Decía Platón acerca de la ciudad ideal que la templanza era una de las virtudes clave para la economía, que se alcanzaba por medio del orden, disciplina y control de las pasiones corporales. Y, justamente, cuando uno mira las perspectivas económicas para 2018 es imposible no pensar en la templanza como una virtud necesaria para los actores económicos y para lidiar con las circunstancias a las que se enfrentará nuestra economía en los próximos meses.

Durante muchos años estuvimos acostumbrados a volar en una suerte de “piloto automático” en el que prácticamente nuestra mayor preocupación era el ritmo de crecimiento de la economía de EU, en particular su actividad industrial -que al estar integradas las cadenas de suministros de ambos países- no era otra cosa que un fiel indicador de la actividad económica en México.

Los tiempos han cambiado y una serie de factores externos hacen que sea necesario desconectarnos del piloto automático y hacer frente a la turbulencia que enfrentamos. En este sentido, estamos enfrentando turbulencia que se debe a factores asociados a ciclos económicos y, por otro lado, asociados a factores políticos. Respecto a los primeros, el ciclo inverso de la política monetaria de la Reserva Federal en EU. Respecto a los segundos, la llegada de la administración Trump ha implicado cambios importantes tanto a la política comercial de EU, así como a su política fiscal. Y desde el punto de vista político e interno, tenemos nuevas reglas del juego en nuestras elecciones presidenciales en 2018. Ahora veamos en mayor detalle cada uno de estos factores y cómo afectan potencialmente como turbulencia:

Ciclo inverso política monetaria en EU

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El ciclo inverso de la política monetaria de la Reserva Federal en EU ha implicado incrementos en la tasa de interés de nuestro vecino con el consecuente impacto en nuestro país vía mayores tasas de interés, así como los movimientos en los flujos de capital que viajan a donde hay un mayor retorno ajustado por nivel de riesgo. Se esperan con toda certeza ajustes al alza en la tasa de interés en EU, probablemente cuatro aumentos que seguirán poniendo presión a nuestra moneda. El impacto en México serán mayores tasas de interés que encarecerán los proyectos de inversión por mayores costos de capital.

Renegociación TLCAN

La renegociación planteada para el TLCAN -a partir de las propuestas de EU- de mayores contenidos de origen estadounidenses y regionales, la ratificación del TLCAN cada cinco años, así como la eliminación de su Capítulo 19 para subordinar las disputas comerciales entre México y EU a los tribunales ordinarios de EU, hacen francamente inviable la renegociación y vuelven más factible una eventual salida del tratado y entrada en vigor de las condiciones establecidas en el marco de la Organización Mundial de Comercio (OMC). En este caso México cuenta con el estatus de nación más favorecida, que es claramente una mejor opción que aceptar un comercio administrado como el que plantea la administración Trump. El impacto sería desigual dependiendo de la industria que se trate y sí habría afectaciones en algunos ramos que se han vuelto competitivos por menores aranceles derivados de las condiciones estipulados TLCAN. Si bien la renegociación está en proceso con dos rondas más que se alargarán hasta febrero de 2018, la incertidumbre respecto a lo que podría pasar seguirá todavía unos meses más. Existen por supuesto las fuerzas pro TLCAN en EU, y las potenciales controversias respecto a las facultades del Congreso y el ejecutivo respecto al comercio exterior, así como los amparos por derechos adquiridos en estos 23 años a los que podrían recurrir las empresas afectadas por una eventual salida del TLCAN. Estar atentos a los acontecimientos y potenciales impactos es clave. Las probabilidades quizá sean de 60% que nos quedemos con TLCAN y 40% con condiciones OMC.

Reforma fiscal en EU

La recientemente propuesta reforma fiscal en EU -que incluye una reducción en la tasa de ISR para las empresas- sin duda generará ruido por los incentivos para que se dé una mayor inversión de las empresas en nuestro vecino del norte en detrimento de las inversiones potenciales en nuestro país. Si bien esto es parcialmente cierto, también lo es el hecho de que -todo lo demás constante- las empresas no sólo invierten por menores impuestos sino por las condiciones generales de rentabilidad. La evidencia empírica disponible apunta a que las firmas pagan dividendos cuando reciben beneficios fiscales más que incrementar sus niveles de inversión. De esta forma, pareciera que el impacto potencial está todavía por verse y pudiera ser bastante menor al que podría esperarse. Sin embargo, esta propuesta sin duda hará cuestionarnos internamente nuestros propios niveles de impuestos y la capacidad del gobierno federal de recortar el gasto público.

Elecciones presidenciales en México

Como cada seis años, las elecciones en México se presentan como un referéndum entre dar continuidad a la política de estabilidad de las últimas décadas u optar por otras alternativas. Esta vez el factor que alterará el escenario será sin duda el surgimiento de las candidaturas independientes que diluirán el voto de los partidos tradicionales por candidatos emergentes. Ante este nuevo escenario, los partidos con mayor voto duro y menos escisiones hacia candidaturas de independientes tendrán mejores probabilidades de ganar. Asimismo, un resurgimiento del voto útil entre los dos candidatos punteros entrada ya la elección será definitorio.

A pesar de todos estos elementos de turbulencia, es necesario recordar que las condiciones para el crecimiento de largo plazo del país están intactas y, si bien enfrentamos algunos retos, lo cierto es que es necesario construir sobre las fortalezas -que son muchas- como la apertura al comercio exterior, el potencial manufacturero, el turismo, la riqueza energética, la rápida adopción de las tecnologías de la información y el bono demográfico, entre otras.

Por eso, ante todos estos factores externos e internos de turbulencia la mejor receta es mantener un grado de enfoque importante. La existencia de turbulencia no quiere decir no llegar a buen puerto, pero puede implicar dudas. Entender los escenarios y sus potenciales implicaciones es clave para evitar la costosa improvisación o parálisis. Al mismo tiempo, es necesario no dejarse llevar por la incertidumbre y trabajar con los pies bien puestos en la tierra. En una palabra, como diría Platón, templanza.

 

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