En las zonas conurbadas de las grandes ciudades se están definiendo los patrones culturales, económicos y políticos de hoy y mañana. Echemos juntos un vistazo a la ciudad arrecife.

 

 

El desarrollo urbano no sólo trata de asuntos económicos; también considera cuestiones éticas. A fin de cuentas, el urbanismo siempre se encuentra entre cómo debemos vivir y cómo podemos vivir.

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“La ciudad arrecife”, extensas periferias alrededor de las zonas conurbadas, muchas veces en continuo proceso de autoconstrucción, son un tema estratégico para el país. Allí se están definiendo los patrones culturales, económicos y políticos que serán actualidad. Aunque muchas veces están percibidos como vastos laberintos de concreto gris, cinturones de miseria, ciudades perdidas, creo que las dinámicas en estas periferias son mucho más determinantes para el futuro del país que las modas efímeras de las zonas más céntricas y acaudaladas.

Esta tesis suena absurda vista desde el centro, donde la periferia a veces es percibida casi como un insulto personal. Muchos mexicanos añoran la Ciudad de México de Frida y Diego, y sienten que la región más transparente de Alfonso Reyes fue asesinada por Ciudad Nezahualcóyotl y Ecatepec. Iztapalapa, una delegación enorme con dos millones de habitantes, con frecuencia es vista como zona de mala muerte generalizada.

En el mejor de los casos, estas zonas y sus habitantes son discutidos meramente como problemas urbanísticos y sociales. Sin embargo, creo que desentenderse y estigmatizar estas zonas es el peor error de largo plazo que puede cometer la sociedad mexicana.

Es más factible cambiar una política económica que cambiar miles de kilómetros cuadrados de construcción. También lo es interceder en una cultura en transformación que en una ya arraigada.

Más allá de edificios e infraestructura, es en las periferias que el México profundo rural se está transformado, generación por generación, en el México profundo urbano.

Muchas cosas están pasando casi inadvertidas en la periferia que serán importantes para el México de 2050. Hay un enorme dinamismo religioso en estas zonas donde los mormones, las distintas denominaciones de cristianos, la Santa Muerte y los santeros se pelean a los fieles.

Parte de la misma búsqueda de un nueva identidad cultural urbana se ve reflejada en el consumismo aspiracional, en que los habitantes de la periferia quieren ser parte de la modernidad global con todo lo que implica.

Al mismo tiempo, el alto grado de organización social y político en las colonias informales, que según la investigadora Patricia Connolly de la UNAM, comprenden 60% de la vivienda en México, implican que éstos tienen un peso importante en la operación política del país, no sólo en las elecciones, sino también en la manera de operar de los partidos.

Las migraciones a las ciudades mexicanas de los años veinte del siglo pasado detonaron los cabarets y salones de baile de la época de oro mexicana, cuando los migrantes del campo buscaban construir una nueva identidad de ciudadano urbano. Ahora los jóvenes indígenas de la periferia se visten de punks, mientras sus papás caminan por centros comerciales buscando camuflarse con una nueva identidad de marca. Un peso invertido en cultura y educación en la periferia tiene el mismo impacto que 100 por la Alameda.

Soy filósofo de carrera universitaria y periodista de oficio. He vivido mi vida en terceras partes entre Holanda, Estados Unidos y México. En 2009 caminé por toda la orilla de la Zona Conurbada del Valle de México, donde la mancha urbana termina y donde empieza la ciudad, un ejercicio de caminar continuamente por 51 días. Desde entonces he seguido escribiendo e investigando el tema del crecimiento urbano.

La periferia urbana no es un problema, más bien es un fenómeno que se puede desarrollar en muchas formas para bien o para mal. Es tiempo de entender la ciudad arrecife y a los pioneros que la construyen.

De eso tratará este blog que hoy inicia en Forbes México. Los invito a leer y comentar.

 

 

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