Ser responsables con nuestra posición implica tomar acciones para que las urgencias mayores nunca lleguen.

 

En la película El día en que la Tierra se detuvo (2008), cuando llegan los extraterrestres al planeta para salvarlo, Klaatu (Keanu Reeves) y la Doctora Benson (Jennifer Conally) sostienen un diálogo crucial:

Klaatu: El problema son ustedes (los humanos). Su falta de voluntad para cambiar.

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Doctora Benson: Entonces ayúdanos a cambiar.

K: No puedo cambiar su naturaleza. Tratan al mundo como se tratan entre ustedes. Cada civilización alcanza un punto de crisis. Muchas no sobreviven.

DB: La de ustedes sí lo hizo, ¿cómo?

K: Nuestro sol se estaba muriendo. Teníamos que evolucionar para sobrevivir.

DB: ¿Entonces fue cuando su mundo estaba a punto de la destrucción cuando se convirtieron en lo que son ahora?

K: Sí.

DB: Pues es justo en donde estamos nosotros ahora, al borde de la destrucción, y tienes razón: es sólo al borde de la destrucción cuando las personas encuentran la fuerza de voluntad para cambiar. Sólo en la orilla del precipicio evolucionamos. Éste es nuestro momento, no nos lo arrebaten.

Este diálogo representa justo lo que sucede en nuestro gobierno, nuestras empresas, nuestras organizaciones y, claro, en nuestra mente. Es una característica muy humana, pero más acentuada en nuestro país. Sólo al borde de la destrucción cambiamos. Y estamos justo en ese punto.

¿Por qué esperamos a casi fracasar en nuestro matrimonio para cambiar? ¿Por qué esperamos a que nuestros hijos estén a punto del colapso emocional para ayudarlos? ¿Por qué esperamos que nuestra empresa esté en la quiebra para buscar nuevos procesos? ¿Por qué esperamos que las instituciones de gobierno sean inoperantes para hacerles ajustes? Simple: porque el cambio cuesta y cuesta mucho, sobre todo mental y emocionalmente, y hasta que vemos la destrucción cerca, logramos hacer el esfuerzo del sacrificio.

En cada territorio de nuestra vida y de nuestro país nos cuesta reconocer los errores del pasado, de la falta de planeación, de la falta de transparencia y consenso, de la falta de comunicación, de la poca voluntad para escoger a las mejores personas en cada posición.

Nos cuesta hacer un alto en el camino. No cambiamos con anticipación porque nos cuesta pedir apoyo y aceptar que no sabemos lo que no sabemos. Nos cuesta el cambio porque nos da miedo la incertidumbre de lo que vendrá. No sabemos cómo administrar la realidad actual y en simultáneo la planeación y ejecución del cambio. Nos cuesta mucho el cambio porque, en nuestro inconsciente, estamos aterrados considerando que probablemente en ese nuevo modelo no sabremos operar de manera eficiente y cómoda.

Hemos vivido un mito en nuestro inconsciente colectivo de que los cambios mayores llegan cuando se vive la urgencia mayor. Aunque la urgencia sí es la madre de la necesidad del cambio, ¿por qué no sentirla cuando los primeros indicadores negativos se asoman? No tienes que comenzar a comer bien cuando ya tuviste un infarto; la urgencia podría llegar antes, cuando descubres que lo que estás comiendo contiene demasiadas grasas, azúcar, conservadores y calorías.

En las empresas ocurre lo mismo: hasta que las ventas están cayendo y la competencia se apoderó de gran parte de tu mercado es cuando surge la motivación para el cambio de estrategias. Aunque para ese momento habrá poco que hacer.

Ser responsables con nuestra posición implica tomar acciones para que las urgencias mayores nunca lleguen. Si permitimos que esas urgencias lleguen estamos incumpliendo con uno de los mandatos más básicos de cada función: asegurar el futuro.

Existen varias desventajas de esperarnos a cambiar hasta que las urgencias mayores llegan: muchos problemas ya no tendrán solución, la inversión en el cambio será mayor, no tendremos posibilidad de probar con tiempo algunas posibles soluciones y aplicaremos las primeras que se nos ocurran. ¿Qué sucederá? Generaremos soluciones que no tengan tanta fuerza cognitiva. Éstas, de momento, provocarán alta emocionalidad y se incapacitará parte de nuestra cognición.

Hoy te toca asegurar el futuro y no vivir urgencias mayores. Te toca asegurar el futuro de tu marca y de tu empresa. Le toca a este gobierno asegurar el futuro del país y salir de las urgencias mayores actuales y asegurarse que mañana no lleguen otras aún mayores.

 

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