Después de un proceso largo y arduo de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) -que todavía no concluye- se empieza a ver ya la luz al final del túnel y todo se acelera. Este proceso se ha caracterizado por tener elementos atípicos en la negociación que tienen que ver mucho con el estilo disruptivo de Trump que rompe con las formas tradicionales de negociaciones comerciales entre gobiernos. Descifrar qué es sustancia y que es táctica de negociación no ha sido fácil para el experimentado equipo negociador mexicano -uno de los más preparados del mundo- como tampoco lo ha sido fácil para los servicios diplomáticos de varios países ya sean socios, aliados o antagonistas del gobierno de los Estados Unidos. Nos tocó ser el primer país en lidiar con este nuevo estilo del gobierno de los Estados Unidos, así como también -en su momento- nos tocó ser el primer país en desarrollo en firmar un TLCAN con países desarrollados.

Al mismo tiempo en medio de la incertidumbre que suponía la eventual cancelación del TLCAN y el simbolismo que eso implicaba para la relación bilateral, lo que hemos aprendido es que no sólo había aliados y simpatizantes del tratado en México sino también en los Estados Unidos. Esta ha sido quizá una de las grandes lecciones para todos, saber que un tratado que ha beneficiado a los tres países y ha traído competitividad a la región de América del Norte en un mundo global es imprescindible para un futuro próspero. Y que finalmente las cosas caen por su propio peso y que el compromiso, así como el tomar una posición por el TLCAN es algo que nos trasciende como país y como mexicanos.

La importancia del TLCAN en el marco de la relación bilateral -imposible de separar en forma práctica- tuvo un peso muy importante al traer a la luz la relevancia de la cooperación en temas de seguridad, militar y migración, en la que exjefes del Comando Sur y del Comando Norte de Estados Unidos pidieron fortalecer el tratado por razones comerciales y de seguridad nacional. Al mismo tiempo, la guerra de aranceles desatada por el acero entre Estados Unidos y China apunta a que en temas comerciales pareciera que existe el reconocimiento tácito que el déficit preocupante desde la visión del comercio como “juego de suma cero” es con el país asiático y que el TLCAN es en realidad una herramienta de competitividad para el vecino del norte y para la región. Otra lección importante para los tres países ha sido que el dejar de hablar de los beneficios del TLCAN para “no hacer olas” y no activar las conversaciones anti-TLCAN resultó ser bastante nocivo pues fomentó el desconocimiento de lo que el tratado implicaba y cómo beneficiaba localmente tanto a productores y consumidores de ambos lados de la frontera. En una frase, faltó vender al camello.

Una de las grandes disyuntivas entre los equipos negociadores fue establecer una visión de la renegociación. Una verdadera modernización del TLCAN después de 23 años de operación de acuerdo con las condiciones actuales del mundo global, o un viraje hacia un tratado que daba pie a un comercio administrado. La respuesta y la posición que tomó el gobierno de México fue muy clara: modernización de TLCAN, pero no comercio administrado. En el peor de los casos era preferible una salida hacia las condiciones pactadas en la Organización Mundial de Comercio (OMC), que cualquier esquema de comercio administrado.

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El proceso ha tenido tres grandes niveles o pistas de renegociación. El primer nivel ha sido más técnico asociado a lo que las diferentes industrias quieren cambiar, ajustar y ampliar después de 23 años. Si bien no ha sido fácil, sí es un proceso en el que la negociación ha sido importante y en el que existía cierta claridad y objetivos de todas las partes. Un segundo nivel ha tenido que ver con el tema de las reglas de origen en la industria automotriz y la reducción del déficit. Un tema extremadamente espinoso por la presión de los Estados Unidos en cuanto a la elevación del contenido regional y su visión del comercio como juego de suma cero. En este sentido, los Estados Unidos han flexibilizado su postura en este tema y una nueva propuesta mexicana de reglas de origen en la que se trabaja con la industria automotriz que sí eleve el contenido regional -no estadounidense- se espera que facilite avanzar en la solución de este escollo. Y, por último, un tercer nivel -quizá el más complejo- que tiene que ver con encontrar una salida política a las promesas de campaña respecto a la renegociación de TLCAN y que es al que finalmente se le está encontrando una salida adecuada que tiene una cierta retórica que, puede gustarnos o no pero que permitirá dar viabilidad política a un tratado modernizado. El tema de la construcción del muro, la no cooperación de México y después el reconocimiento de la cooperación de México en temas migratorios empiezan a configurar ya una salida. En este sentido, el polémico apoyo de la guardia nacional de los Estados Unidos en las actividades de la patrulla fronteriza -aunque sin el uso de armas- es la cereza del pastel para hacer eco de que se cumple con las promesas de campaña de apretar a México.

Esto hace vendible y viable hacia el interior de la base electoral del presidente Trump un TLCAN, aunque será más una modernización que una renegociación, realizando ajustes en aquellos temas en los que las industrias de los tres países quieren hacerlos e incluyendo algunos temas que se quedaron cortos como fue el comercio electrónico porque en su época no existían. Los tiempos políticos en los tres países apremian y es fundamental cerrar la negociación antes de elecciones presidenciales y legislativas en México, provinciales en Canadá y legislativas en los Estados Unidos. La administración Trump también busca mantener el control del Senado y para esto es clave mantener el TLCAN.

Todo esto apunta a que tendremos en las próximas semanas el anuncio inminente de un preacuerdo -que no aprobación porque implica a los legislativos de los tres países- en la modernización del TLCAN. Un anuncio de preacuerdo servirá como estandarte y punto de unión del presidente Trump con América Latina en la próxima reunión de la Cumbre de las Américas. Recordemos que, para nuestro vecino del norte, México siempre ha sido visto como un interlocutor de los Estados Unidos para la región y no puede llegar a esa cita el presidente Trump con las manos vacías.

Finalmente, uno de los grandes aprendizajes para nuestro país en este proceso será haber trabajado en forma estructurada, haber confiado y también haber tenido paciencia en defender lo que es importante sabiendo que existen aliados de México en todo el mundo. La importancia de nuestro país por geopolítica, importancia e interlocución nos muestran nuestro peso a nivel global. A veces la retórica y las formas no nos gustan -sobre todo cuando no son las que uno comparte ni controla- pero los intereses nacionales hay que defenderlos siempre y hacerlo con inteligencia. Un preacuerdo de modernización para tan pronto como la próxima semana es lo que nos espera. Y siempre hay que usar el viento a favor.

 

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