Cine: una industria para explotar en América Latina

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Hollywood apuesta cada vez más a mercados externos a Estados Unidos, ante el creciente alza de la taquilla en otras partes del mundo. Esto abre una oportunidad para la industria del cine en América Latina.

 

 

Por Andrés Arell-Báez, escritor, productor y director

 

 

Para septiembre del 2012, Hollywood debería haber estado en total estado de canguelo. Concluyendo ese verano, época del año en donde el 40% de los ingresos anuales se producen, se vislumbraba un panorama sombrío: la taquilla había caído en un 3% frente al 2011, el 3D y las ventas de DVD se desplomaban y, para concluir aún peor, la asistencia a los teatros fue la menor en cualquier verano de los últimos 20 años.

Pero, a pesar de los números en rojo, Hollywood ha estado de fiesta, porque como bien dice Mark Gil: “la taquilla mundial nos ha salvado”. Y es que en nada exagera el alto ejecutivo de Millennium Films, puesto que al día de hoy, el 69% de los ingresos que producen las películas estadounidenses, según la MPAA, proviene de mercados ajenos al estadounidense.

En gran parte, dinámicas dominantes de la economía global, como la debilidad del dólar y la expansión de los países emergentes, son hechos que explican ese comportamiento. No obstante, las dos razones fundamentales de por qué el mercado mundial es tan vibrante hoy en día son: el incremento en el número de salas de cine, con su respectiva disminución del precio en las entradas; y la realización de megaproducciones con importantes factores de identificación por parte de las audiencias internacionales.

Hollywood, ahora, ubica sus historias en países de todo el planeta, filmando en locaciones allende a sus fronteras naturales de manera regular. En películas como Fast Five, Mission Impossible: Ghost Protocol y Skyfall, sus héroes se pasean por Brasil, Rusia y Shangai sin ningún pudor, y como parte de una estrategia ejecutada con la clara intención de atraer al público de esos países.

Y la maniobra sí que ha funcionado. En el caso de Fast Five, la taquilla en Estados Unidos fue de 209 millones de dólares (mdd), cifra que palidece frente a los 416 millones que hizo a nivel global. Mismo caso con la película de Tom Cruise, la que en su país de origen hizo 209 mdd, mientras que en el resto hizo 485 mdd. Y ni punto de comparación entre estas dos con la última entrega de Bond, que en un lado hizo unos “míseros” 304 mdd, mientras que en el otro hizo 804 mdd.

La situación actual es ya indiscutible: el enfoque de Hollywood es ahora el global. “La idea de lanzar un filme internacionalmente antes que en Estados Unidos era algo impensable hace tan sólo tres años”, dice Sanfor Panitch, presidente de Fox International Productions. Ahora, los estrenos con esta característica son algo común, dado que “el mercado internacional se está convirtiendo en uno más importante que el de Estados Unidos”, dice Panitch.

 

Más allá de Hollywood

Bajo esa perspectiva de preponderancia de lo mundial sobre lo local, hay dos países que sobresalen: Rusia, con proyecciones para 2013 de vender 180 millones de boletos y producir una taquilla de 1.2 miles de millones de dólares, y China, que es ya el segundo mercado más grande del mundo, con 2.7 miles de millones de dólares en taquilla durante 2012. No por nada la última película del mítico personaje de John Mclaine, A Good Day To Die Hard, tiene una historia que en su totalidad se ubica en Moscú, a la vez que Iron Man 3 tiene una versión alternativa exclusiva para China y un enemigo que se hace llamar El Mandarín.

Si analizamos cualquier país de América latina, sólo Brasil se topa en el top 10 de los mercados más grandes del mundo, pero si la analizamos como un mercado homogéneo, se nos descubre un panorama excitante. La región, vista como un todo y según la MPAA, creció en el periodo que va del 2008 al 2012 con un increíble 73%, superando a Asia (53%), a Estados Unidos (12%) y a los territorios de la EMEA (10%). Es allí donde radica una gran oportunidad, porque se comparte en la mayoría del territorio el mismo idioma, lo que forja una cultura compatible, algo que no sucede en Europa, África o Asia.

El indicador más pomposo es la taquilla, que en 2012 fue de 2.8 miles de millones de dólares, posicionándonos como el segundo mercado del mundo, por encima de China. Si hacemos el ejercicio eliminando a Brasil, con quien nos separa el idioma, tendríamos una taquilla de 2.0 miles de millones de dólares, catapultándonos hasta el tercer lugar, por encima del Reino Unido, India y Alemania. No puede sorprendernos, a la luz de esas cifras, el que Avatar haya hecho 160 mdd en América Latina, que The Avengers lograra 207 mdd y que The Dark Knight Rises alcanzara los 100 mdd. Ni, tampoco, el que producciones latinas como El Secreto de sus ojos, Tropa de elite y Amores Perros, hayan recaudado 33, 67 y 15 mdd, respectivamente.

No obstante el positivo escenario, el boom del cine en nuestra región no se consolidará hasta que tengamos una cartelera en donde los grandes estrenos de Hollywood se alternen con vibrantes películas latinas, como las tres anteriormente mencionadas. Países como China, India, Japón y Corea del Sur, en donde la cuota de mercado que tiene Hollywood es incluso menor que la de la industria nacional, han demostrado que el público demanda ver en la pantalla grande, paralelo a las superproducciones, historias propias de alcance universal, filmadas con profundo conocimiento del arte cinematográfico, en donde a su vez esté representada su idiosincrasia.

Un futuro brillante nos espera en nuestra industria si logramos explotar ese mercado regional que casi sin querer hemos venido formando. Nuestra principal tarea en esa área: superar esa nefasta dependencia del sector público para subsistir, siendo la única manera de evolucionar la creación de proyectos cinematográficos que cautiven al sector privado, generando un círculo virtuoso en el que podamos generar grandes beneficios para los inversionistas, quienes, a su vez, inyectarán la liquidez que tanto necesitamos a la hora de levantar una aventura empresarial tan colosal como lo es la producción de un largometraje.

 

 

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