En los primeros meses de 2019, a unos pasos de la Garita de San Ysidro (el paso peatonal para el cruce entre México y Estados) habrá vehículos especiales para pacientes estadounidenses que busquen atención médica a un costo hasta 85% menor del otro lado de la frontera.

Un posible destino de estos shuttles de lujo será NewCity Medical Plaza, un conjunto inmobiliario a medio kilómetro de distancia, que contará con 20,000 m² de consultorios, 8,000 de áreas comerciales y 12,000 de hoteles para los acompañantes de los pacientes.

NewCity espera recibir 800,000 pacientes cada año, indica Isaac Abadi, presidente de Grupo Abadi, al que pertenece el centro hospitalario. Se calcula que Baja California recibe hoy 2.4 millones de pacientes anuales para recibir tratamiento, que van desde limpieza dental hasta cirugías complejas como bypass gástrico o reemplazo de aorta.

 

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Adiós, Obamacre

Hay un factor que puede hacer que la llegada de pacientes estadounidenses se triplique: las recién aprobadas modificaciones al programa de salud de Estados Unidos, Medicare, decretadas por Donald Trump.

Conocido coloquialmente como Obamacare, el Patient Protection and Affordable Care Act permitió, en 2010, con una reforma al sistema de salud impulsada por el entonces presidente Barack Obama, que más de 50 millones de personas de bajos ingresos tuvieran acceso a los servicios mediante la cobertura Medicare y los centros de salud Medicaid.

Medicare es un seguro médico de bajo costo que cubre padecimientos en distintas dimensiones: la primera abarca hospitalizaciones, estadía en centros de enfermería especializada, cuidados de hospicio y algunos servicios de asistencia a domicilio; la segunda contempla cuidados ambulatorios, suministros médicos y servicios de prevención; la tercera son servicios provistos por compañías privadas que tienen un contrato con Medicare con primas y pagos deducibles bajos en hospitales también afiliados; y la cuarta es una cobertura que incluye los medicamentos recetados.

El programa ha existido por más de 50 años. Medicare cubre a personas con 65 años o más, jóvenes con discapacidades y personas con padecimientos crónicos como cáncer o enfermedades renales en etapa terminal.

Durante el gobierno de Obama, el Medicare incrementó los beneficios de la salud pública al ampliar la cobertura y permitir que se inscribieran más adultos de bajos ingresos, y subsidió pólizas médicas privadas mediante el esquema HealthCare.gov, que ayuda a pagar deducibles.

Para fondear el programa se creó una cláusula de obligatoriedad: los beneficiarios deben contar con una cobertura de salud contratada voluntariamente, o bien, pagar el equivalente a 2.5% de sus ingresos a partir de cierto nivel salarial.

La cobertura ha sido un éxito, pero el costo para el gobierno es de 120,000 millones de dólares (mdd); así que, desde que tomó posesión en 2017, Trump ha buscado eliminarla.

Dado que los no interesados en una cobertura de salud pagan desde 695 dólares cada mes como impuesto de manera individual y por cada uno de sus dependientes económicos, con un tope máximo de 2,085 dólares al mes, la reforma fiscal de Trump eliminará estas sanciones en 2019, lo que se espera desincentive el registro al Medicare.

Esto se traduciría en un potencial de 60 millones de pacientes sin seguro médico, que podrían venir a México a recibir atención.

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“Hemos pensado que 20% de los estadounidenses que se quedarían sin seguro tendrían que buscar alternativas, y nosotros somos la mejor”, dice Abadi.

El “efecto Trump” ya ha impactado el flujo de pacientes a México, sobre todo de los que vienen de los estados del sur. Se calcula que 80% de los pacientes provienen del sur de California, 10% de Arizona y Nevada y 10% de Canadá.

Según el sistema Simnsa, aseguradora que permite que ciudadanos mexicanos y estadounidenses pueden registrarse en Estados Unidos para ser atendidos en México), en 2017 hubo un aumento de 12% en el turismo médico en Baja California, algo que está relacionado con la intención de Trump de terminar con el Obamacare, dice Carolina Chávez, directora de asuntos binacionales de Simnsa.

 

Anfitriones

En el país hay 15 clusters médicos en nueve estados, según el Consejo de Promoción Turística (CPTM). En total, en el país hay 96 hospitales certificados ante el Consejo de Salubridad General (CSG) y nueve acreditados por la Joint Commision International (de 500 certificados en el mundo).

Los principales estados receptores son: Baja California, Baja California Sur, Chihuahua, Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León, Puebla, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sonora, Tamaulipas y Yucatán, según Deloitte.

En 2017, el turismo médico generó en México una derrama de 6,000 mdd, según Euromonitor. Los principales grupos médicos que concentran estos ingresos son el sistema de salud Christus Muguerza, Grupo Ángeles, CIMA, Galenia, Puerta de Hierro, San Javier, Tec Salud y ABC, entre otros. Y a su alrededor hay más de 230,000 negocios, entre laboratorios, transportistas, hoteles, operadores turísticos.

