El proceso electoral 2018 ha sido clave para revelar el impacto que tienen los aspectos psicológicos y persuasivos, pero sobre todo los emocionales a la hora de decidir. Revisemos algunas claves que explican la posición en las encuestas y porque antes que, a la razón, los ciudadanos recurren a sus emociones a la hora de votar.

La Conexión emocional es fundamental. Los electores más veteranos de AMLO recuerdan las conferencias matutinas a las 6:00 am de todos los días cuando fue jefe de gobierno, desde entonces esta estrategia fue muy rentable. Por un lado, le permitía acceder a una buen parte de su público objetivo; la masa trabajadora que desde muy temprano estaba activa; el ciudadano común y corriente percibía un político distinto, trabajador, más cercano a su realidad cotidiana.

Sus contrincantes, tanto Anaya como Meade no tienen ese posicionamiento, particularmente sus estilos no disponen de argumentos en términos de popularidad y tampoco han contado con 15 años en giras por todo el país. Dependen más de explicarle a la gente, de construir escenarios, hablar de la viabilidad y sustentabilidad de las propuestas y de ajustes en la forma de gobernar que resultan más complejos para los electores.

Convencer con empatía y sencillez. Todavía más, no tenía que preocuparse por ser un buen orador, su acento y su falta de dicción y articulación, su forma de vestir, todo eso era como la de millones de ciudadanos, que, por salir temprano de su casa, por su nivel de ingreso y por su estilo de vida se identificaban con él. El primer político que se ufanaba de su apodo (El Peje) y por lo tanto todavía más sencillo y popular, fácil de recordar, sarcástico ante sus críticos, nada le hace daño.

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Nuevamente Anaya y Meade no contaron con la exposición a nivel de calle; son más formales, el primero se presenta como moderno, disciplinado y determinado; el segundo como eficiente, preparado y con visión. Los dos tienen un estilo moderno de vestir, una forma elocuente de dirigirse al electorado y una estructura de discurso menos accesible, sin duda razonada, realista, concreta pero más difícil de entender

El discurso de la sencillez; usar vehículos medianos; ofrecer un presidente sin derroches;  que vivirá en un departamento y acabará con los derroches lo acerca a la realidad cotidiana de los millones de mexicanos que viven en unidades habitacionales, edificios, multifamiliares y periferias; el uso de la figura Juárez significa igualdad, es la realización del ideal de que no importa el origen para llegar muy alto; más allá de la medianidad republicana es la apelación al sentimiento de solidaridad con el humilde; la identificación con la revancha del que menos tiene; y la vuelta a la igualdad de oportunidades.

Anaya y Meade la tienen muy complicada; la gente sólo quiere saber si le alcanzará para vivir mejor; quiere llegar a su casa y cubrir los gastos básicos; todo en el corto plazo sin objetivos, programas o expertos calificados que basan sus deducciones en complejos escenarios. Ellos enfocan una buena parte de su estrategia en destacar su perseverancia, dedicación y esfuerzo personal, valoran la decisión racional y de largo plazo.

La redes sociales son un campo anti-status, los líderes de comunidad e influencers son más afines a cobijar y amplificar todos estas estrategias; hacer eco de la visión de un país rico, que ha sido saqueado por una minoría es el alineamiento de las masas que se alimentan de la frustración por no tener el ingreso, el puesto, los bienes y el estilo de vida que según ellos merecen y ahí caben todos, incluso los no tan pobres.

A Meade los electores le cargaron los inconvenientes de la corrupción, excesos y pésimo desempeño de muchos los miembros, familiares, filiales y socios corrompidos, lo que permeo muy fuerte en la sociedad y la pusieron en contra de todo lo gubernamental. Anaya ofrece un cambio viable, una transición ordenada, una limpieza, pero se quedó en la mitad bajo la sospecha de ser parte de lo mismo que acusa. Esas son las percepciones que se reflejan en las encuestas y lo que cuenta a la hora de votar, real o no, en política las percepciones dominan las realidades.

Al puntero, una actualización amorosa y sensible le sirve para quitarse más objeciones, todos los ataques de sus adversarios se están convirtiendo en publicidad gratuita, su posición en las encuestas lo hace el centro del debate; de los spots y de la secuela en los medios. Cada contraparte le concede argumentos en su favor, con una cierta dosis de indolencia, cordialidad y cinismo, es respetuoso, parafraseando, otra vez en política; lo que resiste, apoya.

El uso de etiquetas amplia el efecto de las emociones, la mafia en el poder, los de arriba, ahora son el objeto de rechazo de una sociedad que buscaba empatía y pulso social superior sobre sus competidores, quienes no descifraron ese paquete de emociones, la suma de rechazos, los señalamientos, la pésima estrategia de imagen que usaron. Anaya y Meade no cuentan con esos elementos, tienen que mostrarse más formales, deben buscar el apoyo de segmentos diversos de la población por lo que no pueden darse el lujo de los excesos verbales, deben ofrecer definiciones, significados, sustentar, lo que les resta emotividad.

 

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