Por Rosa Muñoz Lima

DW.- El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), hizo pública este lunes (25.03.2019) una solicitud remitida con anterioridad a la Corona española y a la Iglesia Católica: pedir perdón, junto con el Gobierno mexicano, por los “agravios”, la “represión” y hasta el “exterminio” sufridos por los pueblos originarios de su país durante y después de “la llamada conquista”. La reacción española ha incluido todo tipo de críticas e insultos a AMLO.

DW habló con Christian Büschges, profesor de Historia Ibérica y Latinoamericana en la Universidad de Berna, Suiza y autor de títulos como «Democracia y Genocidio. Etnicidad en el espacio político».

DW: ¿Qué sentido tiene esta exigencia de López Obrador hoy?

Christian Büschges: No hay hasta ahora ninguna señal de exigencias concretas de reparaciones, que permita una comparación, por ejemplo, con el caso de Namibia (ante Alemania). Así que cabe preguntarse: de dónde sale esta iniciativa repentina; hasta qué punto es parte de la política simbólica, en el marco de un debate que no es nuevo, que se retoma cada vez que se acerca un aniversario de la conquista, especialmente desde 1992, tras el 500 aniversario.

Por estos hechos históricos, otros países han pedido perdón

¿Por qué responde el Gobierno español “con toda firmeza”, mientras políticos y personalidades diversas se indignan y lanzan insultos, sugieren que AMLO es “imbécil” o “sinvergüenza”, de “una ignorancia escandalosa”, de una corriente de pensamiento “indigenista” que “no pone en contexto los hechos históricos”?

Ya hubo en 2017 una declaración escandalosa del presidente de la televisión española, José Antonio Sánchez, que hablaba de que no había existido tal conquista, sino una “misión civilizadora” de “pueblos bárbaros”, etcétera. O sea, que la memoria de España sobre la época colonial es otra que la de América Latina. Se pone la conquista heroica en primer plano, la civilización. No por casualidad el día nacional de España se celebra cada 12 de octubre, por la llegada de Cristóbal Colón a América. De ahí que las reacciones en España sean tan furibundas, porque entran en ese terreno del debate historiográfico sobre la memoria.

En efecto, creo que aquí no preocupan posibles exigencias de reparaciones, sino que se trata del debate político sobre cómo se ve España a sí misma, a su pasado imperial, que forma parte –en gran medida- de la autoimagen española. Esta exigencia de disculpa de México choca de lleno contra esa autoimagen, contra esa política de la memoria que ubica a los españoles como los conquistadores de un continente, los que llevaron el cristianismo al Nuevo Mundo.

De ahí las reacciones airadas, especialmente de los partidos conservadores, sobre todo del Partido Popular (PP), que insiste en afirmar que no hubo destrucción, que la “civilización” del continente fue un aporte de los españoles y los “daños colaterales” eran inevitables. El debate es tan antiguo como la conquista misma y comienza en el siglo XVI, con lo que los españoles llaman la “leyenda negra” sobre la devastación de América.

¿Por qué tanto los críticos de la exigencia del Gobierno mexicano, como los de la reacción del Gobierno español, hablan de oportunismo político?

La exigencia de México llega de forma inesperada. Y, en el propio México, los libros escolares hablan tanto de los aztecas como de Hernán Cortés como fundador de la civilización mexicana. Además, está el modo en que los Gobiernos mexicanos trataron, como un mero problema regional de injusticia social, el levantamiento de Chiapas en 1994, mientras los zapatistas defendían allí una sociedad multicultural. Así que el tratamiento de los pueblos indígenas, más allá de los museos y el folclore, es un tema crítico en el propio México.

AMLO parte de un posicionamiento izquierdista contra el colonialismo y el imperialismo, pero activistas indígenas de derechos humanos aún sufren persecución en el México actual. No obstante, AMLO se suma así a una corriente que se ha extendido en América Latina, con constituciones multiétnicas, exigencias de protección a las culturas y las lenguas indígenas, etcétera.

El debate en España, por otra parte, recuerda en alguna medida a la actual nostalgia británica por el imperio. Hay una nostalgia por la era colonial, cuando España dominaba el mundo. El imperio colonial es parte de la grandeza de la historia de la nación española, sobre todo para la política oficial, aunque los historiadores tienen una visión más diferenciada. Por eso no sorprende la reacción, especialmente de los conservadores.

¿No sorprende que sea un gobierno socialista quien reacciona así, a pesar de que la exigencia de disculpa se le planteara a la Corona y no al gobierno?

España vive ahora un debate sobre el traslado de los restos de Franco, en el que los partidos de derecha vuelven a defender posiciones nacionalistas, con más fuerza y éxito, como en otros países europeos. Así que el gobierno socialista está jugando también esa carta del nacionalismo, para no dejarles el campo a los partidos conservadores.

¿Se pueden establecer aquí paralelos con exigencias de disculpas por deudas del pasado en otros países, por ejemplo, en Australia ante sus aborígenes, o en la propia Alemania, ante Namibia o Polonia?

El caso de Australia, como el de Namibia es diferente porque allí se trata de cuestiones jurídicas concretas, no solo simbólicas, de la exigencia de reparaciones. En el caso de Namibia, el gobierno alemán tiene una posición pragmática, no quiere entrar en debates que conlleven exigencias de reparación. Pero el tema no ha tenido gran impacto en la opinión pública porque el pasado colonial alemán juega un papel menos significativo en Alemania, no es parte del mito nacional como en España. Y en el caso de (el entonces canciller alemán) Willy Brandt, arrodillado en Varsovia, se trató de pedir perdón por crímenes concretos de los nazis, de los cuales el gobierno alemán se distanciaba, un contexto totalmente diferente al de España.

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