Fuentes al interior de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público nos cuentan que uno de los funcionarios que más molestaron al ahora exsecretario Carlos Urzúa fue la Oficial Mayor Raquel Buenrostro, debido a todo “el poder” que ha acumulado este puesto dentro del gobierno de la Cuarta Transformación.

Apenas ayer en el Diario Oficial de la Federación público un acuerdo firmado por Urzúa Macías en el que se delega al Oficial Mayor la facultad de promover, diseñar, elaborar, celebrar, suscribir y administrar los contratos marco de los bienes, arrendamientos o servicios de uso generalizado que, en forma consolidada, podrán adquirir, arrendar o contratar las dependencias y entidades.

Cuentan que a Urzúa le incomodó que se esté concentrando tantas facultades en una sola persona, y por ello que resonaran tanto las palabras del extitular de Hacienda señalando que le resultaba “inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

Otro nombre que suena entre los personajes incómodos para Urzúa, es Alfonso Romo, jefe de la Oficina de Presidencia. El conflicto entre estos dos funcionarios estalló debido a que Romo influyó en la designación del director de Eugenio Nájera Solórzano al frente de Nacional Financiera (Nafin) y el Banco Nacional de Comercio Exterior (Bancomext).

 

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