Castillos: obsesión del poder medieval

Castillo Neuschwanstein. Foto: Wikipedia.
Castillo Neuschwanstein. Foto: Wikipedia.

En la actualidad pervive la idea de que “vivir en un castillo” era la mayor experiencia de lujo y comodidad, pero las evidencias históricas demuestran algo muy distinto. Ésta es una semblanza sobre cómo y dónde surgieron los castillos, así como por qué se convirtieron en un símbolo de poder.

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Ya estabas aquí antes de entrar
y cuando salgas no sabrás que te quedas.

Jorge Luis Borges

8 de abril de 1271, Siria

La fortaleza del Crac, el castillo cristiano más inexpugnable de la Edad Media ―con 350 metros de diámetro y con una muralla exterior de 900 metros―, apenas cuenta con 200 hombres para soportar el asedio que desde hace meses recibe del ejército mameluco del sultán Baibars.

Barbais, en menos de 10 años, ha derrotado a Luis IX de Francia en la séptima cruzada y ha recuperado ciudades como Damasco y Antioquía, entre otras. Ahora, en sólo cinco semanas, su ejército ha roto la primera línea de defensa del mítico castillo del Crac; pero al traspasarla, se dan cuenta que tienen por delante un foso y una ciudadela interior que es aún más impenetrable que la muralla exterior.

Sin embargo, Barbais tiene todo a su favor: los cruzados cada vez tienen menos recursos y, por medio de una carta, les ofrece la rendición a cambio de perdonar sus vidas y sus bienes. Para sorpresa del ejército mameluco, los cristianos, hambrientos y fatigados, aceptan con desesperación.

A partir de la caída del Crac, sólo trascurrirían 19 años para que la fortaleza de San Juan de Acre fuera derrotada por los musulmanes y, con ella, el dominio cristiano en Oriente Medio.

 

La era de los castillos

Durante el siglo XIII las cruzadas entraron en tal decadencia que, en lugar de dirigir sus esfuerzos contra los sarracenos, se lanzaron contra el Imperio Bizantino. La avidez de riqueza y poder hizo que las posesiones cristianas en la llamada Tierra Santa no recibieran más refuerzos para resistir el constante y creciente acoso musulmán.

La red de castillos cruzados había sido primordial para afianzar la presencia de los conquistadores europeos en tierras siriopalestinas. Las guerras ―como las de todas las zonas fronterizas―, se caracterizaban por: constantes incursiones, golpes de mano, toma de enclaves y ciudades y, de vez en cuando, grandes batallas. Pero la falta de hombres entre los cristianos ―sólo podían llegar por mar luego de largas travesías y en grupos pequeños― hizo que la estrategia militar se limitara a la defensa.

A partir del siglo XII la necesidad de defender y conservar cientos de plazas cristianas en un permanente estado de guerra, hizo que la construcción de castillos definiera el horizonte medieval. Por supuesto, quienes emprendieron dichas construcciones esperaban erigir sus propios reinos a corto plazo y así reproducir la vida feudal europea. Pero, ¿cómo surgió la idea de que levantar castillos significaba fundar un reino?

 

De la defensa a la fortaleza

En todas las culturas que desarrollaron arquitectura comunitaria surgió el concepto de palacio y fortaleza. Una de las primeras que se tiene registro fue la de Buhen ―actual Nubia―, en el Antiguo Egipto, construida alrededor de 2000 a.C.

Buhen fue concebida para defender la frontera meridional y controlar las rutas comerciales entre los reinos kushitas y meroíticos con los faraones egipcios a lo largo del Nilo. Alrededor de 1700 a.C., esta fortaleza ya contaba con una doble muralla almenada y fosos que la hacían inexpugnable.

Imagen: Wikipedia.

Imagen: Wikipedia.

Varios principios de las fortalezas egipcias y griegas se retomaron muchos siglos después para construir algunos los castillos ―gracias a los manuscritos que los árabes resguardaron en al-Ándalus sobre las ciencias del Mundo Antiguo―, pero la idea básica de los castillos medievales, provino de una fortificación que los celtas erigían en la cima de una colina y rodeaban de una muralla circular. A esta construcción los romanos la llamaron castrum del latín castra / fortaleza.

