futuro más luminoso en nuestro país. Este acuerdo está a nuestro alcance y yo lo implementaré”.

Lanzarse con ojos vendados

Jeremy Corbyn, líder de la oposición, a menudo poco contundente y algo desconcentrado en sus ataques hacia Theresa May, asestó este jueves un directo tras otro: “¿Qué ha hecho el Gobierno en los dos últimos años? Menos de una página de la declaración política al mes. Este Brexit es un Brexit con los ojos vendados, un salto a la oscuridad.” Los diputados de Westminster saben que, aunque el texto de 586 páginas del acuerdo de Brexit es legalmente vinculante, la fuerte Declaración Política de 26 páginas es solo un gesto diplomático de responsabilidad limitada. Ahí se incluye un marco político dentro del cual podrían (aunque no tienen por qué) moverse las relaciones entre ambas partes después de que se produzca el Brexit a finales de marzo de 2019.

La diputada laborista Hillary Ben señala otro gran punto débil del acuerdo con Bruselas. Theresa May ha repetido docenas de veces que habrá un comercio “perfecto” con la UE tras el Brexit. ¿Será el rechazo de su acuerdo lo que finalmente convenza a May de que no habrá un comercio perfecto con la UE cuando abandone la unión aduanera y el mercado interno? Eso es poner el dedo en la llaga, porque, en contra del deseo de May, la declaración política no habla de comercio y sí menciona expresamente la fiscalización y futuros controles. Eso acaba con la idea que tenían los defensores del Brexit de que, tras la salida de Reino Unido de la UE, todo iba a continuar como antes.

Cómo afectan al mundo los problemas de Reino Unido con el Brexit

Críticas de las propias filas

Boris Johnson, uno de los más ácidos críticos de la primera ministra, dispara contra May por el llamado “backstop” para Irlanda: “Este acuerdo da a la UE un veto permanente sobre la capacidad del Reino Unido para cerrar acuerdos comerciales o para asumir el control sobre sus propias leyes”, argumenta. El acuerdo aduanero logrado entre Reino Unido y la UE es, para él y sus correligionarios, casi la más grave de las traiciones cometidas por May contra la idea de un Brexit auténtico. Hay varios diputados que ya anunciaron que votarán contra el acuerdo en esta forma. Es incierto cuántos los secundarán, pero podrían ser bastantes. La votación en la Cámara Baja tendrá lugar en la primera mitad del mes de diciembre y no está claro que Theresa May logre suficientes apoyos para refrendar su acuerdo de Brexit.

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