Poco más de 89 millones de ciudadanos y ciudadanas están llamados a votar. En unas elecciones calificadas como históricas, los avances y retrocesos para la democracia son diversos y complejos.

Al margen de lo hecho por partidos y candidatos, es conveniente reflexionar sobre lo que el proceso deja en términos de la vigencia de las instituciones, las posibilidades de progreso y los equilibrios republicanos necesarios para el desarrollo político.

1) Las redes sociales. En el 2018, la influencia de las RRSS se ha dejado sentir con fuerza significativa. Youtubers, líderes de opinión, administradores de comunidades, sitios alternos, hackers, memetronics, bots y activistas son ya referencias obligadas.

La explosión de creatividad, ironía, sentido del humor, profundidad, irreverencia, desacato, cinismo, análisis y crítica dio una vitalidad inédita a las campañas. Este nuevo escenario de contienda electoral impacta, vende, estimula y congrega a millones de electores como el medio privilegiado para informarse, relacionarse y tomar decisiones políticas; incluso sustituyendo, desplazando y acotando a los medios tradicionales.

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Los medios alternos impactaron en la imagen verbal y no verbal de los candidatas, la enseñanza es que los escándalos, la caricaturización y la ridiculización pueden mermar una campaña. Es decir; ya nadie se escapa a la trituradora de opinión que las redes sociales pueden generar.

A fuerza de fiscalización, los excesos verbales, descuidos de imagen, errores y cerrazón pueden multiplicarse y nadie quiere ser exhibido, reducido o memeteado; la campaña es breve y no hay tiempo para reponerse. Por otro lado, los rivales no dudarán en sacar provecho de esas fallas.

2) Activismo ciudadano. Aunque los procesos electorales a nivel presidencial acarrean un mayor interés, se hizo patente el declive de la publicidad electoral, los ciudadanos ya no confían ni son atraídos por los spots tradicionales. Usan muchos canales y sus preferencias no se alinean en torno a los conductores de antaño.

Por ello, la sociedad tomo un mayor protagonismo. Ya fuera comentando, difundiendo o conversando, en todos los escenarios se hizo patente que el contacto directo y la charla de café serían los medios más determinantes para intercambiar puntos de vista sobre las propuestas, posturas y noticias electorales.

Muchas teleseries, películas y programas desplegaron episodios con elementos que retratan, reproducen e inducen subliminalmente trazos de corrupción, complicidades, excesos, mafias de poder y hechos que inducen un estado de aversión y rechazo hacia determinados actores políticos y sus representantes.

Hasta el ánimo futbolero sirvió de marco para sazonar las campañas con estados de sensibilidad patriota, lucha contra la adversidad, unidad y el clásico si se puede. Por supuesto, todo de acuerdo con la posición que ocupan los candidatos en las encuestas. Entre más abajo en ellas, más necesario se volvió agarrarse de un buen resultado en el mundial para no seguir hundiéndose en las preferencias.

Por cierto, ojalá que, así como la afición tomo conciencias por un mejor comportamiento en las canchas; suprimiendo gritos y recogiendo basura en los estadios; los partidos políticos y los candidatos bien podrían hacer lo mismo para mejorar las campañas. O sea, déjense de xxx y limpien todo su xxx.

3) Nepotismo, corrupción, violencia y candidaturas ciudadanas. Así como hubo avances, también se presentan escenarios en las campañas que a nadie convienen, que nadie quiere y que le pagan directo a la democracia.

Sin restar méritos personales ni derechos constitucionales, es obvio que toda candidatura basada en ceder el puesto a la pareja, esposo, amante, pariente, compadre o comadre lleva el sello del nepotismo, la inmoral idea de perpetuarse y aferrarse al poder y los privilegios del poder público. Eso ya no puede suceder en pleno siglo XXI, no olvidemos que hace 100 años México estaba en plena lucha revolucionaria por desterrar esas prácticas.

La corrupción sigue en el centro del debate, enraizada en el manejo de recursos, siniestras alianzas, la compra del voto y los grupos de poder que solo quieren seguir aumentando sus prebendas. La sociedad tiene una oportunidad para ponerle un freno a este problema, quien sea el vencedor tendrá una presión y agenda enormes en este rubro.

Candidatos asesinados, amenazados y muchos que de plano declinaron, son el signo de que las libertades, los principios fundamentales de la democracia han sido tocados, afectados y suprimidos por la criminalidad. No hay excusa que valga, no se puede hablar de Estado de Derecho cuando no hay certidumbre para ejercer el derecho a disentir, proponer e integrar los poderes públicos.

Se quedaron en la mesa las aspiraciones para forjar candidaturas alternas, incubadas en la sociedad, limpias, transparentes, verdaderamente ciudadanas. La figura se desdibujo, se desprestigio y hasta se ridiculizo; esperemos que la sociedad encuentre la forma de armonizar y coordinar sus intereses reales y no pierda de vista que el poder político puede surgir al margen de los partidos políticos.

Que sea para bien, para el progreso, el desarrollo, la unidad, la mejora de las condiciones de vida, las libertades, educación, salud y un México ahora si de verdad competitivo, grandioso, equitativo, igualitario y sin corrupción.

 

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