 

De Roma para el mundo

Los romanos también usaron el término castrum o castra para definir sus campamentos militares, que tenían un diseño rectangular y dos accesos que se cruzaban: cárdo maximus ―de Norte a Sur― y decamanus maximus ―de Este a Oeste―. Al final, lo protegían con una muralla de madera o incluso de piedra, si pensaban usar la base militar por mucho tiempo, y con ello evitaban cualquier posibilidad de intromisión sorpresiva por medio de un foso.

Por ejemplo, el Muro de Adriano era una muralla defensiva ―de la que aún existen vestigios― construida entre los años 122 y 132 de nuestra era y que además sirvió para marcar la provincia romana de Britania y así mantener la paz y la estabilidad económica. Tenía una longitud de 117 kilómetros, un grosor promedio de casi tres metros y una altura irregular de 3.5 a 4.8 metros.

Aunque la estancia fuera temporal y los soldados acamparan en tiendas de piel, el castrum romano se diseñaba con «calles» ―un espacio uniforme que tenía la medida de dos carretas―, para facilitar el movimiento de las tropas y también distribuir de forma estratégica: casas de campaña, talleres de armas, uniformes y calzado ―cada soldado requería más de 100 tachuelas diarias para sus caligas―, establos y hospitales.

Siglos después, el trazo del castrum y las características de las fortalezas celtas definieron la retícula para construir castillos y, más adelante, el diseño primigenio de las ciudades europeas.

 

De la fortificación al feudalismo

En el siglo X, cuando los normandos se asentaron en Britania, desarrollaron construcciones de defensa similares a las de los celtas: levantaban montículos de tierra ―motas― sobre las que levantaban torres de madera, luego protegían el terreno circundante con una empalizada ―el recinto fortificado dentro del cual construían establos, una capilla y diversos salones― y alrededor de todo el conjunto cavaban un foso, para que sólo se pudiera entrar por un acceso controlado. A esta construcción se le llamó “castillo de mota”.

Los normandos, de origen escandinavo, no sólo marcaron la pauta de los castillos de defensa, sino que también instauraron el sistema feudal y este influyó de forma gradual en los reinos de Inglaterra, Francia, Italia y, por supuesto, España, donde se peleaba contra el dominio árabe desde el siglo VIII. De ahí que fuera la primera región en que construyeran castillos de piedra.

Castillo de mota. Imagen: Wikipedia.

Castillo de mota. Imagen: Wikipedia.

 

Infundir temor

Como en la Edad Media no existía un poder sólido que garantizara la seguridad ante las invasiones y acosos militares de otros reinos, los señores feudales decidieron delimitar sus bienes y territorios con castillos amurallados que fuera imponentes e impenetrables. Esto aumentó la importancia de la caballería.

La función principal del castillo surgió de la necesidad de resistir lo mejor posible ―y por tiempos prolongados― asedios enemigos; pero estas fortalezas también sirvieron para afianzar el poderío feudal, infundir temor hacia pobladores vecinos y evitar que la Iglesia se entrometiera lo menos posible en asuntos personales.

Centro del poder político y administrativo, el castillo basaba su economía en una organización territorial llamada curtis, formada por conjuntos de propiedades agrícolas―no siempre ligadas entre sí― y sobre las cuales el señor feudal ejercía el ban, es decir, el poder absoluto.

La superficie de la granja del curtis se dividía en dos:

1)    dominucum  ―dominio― o “parte del señor”: abarcaba los terrenos que el propietario administraba de forma directa, pero trabajados por sus siervos. Esto comprendía bosques de uso común, tierras no cultivadas y pastizales. También se incluían la vivienda privada del señor, establos, bodegas, hornos y talleres

2)    mansos: parcelas con las casas, los objetos y utensilios de los campesinos que, si bien estaban sujetos al ban, tenían condición de “hombres libres”.

Desde la solidez de su castillo el señor feudal dominaba el burgo de la parte baja donde vivían los siervos de gleba ―de la tierra― y, en caso de peligro, estos podían refugiarse dentro de las murallas. Sin embargo, los siervos no podían contratar sus servicios con nadie más ni mudarse, casarse o hacer ningún trámite si no contaban con el permiso de su señor.

En la próxima entrega se contará qué hizo que los castillos abundaran en la Edad Media y cómo era la vida cotidiana en ellos.

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Gran parte de este artículo se publicó en la revista Algarabía, en febrero de 2012: www.algarabia.com

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Twitter: @alguienomas

Carlos Bautista Rojas

Ha sido: mesero, militante clandestino, periodista, “negro”, editor pero, sobre todo, aprendiz de lector. Ahora es director editorial de la revista Algarabía.