Si algo ha quedado claro en los últimos años respecto del gobierno americano es que el principio de la incertidumbre puede ser exhibido como un arma política y un instrumento muy rentable para la especulación financiera.

Un estilo personal muy ambiguo, contradictorio, insensible y convulsivo llena de pánico a las bolsas de todos los países, pone a temblar a los bancos; genera crisis y afecta sísmicamente a las monedas y el comercio; pero al mismo tiempo provee de argumentos para incidir -sin resistencia- en las mayores decisiones económicas a nivel global.

Un solo tweet del presidente estadounidense puede influir en el destino de millones de personas y de billones de dólares, inversiones, acuerdos y proyectos, eso -nos guste o no- es una moderna expresión de poder absoluto e indiscutible; al interior de los EU eso genera muchos votos.

Si bien la parte critica de los votantes americanos discute, debate y rechaza esas demostraciones altisonantes, despectivas y hasta ególatras; otros segmentos las asimilan como la expresión de la dominación, el liderazgo y la plenipotencia del sueño americano.

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Crear enemigos poderosos e influyentes le provee a Trump la resistencia que los candidatos requieren para darle más visibilidad a sus discursos, es un juego de estrategias donde se mantiene como el epicentro detonador de la contienda política.

Los denostadores de Trump son una caja de resonancia para sus ocurrencias y desplantes; pero en el fondo está orientando sus mensajes para reforzar las emociones del americano promedio, tradicional y conservador. Cada golpe de sus adversarios refuerza la estima y aumenta la lealtad de sus seguidores.

Nadie puede escatimarle sus dotes de actor, los cambios explosivos de humor y una soberbia excelsa, pero eso es el reflejo de la personalidad y del liderazgo al que muchos grupos sociales aspiran en los Estados Unidos.

En tiempos de campaña, es de esperarse que las dosis de estas características irán aumentando, se radicalizarán, endurecerán y explotarán de manera más estridente. Además de la migración, comercio internacional y crimen organizado; muchos otros temas y problemas conjuntos seguirán en la reserva de convulsiones, amenazas y discusiones.

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Sin embargo, cada disputa puede convertirse en una base de apoyo. Una guerra comercial puede ser mostrada como nuevas oportunidades, mas empleo y un mercado interno más sólido. Cada concesión extranjera como un triunfo bilateral y nuevas condiciones como grandes victorias para los americanos.

El proceso electoral es muy prolongado y apenas comienza. Vienen meses de discusiones, debates, muestras de poder, discursos y excesos. Mantener la mesura, el control y no ceder a la especulación será tarea cotidiana.

Podemos esperar de todo, simulaciones, contradicciones, desplantes, buena voluntad, desprecio, cercanía, humor, sátira, amistad, todo mezclado, adaptable a lo que marquen las encuestas. Más aún, con un candidato tan sensible a los reportes estadísticos, todo puede pasar.

En política los juegos de personalidad no están sujetos a la lógica ni a la razón; muy por el contrario, se cimentan en las emociones. El candidato Trump sabe que tiene que incorporar a su persona los valores de la nación americana, el patriotismo, la soberanía, la identidad, cultura, mercado, modelo de éxito, aspiraciones, libertades, ventajas, recursos.

Es decir, el debe asimilar y representar esa tipología nacionalista, conservadora pero americana en esencia. Criticarlo es ir en contra de todos esos valores y sus adversarios -por añadidura- se convertirían en los enemigos de todo lo que los EU representan.

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Sacudir el árbol para que los electores salgan a defender la nación es algo que se hará con frecuencia durante la campaña y eso implica muchos radicalismos, demagogia y enfrentamientos verbales. No importa el costo, la idea es construir una base de apoyo sólida y unida. No es ganar simpatías ni afectos, sino voluntades y votos.

Para los demócratas, el reto es usar la razón estructurada para llevar a los electores a las urnas y construir un nuevo rumbo; uno mas diverso, pluricultural y colaborativo con el mundo. La campaña que viene será acelerada, intensa, exhaustiva y quizá la más decisiva a nivel global.

Hacen falta liderazgos y consensos para una agenda muy intensa que se ha desorganizado y desdibujado en los últimos años. Los graves problemas mundiales requieren de acciones conjuntas, acuerdos, compromisos y visión de largo plazo.

Es imprescindible actuar de forma decidida y renovar la cooperación internacional, asumir un dialogo constructivo, permanente e integrador. Las elecciones americanas determinarán el perfil de los años por venir que se antojan enormemente complejos.

Grandes retos existen en el corto plazo, temas que tienen que ver con la sustentabilidad e incluso la supervivencia del mundo como lo conocemos. Darle viabilidad ecológica, alimentaria, salud, empleo, libertad y dignidad requerirá de enormes esfuerzos.

 

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