Nuestros antepasados nos dejaron un legado de resistencia y temor a las leyes. Es muy común ver que personas entre 30 y 60 años opinan que las leyes son muy difíciles de entender y aún más de respetar, dicen que generan más problemas que soluciones y que además dan lugar a la burocracia y a multas por no cumplir.

En cambio, los antepasados de nuestros antepasados, después de ver el impacto negativo que tenía el que cada quién fuera por la vida haciendo lo que le viniera en gana, encontraron un enorme valor en las leyes, pues les permitieron ponerse de acuerdo y convivir mejor. De este modo lograron evolucionar como sociedad.

En ese orden de ideas, asumo que es tiempo de crear leyes que sean prácticas y útiles, leyes que minimicen las externalidades estudiadas por los economistas. La Ley de Tecnología Financiera –Ley Fintech– me parece que lo está logrando.

En la creación de esta ley se tuvo una nutrida participación. Estuvieron por un lado los letrados y eruditos de los marcos normativos. Por otro lado, se tuvo a los “cowboys” o aventados, que sin mayor arma que su intuición aportaron ideas muy singulares y con óptica diferente. Más allá estaban “los grillos”, que les gusta el rollo de ver a los miembros del congreso y senado seducir y dejarse seducir por la política. También participaron los empresarios, emprendedores y soñadores de una mejor industria de servicios financieros. A su lado estuvieron los inversionistas, cuidando su inversión y al mismo tiempo vigilando que este ejercicio permitiera el buen funcionamiento de los negocios en los que invierten.

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En fin, hubo de todo un poco, y el resultado hasta el momento es un documento con idas y venidas, tachaduras, enmendaduras y comentarios de todo tipo. Va por muy buen camino y estoy muy positivo en que este es un enorme paso para ver una mayor disrupción en la industria de servicios financieros.

No voy a aburrirlos con una transcripción de la ley, ni trataré de traducir el lenguaje legaloide que pocos entienden y a muchos nos duerme. Me enfocaré en lo que me pareció más relevante y que supongo te puede aportar información para que tú lector formes tu propia opinión:

De ahora en adelante las “startups” involucradas en FinTech (Finance & Technology) serán llamadas ITF = Institución de Tecnología Financiera (¡muy sugerente el nombre!). La Ley Fintech justamente pone en orden las actividades que pueden realizar estas empresas, qué permisos o licencias necesitan para hacerlo, y qué capital (¡show me the money!) deben presentar ante la autoridad para hacer esto o aquello.

La autoridad (el Sheriff) es la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). El Sheriff tiene una chamba muy complicada, pues ahora deberá tomar la ley y ponerle nombre al niño, es decir, meterse al detalle, y como saben ahí está el diablo.

Hay artículos de la ley que hablan sobre las “super sexy hot mama criptomonedas cryptocurrency o activo digital, sin embargo, estos artículos no detallan cuánto dinero se puede almacenar en un “wallet”, o bien, si se almacena ese activo digital, cuánto capital debería ostentar el “exchanger” asumiendo que el guardar ese activo digital fuera “captación” (uhhhhh Mufasaaaa). Otro día hablaré sobre porque la “captación” es tan vigilada, limitada y regulada por el sheriff (btw lo hacen bien, es su chamba).

Otro punto relevante de la ley: autoriza a bancos e ITF a compartir sus APIs (Aplicaciones e Interfases Tecnológicas). Esto no se ve tan claro o relevante cuando lo lees así nomás, pero déjame trasladar esta idea a lo que representa un “iPhone” para los que desarrollan apps. Un ejemplo claro es lo que hoy estamos desarrollando en Resuelve.mx: una solución -“bank as a service”- que consiste en ser el “iPhone” de las Fintech. (¿WTF?)

No te rindas, dame dos párrafos más

Así como el iPhone se vuelve una plataforma para que millones de programadores y emprendedores hagan apps, el usuario las baje, las use y pague por ese uso, nosotros ofreceremos soluciones de captación para los productos que los miles de emprendedores están generando en torno a los servicios financieros.

Es decir, si eres un exchanger (casa de cambio) de criptomonedas (bitcoin, ether, ripple…) y tienes clientes que transfieren pesos mexicanos a su cuenta en tu exchanger para posteriormente cambiarlo a bitcoins, pero el cambio de pesos a bitcoins se hace en múltiples días (es decir, dejas saldo en pesos a “dormir o hibernar”), eventualmente necesitarás una licencia de captación. Conseguir esa licencia te puede tomar cuatro años y mucha lana.

Así como el desarrollador de apps usa App Store o Play Store, en lugar de desarrollar su propio iPhone y tienda de apps para que un usuario baje exclusivamente su app, el exchanger podrá contratar el servicio de banco y así trasladar la captación que circunstancialmente está realizando a nuestro servicio de bank as a service.

Este servicio ofrece total apertura al “Fintechero” para crear y diseñar su “vehículo de ahorro” de acuerdo con las necesidades que tenga su servicio “core”, en el ejemplo del exchanger es la compra/venta de activos digitales (criptomonedas). El exchanger podrá definir si su producto de ahorro ofrece una tasa de rendimiento o no; si el plazo es por hora, día, semana, mes; si hay comisiones o no, y así un sinfín de parámetros que decidirá el creador del producto que eventualmente requiera hacer algo que pueda ser catalogado como captación.

Lo anterior es solo un ejemplo de lo que se puede hacer en este espacio Fintech y cómo la regulación ofrece transparencia, control y orden a millones de personas que necesitan servicios financieros fáciles de usar, sexys y que los emocionan.

Obviamente hay mucho camino por recorrer, pero este primer paso es enorme. Por supuesto que mucho de lo que está en la Ley podrá ser obsoleto en un año. Eso está pasando en todas las industrias y en todas las regulaciones. La tecnología y la adopción de ésta avanza a una velocidad mucho mayor a la que pueden ir los legisladores, por eso es tan relevante y enriquecedora la participación de eruditos, cowboys, emprendedores y soñadores en la formación de estas reglas.

Retomemos el espíritu de nuestros antepasados y construyamos reglas de convivencia prácticas y útiles. Reglas que den transparencia y orden, neutralicen a los “malillos” (que son muy pocos), y que no generen miedo a multas y el quita sonrisas que es la burocracia.

Sintámonos muy felices y orgullosos como mexicanos de tener una ley de vanguardia, que sirva como el primer paso para que muchos más usuarios gocen de servicios financieros que mejoren su calidad de vida.

 

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