Dos casos destacaron en los medios en el último par de semanas, ambos vinculados por diferentes aristas a los temas de equidad e igualdad. Me refiero en primera instancia al caso Elba Esther Gordillo, quien después de estar encarcelada por más de cinco años no fue sólo liberada, sino exonerada, debido a que las pruebas presentadas durante los innumerables juicios en su contra no acreditaron su responsabilidad en ninguno de los delitos que se le imputaban.

La maestra fue diputada federal tras veces, senadora en una ocasión por el Partido Revolucionario Institucional, instituto político del que además fue Secretaria General, su más conocida faceta fue la de líder directo o indirecto del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) desde 1989 hasta su aprehensión en 2013, acumulando poder por décadas gracias a la operación que podía hacer a través del sindicato más grande de América Latina el cual cuenta con más de 1,6 millones de afiliados en todo el país.

El ámbito político no es el único campo en el que la maestra es reconocida, ha sido un personaje recurrente en las listas de las personas más corruptas de México, en las listas de los políticos más poderosos y si existiera también estaría en las listas de los profesores más adinerados de México. Fue encarcelada por cargos de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero cargos que fueron desestimados por los jueces debido a la debilidad de las pruebas presentadas, ahora tan controvertido personaje está libre.

El segundo caso es la noticia sobre los trabajadores domésticos, pues de acuerdo con la nota sobre este tipo de empleo de la Organización Internacional del Trabajo, el 80% de los empleados domésticos son mujeres, las cuales en su gran mayoría no cuentan con un salario mínimo legal aplicable a su tipo de actividad,  o en la mayoría de las casos su salario es menor al de otros trabajadores asalariados; no tienen un límite de horas de trabajo por semana o en varios casos sus horas de trabajo exceden las horas de otros trabajadores asalariados; con relación al descanso semanal, el cual es referido como tener al menos al menos 24 horas consecutivas de descanso, los trabajadores domésticos no tienen el derecho legal al descanso semanal o es menor al que otros trabajadores asalariados; finalmente el informe señala la ausencia del derecho legal a la licencia por maternidad y las prestaciones monetarias durante este periodo.

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Las protagonistas de ambas historias son mujeres, en el primer caso una que representa el abuso y la impunidad, dos males que el feminismo ha intentado combatir desde diferentes fronteras, hay ejemplos que dan fe no sólo de lucha, sino de personas que han dejado un legado para otras mujeres y hombres de un trabajo que incluso puede dignificar la política, sobretodo en estos tiempos que tanta falta hace.

El segundo caso tal vez es más terrible pues en la mayoría de los casos las empleadoras del trabajo doméstico son las mismas mujeres, esas que han sufrido inequidad en el trabajo y falta de oportunidades, acceso a los servicios de seguridad, a un empleo por causa de un embarazo, a no estar con sus hijos por miedo a perder el trabajo.

La pregunta incómoda para muchos (incluyéndome) es clara ¿Cómo ejercemos el pequeño liderazgo que tenemos frente a otras mujeres? ¿Somos realmente justas?

 

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