El tema recurrente de esta edición del Festival de Cannes que está llegando a la mitad, han sido los muertos vivientes, tanto los que regresan de la tumba como los que se dirigen a la misma. Desde la película de apertura “The Dead don’t die” de Jim Jarmusch hasta “Dolor y gloria” de Pedro Almodóvar, que ha sido hasta ahora la mejor película presentada en el certamen, el mundo de los medios audiovisuales ha tomado conciencia de que pocas figuras nos representan y nos generan tanta curiosidad como los zombies, para muestra basta solo con ver la popularidad de una serie como “The walking dead” o el éxito de películas como “Guerra Mundial Z” y videjouegos que se han convertido en hitos culturales como “Resident Evil”.

Pero regresando a la competencia del prestigioso festival francés, el último par de días han visto subir el nivel de las películas y han traído a la prensa internacional motivos para celebrar y elogiar. Por un lado, el popular cineasta español Pedro Almodóvar presentó “Dolor y gloria”, largometraje en el que se propone a sí mismo reinventar “una película de Almodóvar” y más que repetir el estilo característico de sus últimas películas, propone un sofisticado, poderoso y emotivo ejercicio de autoficción.

Salvador Mello, el protagonista de “Dolor y gloria” interpretado por un soberbio Antonio Banderas, es un cineasta que a través de sus múltiples enfermedades y dolencias trata de recordar el impulso que lo llevo al cine y a recuperar la pasión por filmar. Contando en el reparto con figuras como Penélope Cruz, Cecilia Roth y la popular cantante Rosalía, la película de Almodóvar fue recibida con estruendosos aplausos en el Teatro Lumiere que llevaron a las lágrimas a Antonio Banderas, quien sin duda figura como el favorito para llevarse el cotizado premio de actuación masculina, aunque la Palma de Oro sería un premio mucho más justo para el icónico cineasta manchego.

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Trabajando en un registro similar, pero mucho más distante y fría, se encuentra la coproducción austro-británica “Little Joe” de la cineasta Jessica Hausner que pareció recordar a varios miembros de la prensa a la popular serie “Black Mirror” por la visión singularmente alegórica de los problemas que el mundo contemporáneo vive.

La película presenta a una bioquímica que trabaja en el diseño de una planta que secrete una sustancia que le procure felicidad perpetua a quien se haga cargo de ella, a través de atención y mimos constantes, pero que en su experimentación se topa con los peligros asociados a la tan preciada “estabilidad mental”. Una película tremendamente ágil que logra crear tensión usando únicamente la paranoia de creer que un objeto inanimado puede controlar nuestras vidas ¿Suena familiar?

Finalmente, el cine en su versión más “popular”, es decir el que usa la acción, las pistolas, el dinero y la intriga como principales herramientas se hizo presente en “Gomera”, la nueva película del cineasta rumano Corneliu Poromboiu, en la que un criminal (Vlad Ivanov) debe aprender un lenguaje basado en chiflidos y silbidos para poder completar un atraco de más de 30 millones de euros.

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La película de Poromboui ha sido una de las más entretenidas del festival y aunque probablemente no sea una candidata seria a los premios, su apuesta sea aún más ambiciosa: expandir lo que la audiencia puede apreciar de una película que puedan ver en una sala de cine cercana o en su propia casa. Que se oigan los chiflidos.

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