“El crecimiento exponencial en los últimos años se debe a cuatro causas: la calidad de los servicios médicos privados, el tipo de cambio y el buen precio de los tratamientos… y los atractivos turísticos del país”, señala Carlos Pantoja, experto en bienes raíces de Deloitte.

México también está convertido en el principal destino wellness (servicios de relajación, spas, yoga, tratamientos de belleza) en América Latina, según Deloitte, con un mercado valuado en 10,500 mdd.

Acotar el sistema de salud de Estados Unidos impulsará la prestación de servicios en México. “Un sistema excluyente y caro en Estados Unidos siempre será una ventaja”, dice Ricardo Díaz, de infraestructura logística y turismo de ProMéxico. “Que Trump tome medidas para eliminar el Obamacare hará que el potencial de mercado [en México] sea más amplio”.

El turismo médico puede detonar también la Inversión Extranjera Directa (IED) con la construcción de nuevos hospitales, dice Díaz.

Pero la reforma al Obamacare también traerá exigencias. Un reto será hacer que más pacientes estadounidenses se traten aquí, con la seguridad de que sus aseguradoras les responderán, anticipa Díaz. “Si logramos que más hospitales tengan certificaciones internacionales, también atraeremos a quienes cuentan con una cobertura de seguro completa, pues sus aseguradoras podrían cubrir los tratamientos en México”, añade.

Faltan también estadísticas certeras. Los números de Baja California no concuerdan con los de ProMéxico, que contabiliza el arribo al país de 1.2 millones de viajeros considerados pacientes, la mitad que lo que el estado de Baja California dice recibir por sí solo.

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Baja California establece dos categorías de pacientes: el excursionista, que viene por un día a tratamientos sencillos; y el turista, que se queda por varios días para cirugías, injertos capilares, etcétera.

 

Una historia sui géneris

Hay otro obstáculo mayor para que México sea el gran destino del turismo médico: la inseguridad. En enero, Estados Unidos colocó al país en un nivel 2 de seguridad para los viajeros. Eso significa que el Departamento de Estado alerta a sus ciudadanos sobre áreas geográficas específicas donde el riesgo para su seguridad es mayor (el nivel 1 hace referencia a destinos que requieren precauciones normales; el 3, a riesgos serios para los turistas; y el 4 es una alerta para no viajar a un lugar).

Como país, México fue puesto en nivel 2, pero hay cinco estados: Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas, que fueron puestos en alerta máxima o nivel 4; y 11 (Chihuahua, Coahuila, Durango, Estado de México, Jalisco, Morelos, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Zacatecas) en el nivel 3.

 

Sin embargo, se mueve

Pese a todo, el turismo no se detiene ni el interés de estadounidenses por pasar su retiro en zonas turísticas de México. El doctor Sam Najmabadi, un especialista en fertilidad conocido entre la comunidad de Hollywood por lograr embarazos en mujeres en edad avanzada, lo sabe.

Enamorado de las playas de la Riviera Nayarita, el doctor Sam decidió edificar en Punta Mita un hospital para atender emergencias, practicar cirugías programadas e, incluso, tratamientos de fertilidad. “En Punta Mita puedes encontrar equipamiento que no tienen muchos de los hospitales de alta categoría en la Ciudad de México”, afirma. “Incluso podemos realizar tratamientos de fertilidad que aumentan la posibilidad de concebir de 3% a 25%, en mujeres mayores de 39 años, por un precio 50% menor y en un lugar de ensueño”.

Según el doctor Najmabadi, su hospital Punta Mita no tiene como fin hacer dinero, sino aportar en la mejora de la comunidad a través de una oferta de salud que sea accesible y tenga altos estándares. “Mucha gente cree que estoy loco: tengo un equipo de urgencias 24/7 y pierdo dinero todo el tiempo, hay una tarifa muy baja por noche para las personas que llegan graves y no pueden pagar, [pero] no se trata tener un negocio boyante, sino de ayudar y mejorar el lugar en el que yo mismo quiero vivir”.

Para Najmabadi, es innegable el potencial de México como destino de turismo médico, pero advierte sobre los serios problemas en el país en cuanto a prácticas médicas no éticas en los servicios privados.

“Todavía quedan por corregir prácticas relacionadas con la ética de los hospitales y los propios doctores; hay muchas historias de tratamientos que costaron más de lo que debían porque se hicieron pruebas innecesarias o porque el doctor tiene tarifas distintas según el paciente”, señala.

En 2017, la Comisión Nacional de Arbitraje Médico recibió 2,959 quejas de pacientes de hospitales y consultorios privados por prácticas tales como desinformación sobre los tratamientos recibidos, tratamientos inadecuados, exigencias de pago anticipado e, incluso, 26 quejas por cirugías innecesarias.

“Si México quiere brillar como destino médico, tiene que pasar por un perfeccionamiento en la calidad de los servicios, no sólo de las instalaciones”, advierte Najmabadi.

En otras palabras, México tiene que curar sus propios padecimientos, si quiere acceder a los máximos beneficios de estar cerca de un sistema de salud inmenso, pero excluyente.

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