‘Ladrones de la fama’: los ricos también lloran - Forbes México

‘Ladrones de la fama’: los ricos también lloran

Rafael Paz

Acerca de Rafael Paz

Truffaut aseguraba que los amantes del cine eran gente enferma y que nadie nace diciendo “quiero ser crítico de cine”. Editor en jefe en ButacaAncha.com y blogger en El Financiero.
Escrito por en julio 26, 2013

La nueva película de Sofia Coppola es un asomo al vacío existencial de la juventud de clase media alta y un estudio sobre la fama y sus efectos en una juventud impresionable y sin un objetivo en la vida.


Sofia Coppola ha dedicado su carrera a retratar los pesares que afligen y acongojan a la clase alta o media alta. Quizá la única excepción sea su ópera prima Las vírgenes suicidas (The Virgin Suicides, 1999), aunque depende de cómo califiquen la vida en los suburbios estadounidenses.

Su nueva película, Ladrones de la fama (The Bling Ring, 2013), es una nueva mirada al vacío existencial que sufre esa clase sin penurias económicas que piensa en su próxima sesión de bronceado, las drogas que consumirá en la próxima fiesta o en comprar ese vestido que Lindsay Lohan usó para asistir a una cita en la corte. Es, también, un estudio sobre la fama y sus efectos en una juventud impresionable y sin un objetivo en la vida.

Marc (Israel Broussard) es el chico nuevo en la escuela, de entrada parece que no logrará congeniar con nadie, pero no es así. Pronto conoce a Rebecca (Katie Chang) y sin mucho trabajo se vuelven uña y mugre. Juntos pasan los días en la playa, perdiendo clases, drogándose, etc. Rebecca introduce a Marc al resto de su círculo social: las hermanas Nicki (Emma Watson) y Sam (Taissa Farmiga) y Chloe (Claire Julien).

Con el paso de los minutos notamos que Rebecca es cleptómana. Al principio, Marc acepta dicho comportamiento con un poco de timidez, para después disfrutar con la adrenalina generada de los robos y el sentimiento de inclusión que surge de su relación. Un día los hurtos cambian, Rebecca y Marc se enteran que Paris Hilton está en otro estado, deciden meterse en el hogar de la socialité para implementar el descuento de cinco dedos. El crimen queda impune y, envalentonado por su éxito, el grupo de amigos decide seguir visitando las casas de los ricos y famosos sin medir las consecuencias.

Basada en el artículo de Vanity Fair ‘The Suspects Wore Louboutins’ –los sospechosos usaban Louboutins, pueden leerlo aquí–, The Bling Ring cuenta la historia ficcionalizada de un grupo de jóvenes que robó unos 3 millones de dólares en joyas, ropa y demás pertenencias de gente como Paris Hilton, Lindsay Lohan, Orlando Bloom, Rachel Bilson, Audrina Patridge y un par de estrellas más.

El primer acto de la película es usado por Coppola –que también escribió el guión– para situar a los personajes y mostrarnos sus conflictos. Estos adolescentes no están conectados a la realidad, su mundo se limita a tener cosas bonitas, seguir la vida de los famosos, actualizar su facebook y, en general, pasarla bien. No hay nada más importante que eso. Como apunta Mario Vargas Llosa en La civilización del espectáculo, éste “es un mundo en el que el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal”.

Queda claro que los atracos no se deben a la necesidad, sino al aburrimiento. Dentro de los ropajes que los cubren hay un vacío que no puede ser llenado, un desapego emocional crónico e, irónicamente, compartido con el resto del grupo.

A diferencia de Charlotte y Bob, los personajes principales de Perdidos en Tokio (Lost In Translation, 2003) que terminaban con su soledad gracias a su fortuito encuentro, los chicos de Ladrones de la fama fallan en crear un lazo profundo entre ellos, su relación es una ilusión como lo demuestra la actitud de Rebecca durante el juicio. Son cascarones andantes, la nada.

Coppola decide mostrar los hechos de la manera más real posible, describirlos tal y como fueron en la vida real. Hay cierto distanciamiento de parte de la directora hacía los personajes, las acciones son capturadas con frialdad y el desapego es demasiado patente. Si no recibieron amor de sus padres, Coppola tampoco se los va a dar.

Pasados los primeros robos, la acción se vuelve reiterativa y es notorio que cada uno de los individuos retratados no sufrirá algún cambio ni se verá beneficiado por la experiencia. Después de media hora parece que la realizadora se quedó sin algo que decir, las reflexiones que propone The Bling Ring no salen de los lugares comunes y carecen de profundidad. ¿Cómo interesarse en la nada? Claro que para los seguidores del mundo de la moda resultará atractivo el ostentoso desfile de marcas y ropa de diseñador, sin embargo para qué gastar en un boleto si es gratis consultar los catálogos de la temporada en Internet.

Tampoco se trata de sólo retratar a los desfavorecidos por la lucha de clases o de filmar puro realismo social. Es posible comparar el cine de Wes Anderson con el de Sofia Coppola, ambos usan como personajes centrales a individuos de cierto estrato social que sufren crisis existenciales, la diferencia radica en que Anderson logra interesarnos en lo que le sucede a sus personajes, generamos empatía por ellos. Coppola no logra el mismo impacto emocional.

El tema de Ladrones de la fama se prestaba a ser abordado como una sátira llena de humor corrosivo, un comentario social al estilo de vida de la farándula –como La dolce vita (1960), de Fellini– o una mirada a la perversión del sueño americano cortesía de una juventud desenfrenada –similar a Spring Breakers (2012), del provocador Harmony Korine–.

Al mantener las constantes temáticas de su cuerpo artístico, Sofia Coppola demuestra ser una realizadora dotada de una técnica pulida y eficiente pero sin algo significativo que decir. La hija de Francis Ford Coppola está embelesada con mirar a la vacuidad, en recalcar una y otra vez que una cartera abultada no garantiza vivir a plenitud ni ser feliz. Que sólo falta verse reflejado para notar que a pesar de los adornos estamos desnudos.

Por favor, alguien présteme un billete de 500 para secarme las lágrimas.

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Rafael Paz

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Truffaut aseguraba que los amantes del cine eran gente enferma y que nadie nace diciendo “quiero ser crítico de cine”. Editor en jefe en ButacaAncha.com y blogger en El Financiero.