Como ha sido la norma en las tres últimas elecciones presidenciales, existe en México una gran expectación respecto al proceso electoral de 2018 y, en particular, a los resultados que puedan presentarse el próximo julio. Para muchos los resultados de la elección se definirán en gran medida en una suerte de cargada global en la cual los nacionalismos de corte proteccionista inclinarán la balanza frente al descontento generalizado respecto a los partidos políticos, así como a una cierta fatiga de las políticas económicas de estabilidad macroeconómica y libre comercio implementadas globalmente desde hace décadas. Los partidarios de este escenario consideran que el caso en México no será muy diferente a lo observado internacionalmente, dando paso entonces al candidato opositor de Morena como un claro ganador. Esto aderezado de alguna manera -según argumentan los que sostienen esta hipótesis- por la baja popularidad del gobierno de EPN en la mayoría de las encuestas de opinión disponibles.

Sin embargo, es necesario ver las cosas con más frialdad y detenimiento para tener una idea más clara de lo que podemos esperar en 2018. Así que es necesario considerar varios aspectos, entre los que podemos destacar los siguientes:

Matizar las votaciones internacionales recientes

Cuando uno mira lo ocurrido internacionalmente las cosas se matizan bastante más y pasamos del blanco y negro puros, a una escala de grises. Si bien es cierto que tuvimos los triunfos del Brexit en Reino Unido, el No a la Paz en Colombia, así como el triunfo de Trump en los Estados Unidos; también es cierto que fuimos testigos del triunfo de Partido Popular (PP) en España frente a la alternativa que representaba “Podemos”, del triunfo de Emmanuel Macron frente a la nacionalista Marine Le Pen en Francia, y el triunfo del Primer Ministro holandés Rutte sobre el nacionalista anti Unión Europea, Geert Wilders.

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Considerar el efecto de los independientes

En la elección mexicana, como en cualquier elección, existen factores inerciales y otros nuevos que aparecerán en forma destacada en el próximo proceso electoral, siendo entre estos últimos factores la aparición por primera vez de los candidatos presidenciales independientes. Este es un verdadero cambio en las reglas del juego porque abre la puerta a candidatos ciudadanos y, de la misma forma, abre la elección a la dispersión del voto más allá de las cuatro fuerzas políticas principales. Lo que hemos visto es que a la fecha hay 48 candidatos independientes registrados buscando cumplir con los requisitos que marca la ley, entre los que podemos encontrar candidatos que vienen de partidos tradicionales y tienen poco de ciudadanos. Al mismo tiempo, vemos que la dispersión del voto muestra que los candidatos independientes podrían llevarse cerca de 20 puntos porcentuales de la votación.

Entender cómo vota el electorado

Existen muchas reflexiones respecto a lo que los votantes toman en cuenta para emitir su sufragio. Si bien existe el llamado “voto duro” en todos los partidos, en unos más y en otros menos, lo que hemos experimentado en las últimas elecciones es un voto flotante que se mueve de un partido a otro en función de lo atractivo de los candidatos. Esto apuntaría a que es muy probable que algunos votantes cambien de partido y voten por otro candidato, siempre y cuando esa oferta política sea la de su preferencia. Existe un margen entonces para ver movimientos de votantes entre partidos que responden más a una lógica de proyecto y propuestas más que de partido.

Distinguir el dilema del electorado en 2018

Claramente, el electorado se enfrentará -como ha sido la experiencia internacional que señalé anteriormente- a una suerte de referéndum entre seguir con las políticas de estabilidad macroeconómica, libre comercio y reformas estructurales vs. políticas expansionistas en la macroeconómico, políticas de corte proteccionista en lo comercial y que cuestionan abiertamente las reformas estructurales. Así, en algún punto el electorado experimentará un tipo de de facto segunda vuelta electoral en la que tendrá que decidir entre votar por el candidato de sus simpatías y aceptar que gane el candidato con un proyecto de país que no es el de su preferencia o, alternativamente, votar por el candidato del proyecto de país afín y que pueda ganar. Esto sería una reedición del llamado voto útil en el que los votantes cerrarían filas por el proyecto que les inspira y ya no tanto por el candidato que les gusta.

Estando así las cosas, habrá que esperar unas elecciones presidenciales 2018 bastante más abiertas de lo que en principio se comenta vox populi pues aún no hay nada para nadie. Y, al mismo tiempo, bastante más cerradas al ser una suerte de referéndum entre dos visiones y proyectos de país. La suerte está echada.

 

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