A seis semanas del inicio de la administración Trump las aguas empiezan paulatinamente a tomar su nivel respecto a la relación con México.

Desde el fortalecimiento de la campaña de Trump, a partir de su triunfo, así como en los días inmediatamente posteriores a su toma de posesión, los mercados financieros internacionales habían anticipado tiempos negros para México. En cierta forma descontaron que venían momentos difíciles que resultaron en una fuerte depreciación del peso mexicano. Y las razones eran bastante obvias; el muro y su pago, las deportaciones de indocumentados y, particularmente, la amenaza de renegociar el TLCAN de forma tal que beneficiase a EU bajo el argumento de comercio justo y a partir de la visión de que el tratado sólo había beneficiado a México.

Muchos de estos argumentos se escucharon durante la campaña y fueron particularmente estridentes cuando se hicieron populares al ser difundidos en Twitter. Más aún, el escarceo respecto a la visita y, finalmente, la cancelación de la entrevista entre Trump y Peña Nieto, crisparon todavía más los ánimos de los inversionistas frente a un escenario de no acuerdo. Así, la paridad cambiaria se ha convertido en el mejor termómetro del sentir respecto al tema de la relación bilateral.

Sin embargo, en los últimos días —particularmente en las últimas dos semanas—  hemos observado una tendencia de apreciación del peso que ha sorprendido a muchos analistas dentro y fuera de nuestro país. Apenas la semana pasada el Secretario de Comercio de EU habló por primera vez en forma un poco más concreta sobre la posibilidad de una “renegociación sensata” del TLCAN y de la posibilidad que como resultado de eso que el peso se fortalezca más. Y justo, el peso se fortaleció todavía más.

Si bien es cierto que en última instancia el tipo de cambio está determinado por los fundamentos de la economía y, más coyunturalmente, por el ciclo inverso de la política monetaria de EU, es claro que el efecto Trump existe y que definitivamente tiene un impacto en su cotización.

La pregunta interesante en este caso es ¿qué es lo que está haciendo que el peso mexicano muestre resiliencia ante el embate de Trump sobre México? Sin duda son varios factores que están jugando a favor del peso mexicano y en forma general estamos empezando a ver que el tiempo es uno de esos factores. Como dicen por allí, hay que saber hacer amistad con el tiempo. El tiempo es nuestro amigo y a veces el enemigo. Entre los factores podemos distinguir:

  1. No se gobierna por mandato. Los tuits no son decreto y cualquier idea u opinión de Trump antes de convertirse en Ley o política requiere pasar por varios filtros entre los que se destacan el Poder Legislativo, el Poder Judicial, los grupos de cabildeo, los intereses de las grandes empresas, la oposición de los partidos, la misma oposición dentro del Partido Republicano, los medios y, en general, incluso la opinión de los ciudadanos y consumidores.
  2. Desgaste del capital político. Los escándalos que han surgido en torno a Rusia y miembros de la administración Trump, la polémica con los medios y la poca sustancia respecto a los “cómos” de muchas de las iniciativas resultan irremediablemente en una degaste de la popularidad -como se ha visto en las principales encuestas de opinión- y de su capital político. Todo esto reduce la ventana de oportunidad de llevar a cabo la aprobación y/o implementación de iniciativas altamente controversiales.
  3. Evaluación profesional de alternativas y propuestas. Entre más se estudian algunas ideas, propuestas y proyectos de Ley, es cada vez más caro que se conoce y se aprende de muchas de las restricciones, ventajas y desventajas de la situación actual y del porqué de las mismas. Esto sirve para tamizar y acotar algunos proyectos que, para que tengan funcionalidad, probablemente tendrán que ser modificados sustancialmente en su forma y diseño. Igualmente, los costos y riesgos se vuelven más claros y son comprendidos de mejor manera.
  4. Proceso largo de renegociación de TLCAN. El proceso de negociación requiere informar al Congreso de EU con 90 días de anticipación sobre el inicio de las negociaciones, además de publicarse en la gaceta oficial de ese país. Esto quiere decir que, en el mejor de los casos, el proceso de renegociación empezaría justo durante el verano, y a eso debe sumarse el tiempo que tome la negociación. Se hace entonces extremadamente difícil que tengamos el resultado de una renegociación en este 2017.
  5. Menor probabilidad de una renegociación unilateral. Entre más pasa el tiempo se empieza a ver que la probabilidad de ver medidas unilaterales por parte de EU en el proceso de renegociación son menos probables. Existen varios filtros y posiciones firmes de los gobiernos de México y Canadá que hacen menos probable un escenario así. O al menos pareciera que cualquier medida que tomen ya no será directamente contra México, sino que afectaría a otros países como es el caso de un impuesto de ajuste fronterizo o una ruptura con la Organización Mundial de Comercio.
  6. Posición del gobierno de México. La actual administración ha sido cada vez más firme y ha estado poniendo los límites sobre lo que sí y lo que no estaría en discusión en una nueva relación bilateral con EU. Hoy parece más claro que sus posiciones y eventuales medidas de contraataque son cada vez más definidas, por ejemplo, como un eventual abandono del TLCAN. Hechos como la misma cancelación del encuentro Peña Nieto-Trump, los mensajes contradictorios entre sus secretarios y el presidente de EU, así como la posición de Canadá sobre solo negociar trilateralmente el tratado, han fortalecido nuestra posición. Poner en la mesa de negociación a la relación bilateral -no sólo al TLCAN- sino inclusive aspectos como la migración, la seguridad, inteligencia y combate al narcotráfico, manda un mensaje muy claro de la posición de nuestro país.

Así que el balance de estas primeras seis semanas resulta bastante positivo tanto para el peso, como para las expectativas de lo que pueda venir. La moraleja del momento puede ser que es importante mantener la calma y saber que los “tuitazos” y otros mensajes mediáticos pueden afectar la paridad cambiaria -además por supuesto de los factores estructurales y los fundamentos de la economía-. La gran pregunta es ¿qué sigue? y lo cierto es que lo que podemos decir es que seguirá la incertidumbre. La mejor manera de enfrentar esto es prepararnos como país frente a los escenarios más probables y construir el largo plazo. Es fundamental contar con un Plan B para hacer frente a cualquier eventualidad y esto implica no sólo diseñar el plan sino asegurar la compra del mismo por parte de la gente, distinto a una imposición distante. Y la forma de hacerlo es involucrando en su diseño a más y más diversos sectores de la sociedad mexicana. Encontrar una forma articulada de involucrar a la sociedad mexicana, a la comunidad internacional y a nuestros aliados en la exploración de opciones es una manera de prepararnos mejor. Lograr la participación del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo y el Poder Judicial, las organizaciones empresariales, la academia, así como miembros de la sociedad civil es la mejor manera de mantener al país listo para enfrentar lo que sea.

Nos tocó a nosotros los mexicanos ser los primeros en lidiar directamente con la administración Trump. El destino nos puso como el primer objetivo de Trump en el mundo y todos nos miran para formarse una opinión. Ante este corte de caja, ha quedado muy claro que la sociedad mexicana quiere enfrentar este reto en la relación bilateral con honor y valentía, y encararlo de una forma digna que muestre los valores que nos definen como mexicanos y por los que estamos comprometidos.

 

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