Decía Einstein en una cita -que se debate por cierto si fue él mismo quien la dijo- que “un loco es quien hace la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados“. Y pareciera que como sociedad estamos haciendo exactamente eso. Seguimos en las mismas conversaciones y explicaciones que hace 50 años respecto a lo que funciona y no funciona del país a pesar de que las cosas han cambiado radicalmente. En particular, si uno revisa lo que decimos como sociedad ya sea en los medios, en la sobremesa, con los amigos, en los think thanks o en la academia, nuestras conversaciones no han cambiado significativamente. Están estructuradas de una forma en la que contribuyen muy poco a impulsarnos hacia donde queremos.

No obstante, el país ha experimentado cambios muy importantes en muchos rubros que pasan desapercibidos. Por ejemplo, en 1950 el 42.6% de la población en el país era analfabeta para llegar al 2016 con un nivel de sólo el 5.5%. Pasamos de una escolaridad promedio en 1950 de 1.7 años a 9.5 años en 2016. En 1950 la esperanza de vida de un mexicano al nacer era de 41.5 años al nacer y ha pasado a ser en 2016 de 75.2 años. Somos ahora un país urbano, en 1950 el 43 % de la población era urbana y en 2016 esa cifra pasó al 80%. El ingreso per cápita pasó de 1,000 dólares en 1950 a 14,500 dólares en 2016. Es un progreso impresionante lo que hemos logrado en estas últimas décadas. Y a pesar de todo este progreso, seguimos dando las mismas explicaciones llenas de lugares comunes en la sobremesa, las columnas y medios respecto a los problemas nacionales. Las explicaciones se vuelven simplistas en extremo y son siempre una mezcla de confabulaciones cupulares de poderosos o de condiciones externas, que siempre nos dejan sin poder para actuar sobre ellas y nos vuelven una víctima pasiva de las circunstancias. Sin embargo, es claro que es necesario tener mucho mayor rigor en nuestras conversaciones para ir al siguiente nivel.

Y para muestra, basta un botón. Recientemente vi imágenes de la terrible inundación en el metro de Madrid que se atribuía a los efectos del calentamiento global y el impacto sobre el cambio climático que genera fenómenos meteorológicos a los que no estamos acostumbrados. Para tener una idea, la precipitación anual en Madrid es de 400 mm y en la Ciudad de México ronda los 700 mm. Y las explicaciones del porqué ocurre eso en Madrid tienen que ver con el cambio climático. Mientras que en México es resultado de una corrupción endémica durante la construcción del Metro. Una suerte de explicación simplista que pasa por alto el fenómeno del cambio climático y nos deja igual, contentos en nuestra razón, pero lejos de la prevención y de los resultados. Y en forma no muy diferente, en otro ámbito escuchaba en la radio que la reciente apreciación del peso frente al dólar se debe a una confabulación entre las autoridades mexicanas y estadounidenses para que con un peso más fuerte se compraran más productos de ese país para beneficiar a nuestro vecino del norte a costillas de la industria nacional. Una buena historia sin fundamentos que nos deja igual respecto al entendimiento del mercado cambiario. Y no es todo, más aún, escuchaba también que un analista exigía que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público rindiera cuentas por la contratación de deuda y ejercicio del gasto de los recursos provenientes de la misma cuando sabemos que los estados son libres y soberanos, y la contratación de deuda y el ejercicio de su gasto compete a los mismos estados y no a las autoridades federales que tienen sus propios órganos de fiscalización y que son los que están facultados para este propósito. O que decir de las críticas respecto al nuevo sistema de justicia penal acusatorio al que algunos han dicho que “nació muerto” o que “ha provocado impunidad y reincidencia” cuando sabemos que es un sistema en implementación y que toma tiempo y recursos llevarlo a su máximo nivel. Lo peor que podemos hacer es criticarlo y abandonarlo después de un proceso de ocho años de reparación. Este tipo de conversaciones no hacen otra cosa que limitar el dominio de lo que es posible.

Buenas intenciones no bastan

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Este tipo de conversaciones, por mejor intencionadas que sean en el mejor de los casos, no hacen más que desinformar, alienar y embrutecernos respecto a lo que falta y las acciones que se deben de tomar para ir al siguiente nivel en la construcción de país que anhelamos. Fomentan una mentalidad que no está en el interés de la funcionalidad ni del tener resultados que hacen una diferencia. No es posible construir un país de siguiente nivel desde la mentalidad de la intriga, la desinformación e ignorancia puras, o de asignar responsabilidades hipotéticas a quien no las tiene y no puede hacer nada al respecto. Muy al contrario, estas conversaciones “sacan” a las conversaciones que, con rigor, permiten dirigirnos hacia lo que anhelamos y buscamos. En lugar de explicar todo por la corrupción como una “caja negra” de la que todo sale, veamos qué está haciendo falta para resolver la problemática de las inundaciones y los problemas comunes con otros países, qué funciona y qué no funciona de cara al calentamiento global pues ahí están las acciones que nos llevan a la planificación y a la prevención de estos impactos. De igual manera, funciona que entendamos en forma más amplia y a mayor nivel de detalle cómo opera el mercado cambiario y por qué la moneda mexicana ha tenido las fluctuaciones observadas en los últimos meses. Eso nos permitirá entender la mecánica y ser más certeros en la toma de decisiones respecto a la volatilidad, mitigar riesgos y entender el impacto de fluctuaciones de la paridad cambiaria sobre la economía real. Es fundamental que entendamos quién rinde cuentas por qué en el ámbito de sus facultades para que exijamos a quien debamos exigir y reformemos lo que hay que reformar para asegurar que funciona en forma adecuada la rendición de cuentas, pues esto no hará otra cosa que poner las baterías donde debemos enfocarlas para tener resultados. Por último, es necesario conocer dónde estamos en el proceso de implementación del nuevo Sistema Penal Acusatorio, los avances por entidad, distinguir lo que falta y proponer las ideas y acciones que permitan acelerar su implementación y elevar su eficiencia.

La funcionalidad en las conversaciones es clave para que avancemos al siguiente nivel. El país ha dado un salto impresionante en los últimos sesenta años y, a veces, pareciera que nuestras conversaciones no están ni al nivel ni a la altura de lo que requerimos. Nos regresan a una zona de confort donde no hay un tomar responsabilidad, ni un buscar funcionalidad ni un dimensionar los problemas ni considerar las acciones requeridas, sólo protegernos de tomar acción. En la medida que las conversaciones en las que estamos metidos nos lleven a acciones concretas y específicas -que podemos implementar a partir de nuestro ámbito de influencia- tendremos el poder para encarar los retos que enfrentamos. Así que no podemos quedarnos diciendo lo mismo y haciendo lo mismo pues entonces tendremos lo mismo. Es necesario evolucionar como sociedad en nuestras conversaciones para darles el rigor y la seriedad que merecen, además de facilitar el paso al México que anhelamos por medio de acciones concretas. Honremos nuestro progreso, honrando nuestras conversaciones. Finalmente, nuestras conversaciones se convierten en nuestro destino, lo sepamos o no. Conversaciones para el progreso.

 

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