La ópera prima de Jimena Montemayor, En la sangre (2012), tiene como protagonista a un triángulo amoroso, escritos de André Breton y la indiferencia total de una generación a su entorno.

Mateo (Pedro De Tavira) acaba de regresar del extranjero a México. Sus días transcurren con indiferencia, como si la mente se negara a aceptar la vuelta a casa. Los únicos momentos que disfruta –más o menos– son junto a su hermano Tomás (Juan Pablo Campa) y la novia de éste, Nadia (Camila Selser). Sutilmente, como en la vida, las complicaciones aparecerán al centro de su relación.

Para profundizar sobre los temas que toca la película y las dinámicas de sus personajes, nos sentamos a platicar con dos de los protagonistas de la misma junto a su joven directora. A continuación sus respuestas.

¿Las traiciones se perdonan si hay amor de por medio?

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Camila Selser (CS): Yo creo que en la de la película sí. El amor va más allá. El amor es carnal y pasional. Es individual. Con todos los personajes, quizá no en este punto, pero logras ver esta empatía, esta solidaridad. No hay buenos, ni malos. No sabemos qué pasa después, sabemos que hay mucho amor de por medio, aunque algo termine.

Jimena Montemayor (JM): ¿Eso fue un sí? (risas) Es que parecía que no.

Juan Pablo Campa (JPC): Yo creo que hay dos temas que toca la película. El que me gusta mucho es: somos los seres humanos monógamos o no. Creo que somos capaces de amar a más de una sola persona en nuestras vidas. El punto donde se encuentran los personajes en esta historia es lo que hace de alguna manera resulte interesante al espectador. Hacernos darnos cuenta que como seres humanos estamos llenos de matices. Las cosas no tienen que ser forzosamente de cierta manera. No hay héroes, ni villanos. Sino seres humanos con vicios y virtudes. Eso va a encontrar el espectador en la película.

JM: Yo creo que sí y lo he visto en parejas. No en mi caso, con amigos. De pronto son estas pequeñas cosas y son los pequeños detalles los que hacen que tú ya no quieras estar con alguien. No las grandes pruebas de amor. De pronto el día a día se perdona, lo que te molesta es cómo deja el vaso en las mañanas. Eso hace que te desenamores, como antes hacía que te enamoraras. Nuestra capacidad de amar involucra el perdón.

¿Qué te inspiró a hacer la película?

JM: Nace a partir de una serie de reflexiones sobre el amor. Haber estado en estas tres situaciones. No como tal vivirlas, sino encontrarlas. Es muy distinta la historia. También de la anécdota de un amigo que uní todas las ideas en estos personajes.

Los personajes tienen muchos matices, ¿cómo desarrollaron eso entre ustedes?

JM: Tuvo que ver mucho con el trabajo de mesa que hicimos. Además de las experiencias de cada quien. Todos defendían a su personaje: “¡Oye, mi personaje le está pasando esto!” Era eso. Vivir sin juzgar a tu personaje, ni tampoco al otro. Fuimos como muy respetuosos en el trabajo de vernos.

JPC: También cuando filmamos la película teníamos juventud. (risas)

CS: ¡Divino tesoro!

JPC: La película habla de una época en la vida de los seres humanos donde tomas estas decisiones que nos llevan a situaciones que no son buenas, ni malas. Simplemente son consecuencia de las oportunidades que elegimos. Volteas a un lado y te enfocas en una cosa, descuidas otra. De pronto estás envuelto en cosas que forjaste sin darte cuenta.

¿Existe el equilibrio entre el trabajo y el amor?

JPC: A eso me refiero: Tomás, mi personaje, tiene muy clara su meta académica. Está dispuesto a dejarlo todo, pero no tiene el valor para enfrentar su situación sentimental. Cuando el personaje de Nadia va descubriendo que Tomás no la está involucrando, ahí toma decisiones que lo afectan a él. Es la falta de valor para enfrentar su situación sentimental.

JM: Es algo que le pasa a Nadia a lo largo de la historia. El equilibrio se da porque la pareja son dos personas. No puedes perder tu individualidad. Si lo vas a hacer tienes que estar muy consciente. Haber mucha comunicación. Sí hay manera de llevar las dos cosas. De eso va la vida: de tratar de encontrar el equilibrio.

No olvidar que somos individuos y no tengo que pensar lo mismo que tú. Está bien, te doy esa libertad. Te libero. Pero si no lo hablas y no eres consciente, te vas a estar dando de golpes con este, el que viene y el que le sigue.

¿En toda relación amorosa se sufre?

CS: No creo. Hay relaciones en las que te puedes volver amigo. Otras donde puedes ser feliz el resto de tu vida. El sufrimiento es inherente al ser humano, no tanto al amor. Te enfrentas al crecimiento, al conocerte. Hay personas que están mejor preparadas para eso que otras. Siempre que te despistas hay algo que te lo recuerda. ¡Ey, dónde estás! Qué piensas, qué quieres. Es un ubicatex. Eso tiende a ser el amor.

¿Nadie elige de quién se enamora?

CS: Yo creo que sí. Como dice Juan Pablo, todas las circunstancias que te pasan tú haces que pasen. Tú generas, tú abandonas o eres abandonado. No es necesariamente a partir de una maldad, tal vez es el inconsciente o la falta de herramientas. Qué va a saber un niño de 25 años lo que es el amor. Cómo decirle a su pareja: ven conmigo, aunque no sepa qué quieres. Te quiero dejar, pero no te quiero dejar. Te quiero tener, pero no te quiero tener. Crecer es dejar ir. El amor es una herramienta.

Jimena, dices que los personajes de la película viven como en un cuarto, aislados, ¿a qué se debe?

JM: Es muy cómodo. Lo hablamos hace rato. Hay cosas que suceden y te sobrepasan. Es terrible. Te sientes incapaz. Se vuelve cómodo sólo absorber lo que puedes contener. Es terrible. Uno no vive para estar cómodo. Haces muchas cosas, incluyendo algunas increíbles que vienen con miedo. Es entrarle a la vida. No es fácil. Lo más cómodo es hacer mientras no me toque. Vivo en la ciudad, no me importa lo demás. Es muy fácil no ver. Es una incapacidad de estar presente.

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