Justo después de las elecciones presidenciales de noviembre en EU, los pronósticos de crecimiento económico para 2017 de organismos financieros internacionales, corredurías y áreas de estudios económicos se realizaron bajo escenarios de bastante incertidumbre en torno a lo que un gobierno de Trump implicaría para la economía de México. La mayoría de los pronósticos mostraban un pesimismo -más que incertidumbre- definitivamente marcado respecto a lo que el futuro deparaba para México con base en las promesas de campaña de Trump: la renegociación de TLCAN, impuesto de ajuste fronterizo, barreras arancelarias y no arancelarias, así como cambios en la política fiscal que favorecerían a las inversiones en EU en lugar de en México. El punto máximo se alcanzó en enero donde, además del pesimismo por la toma de posesión de Trump, se dio el incremento al precio de la gasolina justo en un momento en el que las presiones para realizar ajustes de precios por la depreciación cambiaria eran muy grandes. Aunado a esto, el ciclo inverso de la política monetaria en EU resultó en incrementos de la tasa de interés seguidas por Banxico de la mano de sus esfuerzos por mandar una señal sobre su compromiso en mantener la inflación bajo control. El resultado de esto fueron expectativas aún más negativas para 2017.

Sin duda, el efecto de ese pesimismo tuvo un impacto inmediato en la economía y en los principales indicadores de desempeño económico. Una disminución en la confianza del consumidor, con un menor crecimiento del consumo, así como la postergación de muchas inversiones relacionadas con el TLCAN y algunas otras ligadas a la expectativa de un más débil mercado interno. Todo esto se complementó con aspectos como el aumento de precios y la subida de las tasas de interés que impactaron la capacidad de consumo. El panorama ciertamente pintaba muy negativo en esos momentos.

En la medida que ha ido quedando claro que la administración Trump empieza a conocer y entender algunos de los aspectos relevantes de la relación bilateral entre México-EU como la cooperación en seguridad fronteriza, narcotráfico, migración, además de los beneficios del TLCAN y las posiciones en este sentido en EU, tanto en la industria estadounidense como en el Congreso y los gobiernos estatales, las expectativas del resultado de la “renegociación” resultan más positivas. Sin embargo, lo que hemos observado es que la economía ha mostrado una capacidad de reponerse a los embates externos de la incertidumbre por la administración Trump y por el aumento de inflación.

Tenemos que, una vez librado el escollo de los dos primeros meses del año, la confianza del consumidor se ha recuperado en marzo, el peso se ha fortalecido significativamente llegando a niveles cercanos a septiembre 2016, además que la tasa de desempleo sigue en mínimos históricos por dos meses consecutivos y la economía informal sigue reduciéndose. Esto se ve claramente reflejado en el hecho de que el consumo crece -si bien a menor ritmo que el año pasado- a una tasa de crecimiento superior a la esperada por los analistas. Esto lleva así ya varios meses lo que ha forzado tanto a las autoridades, SHCP y Banxico, como a los principales especialistas del sector privado a elevar el rango de crecimiento esperado para la economía mexicana. Si bien esta tendencia se empezó a observar claramente desde marzo, los analistas han sido muy cautelosos en subir los pronósticos de crecimiento. Y esto es normal porque en el juego de los pronósticos no hay mejor resultado que equivocarse pronosticando un menor crecimiento cuando se observa uno mayor. Es siempre mejor equivocarse trayendo una buena noticia que una mala. Pero finalmente los estimados se movieron hacia arriba; pasando de 1.6% estimado para 2017 en enero a 2% estimado para mayo de este año. De igual forma, por primera vez en cinco años la SHCP movió al alza sus pronósticos de 1.5% a 2.5% para 2017, haciendo lo mismo que Banxico inclusive en magnitud y en rango.

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De acuerdo al diccionario, la resiliencia es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos. Y esto aplica muy bien a la economía mexicana, que ha logrado sobreponerse tanto a los malos augurios, como a las amenazas internas y externas. La pregunta es entonces ¿qué está pasando que la economía que logra reponerse por encima de lo que muchos esperaban? ¿Qué podemos distinguir para aprender a hacer pronósticos más adecuados? Existen varios factores que ayudan a explicar esta capacidad de resiliencia de la economía, en concreto me voy a referir a tres muy importantes.

  1. Visión pesimista. El primero quizá tenga que ver con este excesivo pesimismo que nos lleva de incertidumbre a pesimismo en automático. Por más que las expectativas no nos favorezcan siempre encontramos la forma de mirar a las amenazas como realidades. Y muy probablemente hubo un efecto emoción a finales del año pasado cuando se hicieron los pronósticos para 2017, que resultaron muy influenciados por el momento y los sentimientos después de las elecciones presidenciales en EU. Los analistas también se emocionan.
  2. Masa salarial. El segundo tiene que ver con el crecimiento de la masa salarial en México. La masa salarial no es otra cosa que el monto de sueldos y salarios que se pagan en la economía. El crecimiento del empleo formal implica mejores sueldos y salarios y empleados en condiciones de ser sujetos de crédito de la banca comercial. Esto implica un mayor poder de compra agregado a pesar de una disminución del salario real por una mayor inflación. En este sentido, los esfuerzos para fomentar el empleo formal dan ya sus resultados. El aumento del salario mínimo, que si bien tiene un impacto menor por el relativamente bajo número de personas que lo ganan, ha sido significativamente superior -10%- a lo que se había venido observando y por encima de la inflación. Aquí podemos destacar aspectos como el mayor acceso al crédito por parte de la banca comercial impulsado por una mayor formalidad y mayor flexibilidad en el mercado laboral producto de la reforma en la materia.
  3. Flujo de remesas. Las remesas en México siguen creciendo y es dinero en dólares que entra a la economía y que genera capacidad de compra e impulsa el consumo. Recordemos que las remesas son ya la principal fuente de divisas de nuestra economía.

Esta capacidad de resiliencia de la economía mexicana es una excelente oportunidad para abrirnos lo ojos tanto a los analistas como a los agentes económicos en general y reflexionar acerca esta forma automática y anclada de ver a México. Primero, el captar que tenemos una falta de confianza en la economía mexicana que nos impide ver las cosas con una mayor objetividad. Ser en exceso pesimistas no nos lleva ni a tierra firme ni a “puerto seguro”, por el contrario, nos debilita. Un segundo aspecto tiene que ver con la falta de conocimiento de lo que ocurre en el país y sus cambios estructurales. Con el pasado como predictor del futuro necesariamente nuestros pronósticos y nuestras expectativas fallaran una y otra vez. Estamos hoy en día en una economía que ha realizado reformas muy importantes en los últimos años en diversas áreas y el impacto de éstas se refleja en comportamientos diferentes y complejos respecto a la inercia histórica. Tener por ejemplo al consumo como el motor de la economía es una realidad que sorprenderá a muchos que siguen todavía anclados en las conversaciones anticuadas respecto a la pobreza.

En este sentido, es necesario ver al país con confianza respecto a lo que hemos construido y, al mismo tiempo, con los pies muy bien puestos en la tierra para con conocimiento tener una mayor objetividad. Quizá de esta forma dejemos de sorprendernos y empecemos a apreciar, tomando decisiones sobre los riesgos del futuro de una mejor manera.

 

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