En tan solo cinco meses el país irá a las urnas. Los ciudadanos harán ahí un balance de estos últimos cinco años y de lo que quieren para el porvenir.

En 10 meses, el 1 de octubre, López Obrador dejará el poder, entregando la banda presidencial a quien haya resultado vencedora de la contienda.

Solo hay dos opciones: Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez; la constelación que busca la continuidad de la 4T y la alianza que pretende un cambio de rumbo.

López Obrador tiene una alta popularidad, pero su gobierno no. ¿Cómo influirá esto en el tablero de la contienda? Lo iremos sabiendo en la medida en que las aspirantes puedan hacer propuestas concretas en los siguientes meses.

Más allá de las percepciones actuales, generadas por una estrategia de comunicación asertiva del equipo de Sheinbaum, y acompañada de diversas encuestas, algunas serias y otras no, lo cierto es que las posibilidades se encuentran abiertas y no se puede descartar un escenario de triunfo opositor.

El Frente Amplio, que ahora se llama Fuerza y Corazón por México, tiene en Gálvez a una muy buena candidata. En la medida en que hagan una campaña disruptiva, alejada de la solemnidad, las oportunidades irán en aumento.

Por ejemplo, el despliegue de drones, en varias ciudades, para colocar en el cielo nocturno la frase “feliz fin de AMLO” fue una idea muy buena, porque jala la atención y obliga a los medios de comunicación a realizar las consignaciones respectivas, inclusive si sus enfoques son críticos o enfatizan las denuncias que ya prepara Morena al respecto.

En 2010, para las elecciones presidenciales en Colombia, Antanas Mockus, quien había sido alcalde de Bogotá, demostró que se pueden hacer las cosas con pocos recursos, cuando se apela a la sociedad y se le involucra.

No le ganó a Juan Manuel Santos, porque no puedo resolver el trabajo territorial, pero sí se metió de lleno en la contienda.

En esto hay algunas enseñanzas. “La ola verde” fue el brazo de Mockus en las redes sociales, como en nuestro país es “La ola rosa”, que evidentemente dan otro lustre a disputas que suelen ser tediosas y por ello favorecen a quien tiene el poder.

Pero Gálvez, a diferencia de Mockus, sí cuenta con capacidad en tierra, porque está se la proporcionan los partidos que la respaldan y en particular el PRI y el PAN.

Aunado a ello, hay dos temas fundamentales. La democracia y la seguridad. La primera está en riesgo y en la segunda solo se ha profundizado la crisis.

Gálvez es portadora de una larga tradición reformista, ya entre las agrupaciones que la postulan se pactó y construyó nuestro sistema democrático.

Las elecciones son libres, los votos se cuentan y las alternancias se han dado sin violencia, precisamente por un cúmulo de cambios que tuvieron su arranque en los años setenta y que ahora claramente están en riesgo.

En el plano de la seguridad pública, también hay tela de dónde cortar. En el equipo de la candidata trabajan quienes en el pasado dieron resultados en estas tareas: Santiago Creel y Rubén Moreira. El periodo presidencial de Vicente Fox sí se logró una reducción de la violencia y en Coahuila, la estrategia que se implementó, cuando el ahora líder del PRI en San Lázaro era gobernador, permitió construir paz en la región Lagunera y la zona fronteriza con Estados Unidos.

El reto, sin embargo, está en cómo comunicar lo anterior y convencer a los ciudadanos de que sí hay de otra, que no se tienen que resignar al deterioro y a la pérdida de libertades que genera el crimen organizado cuando se empodera.

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