Es un momento histórico. También histérico… La economía global no ha terminado de superar el cambio en los precios del petróleo y sus consecuencias, para tener que empezar a vivir el reajuste del Reino Unido y su poderosa libra esterlina.

Tiemblan los bancos que tenían a Londres como su sitio seguro. Tiemblan las empresas de transporte europeas que subsisten del poderoso sistema de transporte inglés. Tiemblan las bolsas que de nuevo verán volatilidad mientras los capitales migran de nuevo. Tiemblan los bancos centrales de todo el mundo ante el drástico cambio que sufrirán sus monedas como consecuencia de este torbellino.

La polarización como tendencia que mueve el entorno económico, social y cultural ha llegado a su ‘tipping point’, y sin darnos cuenta, algunos nacionalistas de extrema como Marine LePen, Donald Trump y Boris Johnson podrían terminar liderando Francia, Estados Unidos e Inglaterra al mismo tiempo, en no menos de dos años. Una idea que asusta hasta a los más derechistas.

Más de 33 millones de ingleses (81% de participación electoral) salieron a votar, y la respuesta ha sido su inminente separación de la Unión Europea. ¿Cuál ha sido la respuesta de su contraparte? “Esperamos la salida de Reino Unido lo más pronto posible, por más dolorosa que sea. No estamos dispuestos a negociar nada”, dijo Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

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Para América Latina, los efectos del Brexit son menores, si se tiene en cuenta que para la mayoría de la región las exportaciones a Reino Unido no significan más del 2%, y que, exceptuando el caso de cuatro países de la región, la mayoría de los latinos necesitan una visa para entrar a Londres.

Esta lejanía también está relacionada con la inmensa diferencia de ingreso que hace muy difícil para muchos visitar Reino Unido o generar negocios en libras, lo que al final genera una distancia cultural.

Pero hay que pensar a largo plazo más allá de la tasa de cambio del peso mexicano. El nacionalismo, ese discurso que predica que abrir las fronteras le quita el trabajo a los locales, desmantela la capacidad productiva y la competitividad, amplía las posibilidades de amenaza a la seguridad ciudadana (desde el ladrón de calle hasta el terrorismo), y el que la mejor manera de lograr “volver a ser el país que fuimos” es cerrando las fronteras económicas y políticas está tomando forma en una escala global.

Es evidente que éste puede ser un efecto cadena y que podremos ver a las principales potencias del mundo dando un paso atrás en el proceso de globalización. No importa cuántas veces Boris Johnson diga que Inglaterra sigue siendo parte de Europa; es de público saber que sus intenciones de ser primer ministro (que inspiraron su lucha por el Brexit) buscan en el fondo crear el muro de Trump en su mejor versión “brit”, haciendo que los refugiados musulmanes no puedan llegar allá.

Debemos prepararnos para que éste sea uno de los escenarios de la humanidad de cara a 2020, inesperado para muchos, deseado por otros y temido por muchos más. El nacionalismo en escala global toma otro tamaño a partir de hoy, uno de esos cisnes negros que, sin darnos cuenta, pueden cambiar el curso de la humanidad. Por ahora, el Dow Jones sigue a la baja…

 

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