Por Hugo Salvatierra Arreguín

Los problemas logísticos, la congestión vehicular en carreteras y avenidas de las ciudades mexicanas y la necesidad de contar con datos sobre el trajín urbano detonaron el surgimiento de múltiples startups.

Llevan nombres como SinTráfico, Sendengo, Bussi, Wheels y Parkeo; emulan a empresas internacionales como Uber o Waze y prometen soluciones para agilizar el desplazamiento de personas y mercancías, y optimizar los espacios de las ciudades.

Su modelo de negocio parte de la premisa de que, tanto las personas como los gobiernos y las empresas, están dispuestos a pagar por el uso de una plataforma tecnológica que les ayude a ahorrar tiempo.

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Además, compañías inmobiliarias, por ejemplo, pueden comprar sus bases de datos, sobre la dinámica urbana, antes de decidir si desarrollan un centro comercial y cómo lo construyen.

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SinTráfico en tiempo real

En un parque de diversiones de Estados Unidos, Hernando Guzmán vio un sistema de mansajes SMS en el que los visitantes reportaban la saturación de las filas para acceder a los juegos y consultaban el estatus de las atracciones a las que querían ir. Al regresar a México, Guzmán platicó esta idea de trabajo colaborativo con Waldo Cervantes, Francisco Valdés y Eugenio Riveroll, con quienes ya planeaba la creación de una empresa.

A mediados de 2011, fundaron SinTráfico, una plataforma tecnológica de información en tiempo real para organizaciones no gubernamentales, gobiernos y empresas, que se nutre de información automatizada captada con dispositivos colocados en vehículos de sus clientes, de fuentes oficiales (policías, Cruz Roja y oficinas de gobierno) y de negocios del ramo (operadores de redes de peaje y de estacionamientos o firmas de carpooling).

SinTráfico identifica patrones y tendencias que ayudan a los transportistas a encontrar las mejores rutas, a funcionarios a hacer planeación urbana, a empresas a identificar cuáles zonas son aptas y cuáles no para construir un centro comercial según la congestión vial o a definir calles con alta exposición para colocar publicidad exterior.

“Tenemos plataformas online para compañías que hacen consultoría en desarrollo urbano, pueden entrar y dar click en una calle y ver gráficas y entender cuáles son los patrones de velocidad de los últimos meses, cómo varía el tráfico y la velocidad en uno y otro día, cuántos vehículos pasan en determinada calle…”, platica Eugenio Riveroll, director general de la empresa.

Entre sus clientes están Autotrafic, especializada en seguridad vial y radares de velocidad; la operadora de estacionamientos Copemsa y PTV Group, que provee software para modelación del tráfico.

SinTráfico llevó a cabo el desarrollo y arrancó operaciones con una inversión de 10 millones de pesos (mdp). Reunió el dinero con capital de los fundadores, inversionistas privados, fondos de inversión de capital de riesgo y apoyos gubernamentales, como los del Fondo de Innovación Tecnológica del Conacyt-Secretaría de Economía y de Nacional Financiera (Nafin).

La firma no revela sus ingresos, pero asegura que, el año pasado, sus ventas crecieron ocho veces contra las de 2015 y que 90% del total viene de la iniciativa privada y 10% de gobiernos. Tiene más de 10,000 usuarios finales en su base de datos, tanto de empresas como de particulares. Ahora está por lanzar una plataforma en la que los gobiernos podrán operar su movilidad en tiempo real.

Sendengo rompe cadenas

Con la ayuda de una app y un portal web, Sendengo logró romper las cadenas de intermediaros que merman las ganancias de los hombre-camión, como se conoce a quienes son dueños y conductores de su propio vehículo y que suelen recibir sólo dos terceras partes del costo real de un servicio.

El servicio enlaza a personas o compañías que necesitan mover sus productos, con microempresarios que tienen un vehículo o una flotilla de cinco a 10 unidades, e incluso con líneas medianas de transporte. El principal requisito es que tengan Registro Federal de Contribuyentes (RFC). En diciembre de 2015, Sendengo salió en una versión beta de cinco meses.

Con esta plataforma, el transportista entrega su carga y, en lugar de regresar vacío, puede encontrar otro trabajo en el camino, describe Alejandro García Medina, director general de Sendengo. Cuando encuentra una oferta que le conviene, el interesado oprime el botón “llamar” y un servidor lo pone en contacto con el cliente, sin mostrar su número telefónico.

