Muchos están entendiendo que delegar genera bienestar y es clave para construir el éxito, y que no es un tema generacional, sino que tiene que ver con capacitar. Sólo hay que saber hacerlo.

 

Una noticia del tipo de las que salen en revistas del corazón ha captado la atención del mundo empresarial: Mark Zuckerberg va a ser padre y se retirará un tiempo para disfrutar de la paternidad. “He decidido tomarme dos meses una vez que nuestra hija nazca”, se lee en su muro de Facebook. “Nos estamos preparando para la llegada de nuestra bebé y estamos eligiendo los mejores libros para niños y juguetes.” Insisto, parece una nota de sociales, pero no lo es. El anuncio lo hace al tiempo que Google, Netflix, Microsoft y otras empresas de alta tecnología amplían sus planes y políticas sobre términos familiares, como una forma de reclutar y conservar talento.

Así es, la tendencia es cuidar al equipo de trabajo por el bien de la compañía. Es la forma de fijar parámetros y reafirmar que, efectivamente, se tiene confianza en la gente que nos acompaña en la cotidianidad laboral. La disposición de Zuckerberg se refleja en otros altos ejecutivos y se repite. Marissa Mayer, CEO de Yahoo!, está embarazada y espera gemelos. También ha anunciado que se alejará de la oficina por algún tiempo. Sí, a la generación tecnologizada le llegó el momento de convertirse en padres. Lo relevante son las decisiones que están tomando al respecto.

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Según Zuckerberg, hay estudios que muestran que cuando los padres están cerca de sus recién nacidos, se da como resultado mejores niños y mejores familias. Sin duda, y también se dan mejores empresas. ¿Qué harían Yahoo! o Facebook sin sus timoneles? Mejor dejarlos ir por un rato que prescindir de ellos permanentemente.

Lo curioso es que muchos ejecutivos no pueden desconectarse de sus fuentes de trabajo y sufren ataques de ansiedad al pensar en que deben estar lejos. No son pocos los ejemplos de altos funcionarios que antes de entrar al quirófano siguen dando instrucciones, y tan pronto despiertan de la anestesia piden su teléfono celular para verificar cómo van las cosas sin ellos. Les resulta difícil concebir la idea de dar a otra persona la facultad de representarlos o de ejercer en su nombre. Por fortuna, las nuevas directrices en empresas de gran éxito están dando gran importancia a la preparación de equipos de trabajo y de ejecutivos para lograr que los jefes puedan delegar e irse por un tiempo en forma tranquila.

Algunos pensarán que éstas son ideas concebidas por jóvenes con otra mentalidad. No. Saber delegar no es un tema generacional, es una cuestión de capacitar. Richard Branson no es un millennial; el magnate inglés nació en 1950. Tiene un extravagante estilo de liderazgo, que sin duda le ha funcionado. Ocupa el lugar número 12 de las personas más ricas del Reino Unido. Tiene una filosofía de vanguardia con la que, dice, ha hecho crecer el emporio Virgin: prepara a su gente y confía en ellos.

Para Branson, emprender es apostar, arriesgar y divertirse. Es una fórmula que a él le ha funcionado muy bien. Reconoce que la posibilidad de perder le acelera la producción de adrenalina y que, desde su punto de vista, la emoción viene cuando la apuesta y el riesgo son más grandes. Sin embargo, la audacia no es el factor de éxito sobre el cual se basa el crecimiento espectacular de su gestión. Dice que muchos de los consejos que ha escuchado y dado son ideas que se han plasmado en muchos libros pero que no tienen que ver con la forma en la que él llegó a ser millonario. De hecho, critica a líderes y gurús que hablan de centrarse en la oferta de productos novedosos, en resolverle un problema al mercado o en el cliente como meollo de un negocio.

Según Branson, el éxito se construye cuando se sabe delegar. Un líder que pierde la capacidad de divertirse, de pasarla bien, de entender cuáles son los momentos en los que su presencia es requerida en otro lado, junto a los suyos, en un espacio de descanso o de recuperación, está haciendo las cosas mal.

Saber delegar implica entender que los ejecutivos son seres integrales que tienen vida más allá del entorno laboral. Por ello preparan equipos de trabajo para que puedan funcionar en los momentos en que no están. La mayor audacia no consiste en lanzar empresas en sectores diversos, en entrar en negocios que nadie exploró antes, en sacar dinero de las piedras o en detectar nichos de mercado. No. La mayor audacia surge del reconocimiento de que podemos y debemos ser prescindibles. Para ello se requiere una gran madurez ejecutiva y una gran humildad personal.

Delegar implica dar poder, autoridad y autonomía. No es asignar tareas y verificar que éstas hayan sido desempeñadas de acuerdo con los parámetros indicados. Es otorgar la libertad para tomar decisiones que el equipo o una persona en lo individual crea suficientes, convenientes o necesarias de acuerdo con su criterio. Es, asimismo, entender que ese punto de vista puede ser distinto del nuestro; es más, se corre el riesgo de que sea totalmente divergente y, a pesar de ello, confiar.

Es soltar las riendas y ponerlas en manos de otra persona. Para ello, el secreto es capacitar. Un equipo de trabajo bien entrenado tendrá el criterio para conseguir los resultados planteados siempre y cuando se le provea de la información y los recursos necesarios para desempeñarse en forma eficiente. Sé que, para muchos, esto puede resultar angustiante; sin embargo, las recompensas pueden ser muy beneficiosas en lo personal y para la empresa.

  1. Habrá mayor tiempo libre. Podremos desembarazarnos de tareas que ni nos gustan ni nos competen y que nos restan eficiencia.
  2. Se podrán aprovechar las competencias de los integrantes del equipo. Podremos rentabilizar conocimientos, habilidades, capacidades y aptitudes de nuestra gente, y tendremos la oportunidad de descubrir potencialidades que antes no sabíamos que existían.
  3. Se genera un mayor grado de compromiso. Cuando un empleado ve que sus sugerencias crecen y dan frutos, que sus iniciativas son tomadas en cuenta, se generan círculos virtuosos de cooperación y lealtad. Logramos que en el equipo de trabajo se generen prácticas que den como resultado clientes más satisfechos, procesos más rentables, proyectos más remunerativos.

Delegar es centrarnos en esa capacidad que tiene nuestra gente para hacer las cosas bien. Son ellos los expertos que descubren las mejores formas de ejecución, y muchas veces lo único que hace falta es dejarlos hacer.

Parece que Zuckerberg, Mayer, Branson y muchos otros están entendiendo que delegar y retirarse, más que generarles angustia, les genera bienestar, tanto en lo personal como en lo laboral. Saber delegar se convierte en una tendencia sumamente virtuosa.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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