DW.- Durante cuatro días, 120 funcionarios de Reino Unido y otros 120 de la Comisión Europea se dividieron en diez grupos de trabajo en Bruselas, con el fin de negociar las futuras relaciones entre ambas partes después del Brexit. El jefe negociador de la UE, Michael Barnier, calificó los resultados de esta primera ronda con un tono sobrio: “No es ninguna sorpresa que tengamos posiciones tan distintas. Pero algunas cosas resultan realmente difíciles. Pese a ello, creo que todavía podemos obtener un buen acuerdo para ambas partes”.

Barnier advirtió que debe existir un respeto mutuo en estas negociaciones. El Reino Unido ha pasado mucho tiempo remarcando en estas negociaciones que ellos son independientes, y eso está muy bien, dice el negociador de la UE. Pero, recuerda, “nosotros también les vamos a exigir que respeten la soberanía e independencia de la Unión Europea”.

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Los británicos exigen confianza

El jefe negociador británico, David Frost, señaló en esta primera ronda varias líneas rojas, que también pueden encontrarse en el mandato oficial de las negociaciones. “Si los británicos establecen sus términos, la UE por supuesto hará lo mismo. La verdadera pregunta acá es qué ganamos con esta nueva independencia si lo que vamos a hacer es regular el comercio y los viajes”, comentó Michel Barnier sobre las conversaciones.

Frost no habló con la prensa en Bruselas. Diplomáticos de su entorno más cercano sí, y dijeron que el Reino Unido se negó a aceptar la adopción de normas de competencia y reglas de comercio de la UE en un eventual acuerdo. La UE debería confiar en que los británicos mantendrán altos estándares en sus productos y servicios, dijeron. En muchas áreas serán productos mejores que los europeos, aseguraron.

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Los negociadores: David Frost (izq.) y Michael Barnier (der.).

UE insiste en las reglas

Todo parece indicar que Barnier no confía del todo en los británicos, y por ello insiste en que los estándares y las normas de competencia deben estar en el acuerdo comercial. El mismo primer ministro británico, Boris Johnson, estableció este piso mínimo en la reunión de jefes de gobierno y Estado de la UE en octubre de 2019.

“Necesitamos un acuerdo sobre las reglas del juego, para garantizar que las promesas que hicieron en su declaración política Boris Johnson y los líderes europeos sean respetadas”, dijo Barnier, quien tampoco quiere tener diez acuerdos distintos, uno por cada sector que está negociando, sino un acuerdo integral. La parte británica hasta ahora ha rechazado este punto.

Asuntos delicados son, como han sido siempre, los derechos de pesca. Los británicos insisten en otorgarlos anualmente a franceses, belgas y daneses en sus aguas costeras recién ganadas. Michel Barnier también rechaza esta propuesta y, en cambio, exige derechos de pesca a largo plazo para los pesqueros comunitarios a cambio de otorgar acceso al pescado británico al mercado de la UE. Es dudoso que, como está previsto, en este asunto se alcance un acuerdo en julio.

Plazos acotados

El acuerdo comercial debería entrar en vigor a fines de este año. El objetivo de las partes es reunirse cada dos o tres semanas de forma intercalada en Londres y Bruselas. A pesar de la crisis generada por el coronavirus, hasta ahora los viajes de las delegaciones se seguirán realizando tal como habían sido planeados.

En el verano se debería realizar una primera evaluación. Si a esa fecha no hay progresos notorios, el premier británico quiere cancelar las conversaciones y llevar adelante lo que se conoce como un “brexit” duro el 1 de enero de 2021. Ahí termina el período de transición con la UE, que Barnier preferiría extender para tener más tiempo para negociar.

Barnier estaba algo irritado, porque aparentemente Reino Unido pretende ofrecer a Estados Unidos, en las negociaciones paralelas que lleva con esa potencia, un acuerdo sobre reglas de competencia y estándares, las mismas que se niega a conversar con la UE. “Muy buena suerte en las negociaciones con el señor Trump”, dijo Barnier, en tono burlón, sabiendo que esas tratativas, especialmente aquellas que buscan evitar aranceles entre Londres y Washington, son muy duras. Según la experiencia europea, cuando se trata de negociar, lo último que tienen en mente en la Casa Blanca son condiciones justas para ambas partes.

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