“Esta industria tiene muchos accesorios, estadías, fletes en falso y ha sido muy castigada por los intermediarios; acuerdan 10,000 pesos y al transportista le pagan 6,000”, describe Marco Reyes, cofundador.

Por eso, una vez que acuerdan un precio y las características del trabajo, el cliente paga el monto total a Sendengo, quien cobra el equivalente al 10% del valor de la transacción. Cuando la mercancía llega a su destino, el cliente da click en “autorizar pago” y se libera el dinero o, en su defecto, da un código al transportista.

La empresa, fundada por Marco Reyes, Jesús Sibilla, Sergio Plata y Alejandro García, inició con un capital de 500,000 pesos, provenientes de los socios, y posteriormente accedió a dos mdp del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y tres mdp del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem). Próximamente lanzará una ronda de familias de tres mdp.

Su cliente más fuerte es Unilever y está en negociaciones con refresqueras, panificadoras y empresas de cosméticos, entre otras.

En números, en la prueba beta registró 26 asignaciones de cargas a los transportistas, y la versión 2.0, iniciada en noviembre de 2016, ha tenido 130 asignaciones hasta mediados de febrero de 2017 (con un monto aproximado de 16,000 pesos por envío). En la primera fase, los interesados publicaron un promedio de 18 cargas al mes, cifra que hoy es de cinco al día.

Entre sus planes está lanzar un comparador de precios de aseguradoras de carga en el segundo trimestre del año; además, trabaja con SinTráfico en un sistema de ruteo y monitoreo para el autotransporte, una especie de Waze, pero con indicadores para los transportistas.

Planea también iniciar un negocio de factoraje para los transportistas, además de que evalúa la implementación de un sistema de pricing para que los transportistas tengan referencias de precios para los envíos.

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Bussi, camioneta compartida

Ricardo Martínez, quien estudió en la escuela de hackers Dev.f, se mudó de Puebla a la Ciudad de México, donde un tío le prestó una casa cercana al aeropuerto. Diario perdía más de una hora para llegar a su trabajo en Nuevo Polanco, por lo que se propuso lanzar un negocio que resolviera el problema de la movilidad.

En ese tiempo conoció a Víctor Manuel Cosío, quien acababa de cerrar una startup que hacía pulseras similares a las de Fitbit (monitoreo de actividades personales), y estaba en busca de un nuevo emprendimiento. Tras platicar, decidieron comenzar un negocio de camionetas compartidas. Al plan se unió Ramón Carmona.

En agosto de 2015 dio comienzo el primer piloto de Bussi, un servicio ejecutivo con Wi Fi para el público en general (B2C), pero, sobre todo, para quienes trabajan en corporativos (B2B). Una vez registrado en la aplicación, el usuario elige o propone un camino y lo comparte; tras pagar su ticket, que es de 45 pesos promedio entre 15 y 25 km, y que va de 55 a 65 pesos si son 35 km en horas pico, se le indica la localización en el que será recogido. En el caso de las empresas, el costo corre por cuenta de la compañía mediante precios preferenciales.

La startup comenzó con un capital de entre 500,000 y 600,000 pesos, provenientes de los socios y del Ford Mobility Challenge (15,000 dólares). En septiembre del año pasado, entró una ronda de inversión, cuyo monto la empresa prefiere reservarse.

Para implementar el servicio, los socios utilizaron el leasing (arrendamiento de unidades) e invitaron a dueños de camionetas. Actualmente operan en la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) con una ruta abierta a todo el público, en Ciudad Satélite, pero su fuerte es el servicio a compañías de Polanco, Interlomas y Santa Fe.

En el caso del modelo B2B, los empleados se registran con el correo corporativo e incluso algunos traslados pueden mezclar a gente de diferentes organizaciones, si así se estipula desde un inicio.

Bussi comenzó con una sola camioneta y en la actualidad cuenta con 25 unidades (50% propias y 50% de externos); cada mes se suman dos o tres unidades más. A la fecha, ha realizado 10,000 viajes y tiene 400 usuarios frecuentes (80% de empresas) y 2,000 registrados, pero se añaden entre 80 y 100 nuevos cada mes.

“Estamos planeando meter, a principios de marzo, alrededor de 10 rutas abiertas a Santa Fe, desde diferentes puntos de la ciudad”, dice Cosío, cofundador de Bussi.

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Wheels, el negocio en otra parte

Wheels surgió como una plataforma web y móvil para compartir vehículos y crear grupos de ciclistas; pero, a diferencia de otras compañías de movilidad, su negocio no está en los usuarios, sino en información que vende a instituciones como universidades y empresas, entre las que está Mapfre.

