El Brexit sigue sembrando el caos en Reino Unido. Mientras May no logra alcanzar un acuerdo con la oposición para sacar adelante el acuerdo de Brexit pactado, las condiciones económicas para Reino Unido siguen complicándose. El entorno económico continúa desacelerándose, por lo que el escenario no es el mas propicio para negociar una forzosa salida.

Como hemos podido observar, la Unión Europea sigue mostrando predisposición a pactar un acuerdo con el pueblo británico, ofreciéndoles una prorroga supeditada a que el Parlamento consiga firmar el acuerdo antes del 12 de abril, sin embargo, a unas horas del límite fatal la UE y May acordaron prorrogar el artículo 50 por segunda vez. La nueva fecha límite para el Brexit es el 31 de octubre. Hoy Debemos entender la necesidad de esta prórroga, pues de darse un Brexit forzado, podríamos ver negativas consecuencias para la economía británica.

Según Standard & Poors (S&P), la agencia de calificación crediticia, el PIB británico, de no estar en medio del entramado y tortuoso proceso de salida, estaría creciendo a un mayor nivel del que crece, prueba de que los separatismos y la falta de cooperación penaliza la economía del Reino Unido. Una economía que, cayendo en lo que hemos mencionado anteriormente, necesita un impulso, ahora más que nunca.

La economía de la zona euro sigue desacelerándose. Alemania, como economía líder y de referencia para la Unión Europea ya muestra unas macromagnitudes muy distantes de las que presentaba el año pasado, así como de las pronosticadas por organismos como el Fondo Monetario Internacional. Otra prueba de cómo la falta de cooperativismo, así como los shocks de incertidumbre, dañan la economía, agravando la situación de desaceleración.

Estamos hablando que, de acuerdo con los análisis que ofrece S&P, la economía británica se ha dejado un 3% en la expansión de la economía con motivo del referéndum de salida. Algo a tener muy en cuenta, contando que los ritmos de crecimiento de todas las economías desarrolladas, como las emergentes, están moderándose a niveles muy bajos.

El pueblo británico quiere, y debe, sacar adelante un acuerdo de Brexit estructurado. Estamos hablando de que muchos ciudadanos del pueblo británico poseen intereses en la zona comunitaria, así como otros muchos ciudadanos comunitarios que poseen intereses económicos en Reino Unido. Según los estudios que hizo la Cámara de Comercio Española en Reino Unido, estos intereses de los que hablamos, poco se han visto reflejados en el Brexit.

Esto es un error garrafal por parte de Theresa May, pues, los empresarios españoles, por ejemplo, poseen un flujo de inversiones hacia Reino Unido cercano a los 77.000 millones de euros. A su vez, estos flujos de inversiones han generado en el país más de 127.000 empleos, por lo que, de no verse reflejados estos intereses en el acuerdo de salida, podríamos estar ante una masiva retirada de capital extranjera.

Desde el referéndum, el flujo de capital que recibe Reino Unido de España, y vuelvo con España por poner un ejemplo concreto de país europeo aliado, es de 1.657 millones de euros. Todo ello por el escenario de negocios que ha provocado el Brexit en el país. Las empresas están dejando de confiar y paralizan sus inversiones en el país ante la posibilidad de que no se llegue a un acuerdo.

En referencia a esto, Bruselas ha hecho una advertencia a todos los países que poseen intereses económicos en el país, advirtiendo de que sería probable que no se materializase un acuerdo de Brexit estructurado, por lo que los empresarios europeos deberían mostrar cautela a la hora de realizar sus inversiones en el país. Esto, sumado a la caída de la libra desde el referéndum y el incremento de la inflación, muestra la penalización económica que está sufriendo el país.

Debemos tener en cuenta que Reino Unido es una de las economía líderes en Europa y muchas empresas de determinados países de la Zona Euro poseen grandes intereses económicos en el país, además de que el país también es un fuerte destino de flujos de capital. Unos flujos de capital que hacen fuerte al país, pero que de retirarse podríamos ver a la economía británica en una peor situación.

Ante el escenario económico que se plantea, a Reino Unido no le interesa una salida forzosa. Estamos hablando de que una salida de este tipo podría derivar en un fuerte impacto negativo para la economía y para su moneda, generando inflación y deteriorando la competitividad de la divisa británica en el mercado global. Además, como hemos dicho, el empleo que genera el capital extranjero también podría verse mermado.

 

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