Por Jorge Molina Larrondo*

Donald Trump volvió a generar incertidumbre sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al declarar que Estados Unidos podría negociar primero un acuerdo bilateral con México y llegar posteriormente a un arreglo con Canadá. Al día siguiente, el gobierno canadiense descartó esta posibilidad al destacar que esta no era la primera vez que el presidente de Estados Unidos hacía esta aseveración y que se podría interpretar como otro elemento de presión luego de la aplicación de los aranceles al acero.

Esta vez, el secretario de Economía de México, Ildefonso Guajardo, no refutó la posibilidad de una negociación bilateral cuando fue cuestionado sobre las declaraciones de Trump. Al anunciar que en la semana del 23 de julio los ministros de los tres países realizarían reuniones bilaterales en Washington, el secretario Guajardo respondió que “tanto el presidente electo como el presidente constitucional han dicho que en materia de relación con Estados Unidos prevalece sólo el interés de la nación, alineados todos en un mismo sentido.”

En días posteriores, Trump reiteró que Estados Unidos y México han logrado avances muy importantes – sin mencionar a Canadá – y que el gobierno de López Obrador puede representar una nueva era en las relaciones bilaterales entre ambos países, luego de las reuniones que sostuvo el gobierno de transición con los secretarios del Tesoro, Estado y Seguridad Nacional de ese país.

A pesar de las ventajas que ofrecen los tratados multilaterales, Trump ha declarado que prefiere los bilaterales porque es “más sencillo salirse de un bilateral que de un multilateral”. Trump considera que Estados Unidos puede ejercer mayor presión en negociaciones bilaterales, aunque una negociación bilateral no implica ser más rápida o sencilla que una multilateral.

A diferencia de los acuerdos bilaterales, los multilaterales ofrecen la posibilidad de tener acceso a mercados más amplios y diversos, se generan economías de escala y se tiene la posibilidad de compensar las posibles “pérdidas” que se puedan producir en la relación comercial con alguna de las partes en el comercio con otras. Además, la participación de varios países permite generar un mayor balance político y previene abusos en la aplicación de los mecanismos de solución de controversias.

Las estadísticas podrían justificar el que México busque un acuerdo bilateral con Estados Unidos, como lo idearon en 1990 los presidentes Salinas y Bush. Según los datos de comercio 2017 del Inegi y Banco de México, Estados Unidos fue el destino del 80% de las exportaciones mexicanas y Canadá el del el 2.8%. Estados Unidos fue la principal fuente de las importaciones (46.2%) en tanto que Canadá aportó el 2.3%. Y al medir el comercio total (la suma de exportaciones e importaciones), Estados Unidos representa el 62.8% y Canadá el 2.6%. México tiene una relación comercial más intensa con China, Japón y la Unión Europea que con Canadá.

Una explicación del interés de Trump por generar dos bilaterales puede ser su intención por promover la inversión de la industria automotriz en Estados Unidos y revertir el déficit en mercancías con México. El sector automotriz de América del Norte es ejemplo de integración, lo que ha atraído a inversionistas de todo el mundo. Y las exportaciones mexicanas de autos a Estados Unidos son responsables de la mayoría de este déficit.

Pero desintegrar el TLCAN no es tan fácil. Aunque su artículo 2205 indica que cualquiera de las Partes puede renunciar a él notificando su intensión con al menos seis meses de antelación, expertos como Jon Johnson – que fuera asesor del gobierno canadiense durante las negociaciones – han dicho que la “notificación no es sinónimo de renuncia”.

Una interpretación de la sección 125 de la Ley de Comercio de 1974 (1974 Trade Act) de Estados Unidos justifica que el Presidente de ese país renuncie unilateralmente a un acuerdo comercial. La respuesta es que no puede hacerlo porque lo que el Congreso de Estados Unidos aprueba no es el texto del acuerdo negociado – no lo ratifica – sino una ley para su implementación con un texto muy similar, conocida como “Implementing Legislation”. Por tanto, Trump no puede derogar una ley aprobada por el Legislativo.

Si el gobierno de Trump insiste en generar dos acuerdos bilaterales, la dependencia mexicana del mercado de Estados Unidos aumentaría y la industria mexicana estaría mucho más expuesta a los caprichos del gobierno de ese país, sobre todo cuando los ataques del gobierno de Trump hacia la OMC no cesan.

Sin la participación de Canadá, aumentaría la posibilidad que Estados Unidos actuara de acuerdo a sus propios intereses y no de acuerdo a los lineamientos negociados. Hoy en día contamos con la opción de la OMC en caso de disputas, pero las discusiones recientes entre Estados Unidos, la Unión Europea, Japón y otros países hacen prever que la OMC enfrentará un profundo cambio en los próximos meses, lo que es un tema para discutir por separado.

Hay quienes argumentan que una negociación bilateral con Estados Unidos es sólo ajustar lo ya negociado en el Acuerdo Transpacífico (TPP), aunque Estados Unidos ha mostrado una postura mucho más dura en el TLCAN. Y la aprobación de un acuerdo bilateral por parte del Congreso de Estados Unidos no es ni más rápida ni más sencilla, como lo demostraron los casos de los acuerdos de ese país con Colombia, Panamá, Corea y el DR-CAFTA.

Por su parte, la interpretación general del mandato del Trade Promotion Authority es para la “renegociación del TLCAN”, esto es, la renegociación de un acuerdo trilateral y se podría impugnar la negociación de dos bilaterales. Esto se reflejaría en un mayor número de demandas de los miembros del Congreso por obtener mayores prerrogativas a las negociadas en el texto.

Si Estados Unidos insiste en negociar dos bilaterales, la relación México- Canadá seguiría regida por el actual TLCAN, que seguiría vigente para estos dos países (artículo 2205). En este caso, Estados Unidos podría argumentar que la negociación con Canadá sería una actualización del acuerdo bilateral entre esos países que entró en vigor en 1989 y que sigue vigente

Canadá cuenta hoy en día con una posición más fuerte en caso de un rompimiento del TLCAN. El gobierno del PM Trudeau ha iniciado gestiones para diversificar sus mercados, principalmente en Asia, y el Acuerdo Integral Económico y de Comercio (CETA en inglés) con la Unión Europea le ofrece un acceso privilegiado a toda esa región.

Por lo que México no debe caer en la tentación de llegar a un acuerdo rápido y darle a Trump una victoria que sólo utilizará en las elecciones de noviembre pero que no garantiza que lo acordado será aprobado.

*Consultor en Políticas Públicas, Relaciones Gubernamentales y Comercio Internacional. Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno. ITESM / Querétaro.

 

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