El trabajador ingresa con su correo electrónico corporativo, programa su trayecto y el sistema le muestra a compañeros con recorridos similares, con quienes puede acordar las condiciones del viaje, como un apoyo económico; los usuarios pueden asumir los roles de pasajero, conductor, taxi compartido y ciclista (compañero de ruta).

El uso de la plataforma es gratuito y también puede haber grupos no empresariales, como en cualquier red social, aunque las posibilidades de encontrar un acompañante son más reducidas, pues en esos casos sólo suele añadirse a los conocidos.

Con los viajes, la startup elabora informes de las emisiones de bióxido de carbono que los empleados dejaron de emitir al ambiente y datos de su movilidad. Éstas y otras estadísticas suelen ser utilizadas para robustecer los reportes de responsabilidad social o sustentabilidad de las compañías; esto tiene un costo de 100,000 pesos mexicanos anuales.

De manera previa, Wheels lleva a cabo un diagnóstico (75,000 pesos) y la implementación del sistema (115,000 pesos), que incluye una campaña de comunicación.

La startup fue fundada en marzo de 2014, en Colombia, por José David Monterroza López y Wilber Jiménez Hernández; actualmente opera en Bogotá, Medellín y Santander. Desde febrero de 2016, también da servicio en la Ciudad de México. Cuenta con más de 60,000 usuarios registrados (60% de grupos organizaciones y 40 de público general).

Wheels inició con 70,000 dólares, provenientes de Crédito de Fomento Empresarial, una cooperativa que da financiamiento para vivienda, autos y fomento empresarial a tasas preferenciales. Para entrar en México echó mano de 30,000 dólares del programa The Bridge 2016 – Softlanding para empresas Latinoamericanas, auspiciado por la Secretaría de Economía y el Inadem.

En nuestro país, la firma comenzó a operar en febrero de 2016 y, hasta la fecha, cuenta con cerca de 8,000 usuarios, 5,000 ligados a organizaciones (en Colombia tiene 50,000 usuarios, 30,000 de organizaciones).

“El año 2017 va a ser un tiempo de consolidar nuestro servicio y esperamos, por lo menos, triplicar el número de usuarios que logramos en 2016, que fue una etapa de prueba”, asegura José David Monterroza, director general de Wheels México. La meta es sumar otros 15,000 usuarios institucionales, por lo que ya planea la expansión a ciudades como Puebla, León y Monterrey.

Parkeo, estaciónate en casa

Cuando Carlos Díaz Wandel iba a la universidad, siempre batallaba para encontrar lugar de estacionamiento. Le llamaba la atención que, mientras las calles estaban dominadas por los franeleros, en las casas aledañas había cocheras vacías.

Esa paradoja le sugirió crear Parkeo, una plataforma que conecta a los dueños de cajones libres con potenciales arrendatarios. En enero de 2016, la empresa lanzó el primer prototipo en la Ciudad de México, y ahora cuenta con un capital de 100,000 pesos propios, 250,000 pesos de inversionistas ángeles y un mdp del Inadem.

En un inicio, Parkeo funcionaba con una página web, donde los usuarios registraban su oferta de cajones y los potenciales clientes sus necesidades (tipo de espacio, horarios y ubicación). “Una vez que yo tenía la demanda, te escribía un WhatsApp y te decía: ‘Oye, ya tengo un cliente para ti’. Los ponía de acuerdo y pedía el depósito a mi cuenta y luego liberaba el fondo al propietario, menos mi comisión, de 20%”, describe Díaz Wandel.

Hoy el proceso está sistematizado en un portal y próximamente saldrá una app para Android e IOS. El conductor entra al sitio web, llena un formulario y selecciona el número de meses de reserva. El pago puede ser mediante SPEI, Farmacias del Ahorro, 7-Eleven, otras tiendas, y dentro del sitio web de la startup.

Parkeo tienen 150 cajones en su plataforma y ha llevado a cabo 100 reservaciones mensuales, de un promedio de 1,400 pesos por una estadía de 24 horas entre semana en casas o edificios de departamentos. La mayor demanda está en Polanco, Cuauhtémoc, Condesa y Roma.

“Queremos insertar un sugeridor de precios por zona, pero es muy complicado; necesitamos muchísimos datos”, comenta Díaz Wandel, al hablar del futuro.

 

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