Por Luis Javier Álvarez Alfeirán*

Decía Mahatma Gandhi que “el dinero no es un mal en sí mismo sino su mal uso” y vale la pena reflexionar en esto porque podemos perder muchas veces la perspectiva de esta realidad en medio de las tormentas políticas y económicas que terminan siendo muchas veces meras tolvaneras. Es indudable que la vida moderna requiere de recursos económicos para poder desarrollarse adecuadamente y progresar, recursos que deben generarse y éstos se adquieren de acuerdo con el valor que en sí mismos poseen en primer lugar, y en segundo al que el mercado les otorga, allí está la clave y la industria del turismo y la gastronomía nos ofrecen numerosos ejemplos.

Es muy común, por ejemplo, escuchar opiniones sobre si un restaurante es caro sólo porque se paga una cuenta que resulta ser por una cantidad importante de dinero, pero ¿es en realidad ese el juicio que debe prevalecer?, ¿dónde queda la calidad de lo consumido y por lo cual se debe de pagar? Podemos hablar de un restaurante costoso si en su oferta gastronómica contiene productos que por su naturaleza sean complejos (pensemos por ejemplo en los percebes, un marisco que de adhiere a las rocas donde las olas golpean con fuerza y quienes lo extraen se juegan literalmente la vida en cada jornada) o aquellos que utilizan técnicas de preparación elaboradas y que requieren de largas horas de trabajo e investigación logrando presentar en cada plato verdaderas obras de arte. Seguramente hablaremos de un restaurante costoso, pero no de uno caro. Cara puede ser la torta de la escuela en la que uno puede ver a través del jamón, aunque la cantidad de dinero que paguemos no sea tan significativa.

El cocinero Andoni Luis Anduriz, cuyo restaurante Mugaritz lleva más de diez años entre los mejores del mundo, afirma que: “comemos cultura, saboreamos leyes, ingerimos propósitos, bebemos artesanía y paladeamos razonamientos que, además, nos hacen sentirnos vivos. ¿Con qué sentido nos acercamos a la comida? ¿Son los adecuados? ¿Qué condiciona su utilización?”. Queremos decir con esto que la cocina es, por tanto, un encuentro con la realidad de la persona y todo lo que ella representa; sus valores, cultura, tradiciones, etcétera, y no solamente el disfrute pasajero de los alimentos.

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Darle valor a la persona y a su inherente dignidad significa valorar también el valor de su trabajo. La artesanía indígena, tan apreciada en el exterior por su complejidad y perfección es otro gran ejemplo. Vemos piezas de arte huichol que hoy día se cotizan en miles de pesos y, aun así, no faltan sus críticos; quizás porque nos hemos acostumbrado a tenerlos demasiado cerca. El valor de estas piezas no está en los materiales utilizados sino en la creación de cada una de las piezas, en la originalidad creativa, es decir; en la aportación de la persona misma.

Los destinos turísticos diferencian su valor de acuerdo con sus cualidades individuales. Cancún, la joya del turismo en México se distingue por sus aguas color turquesa, sus playas de arena blanca, la cercanía con zonas arqueológicas, etcétera, lo que lo vuelve un destino poco común en el mundo y por lo tanto le da un valor distinto a otros por muy similares que éstos sean. Su riqueza proviene de sí mismo y el mercado así lo considera y por lo tanto está dispuesto a pagar por ello, pero esa valoración debe ser soportada también con infraestructura, servicios, imagen urbana y otros elementos que la propia modernidad exige y que debe ir de acuerdo con la calidad que el propio destino tiene.

Si en el México prehispánico se hubiera valorado únicamente el costo económico, quizás no veríamos hoy la majestuosidad de Chichen Itzá, Uxmal, Teotihuacán, Palenque por mencionar sólo algunas de tantas otras zonas arqueológicas de las cuales nos sentimos tan orgullosos.

México es un país que vale en sí mismo y así es reconocido internacionalmente, es importante respetarlo y darle también el valor económico que merece, para ello es importante seguir invirtiendo en infraestructura, imagen, eventos deportivos y culturales, servicios y educación que atraigan la mirada de connacionales y extranjeros. Invertir no es gastar, lo que resulta costoso no necesariamente es caro si se toma en cuenta las inmensas posibilidades que aporta a una sociedad y el orgullo que le produce saberse valiosa.

*Director de Le Cordon Bleu Anáhuac.

 

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