Mientras que Pemex y su director general José Antonio González Anaya están en una situación crítica con el manejo del presupuesto para salir adelante con el escenario de bajos precios de los hidrocarburos, en PEP se siguen empleando los recursos en proyectos que son barriles sin fondo.

Dicen los que saben que esta es claramente una forma de manejar los recursos al puro estilo de los viejos tiempos, las décadas de la abundancia, en donde se le daba preferencia al bienestar de los contratistas sobre el saneamiento de las finanzas de la empresa de todos los mexicanos.

Para muestra, nos explican, sólo hay que mencionar los proyectos de deshidratación de crudo pesado en el mar, en donde se han inyectado poco más de 8 mil millones de pesos a partir de 2010, y hasta el momento las obras siguen sin concluirse y las plantas operan a medias y no se termina de emplear recursos presupuestales.

En este proceso se han beneficiado a empresas como Demar y algunas transnacionales que, señalan involucrados en la industria, sólo vendieron equipos y se retiraron de los proyectos por falta de capacidades.

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Otros no menos escandalosos son los de la instalación de equipos de compresión en plataformas que ya sobrepasaron sus tiempos de vida útil con más de 30 años, proyectos que no se terminan y operan a medias debido a que se construye en el mar sobre plataformas viejas que carecen de los procesos adecuados para soportar los equipos nuevos.

Agregan los que saben que hay casos notables, como la instalación de dos compresores de la marca Dresser Rand en el complejo de producción Abk D, donde se han erogado poco más de 8 mil millones de pesos y todavía no se terminan de pagar las deudas, por cierto, proyecto que inició en el 2012 y hasta la fecha sólo opera un equipo. Una plataforma nueva hubiera tomado 3 años y hubiera costado la mitad. La empresa COTEMAR es señalada como otra de las favorecidas y consentidas en PEP.

Lo cierto es que hoy se continúan implementando ese tipo de proyectos, y al parecer no se aprende la lección de que andar remendando fierros viejos que ocasionan una gran fuga de recursos económicos, y que son bolas de humo para la Dirección General de Pemex, ya que se hacen a la sombra de contratos y convenios que de una u otra forma no pasan a autorización de ningún comité.

Hoy podemos conocer que el costo por desmantelar la plataforma siniestrada conocida como Abk A Permanente ha sido de poco más de 6 mil millones de pesos. Hasta el momento se adeudan poco más de 3 mil millones de pesos y se proyecta gastar poco más de 12 millones de pesos en la continuación del desmantelamiento e instalación de una nueva plataforma, que si bien es cierto, algo de estas cantidades serán cubiertas por los seguros, gran parte tienen que salir del presupuesto de la ex paraestatal. En total este siniestro anda alrededor de los 22 mil millones de pesos.

Hoy los trabajos de desmantelamiento están a medias y no hay presupuesto suficiente para terminar y dejar en una condición segura la plataforma siniestrada, cualquier compañía chatarrera se hubiera llevado la plataforma en una cuarta parte de los que se ha gastado hasta hoy, comentan las compañías que se dedican a esto.

En la misma situación está la otra plataforma siniestrada en febrero de este año, conocida como Abk Compresión, en la cual hasta el momento se han invertido alrededor de 5 mil millones de pesos y que no tiene para cuando terminar de ser reconstruida para poder operar con dos compresores de cuatro que originalmente tenía.

Una vez más la empresa beneficiada que está desarrollando estos trabajos es COTEMAR, que al parecer aparece en todas partes en donde haya que remendar fierros viejos por lo jugoso de las utilidades y que es preferenciada sobre las demás empresas dedicadas a este tipo de trabajos y que cuentan con más experiencia.

Habría que revisar bajo qué esquema se le asignó a dicha empresa tales trabajos que no tienen una cantidad fija y que va creciendo sin importar que se cumplan las fechas compromiso estipuladas en los convenios, mismos que son pasados de manera inadvertida por la Dirección General de Pemex.

Me comentan que una plataforma nueva con dos compresores como los que se quieren rehabilitar cuesta no más de 4 mil millones de pesos.

Es claro que mientras el Director José Antonio González Anaya hace grandes esfuerzos en lo que sabe hacer, como tratar de sanear las finanzas de la empresa, PEP al puro estilo de los 90 le pasa bolas de humo gastando los pocos recursos en proyectos que no tienen fin y que no le dan beneficios, empleando el presupuesto que bien podría ser dirigido a pozos o creación de nueva infraestructura que ayude a mantener los ritmos de producción y, lo más importante, a disminuir los índices de accidentabilidad así como evitar los grandes impactos en el aprovechamiento de gas, que al no contar con los equipos de compresión de manera oportuna y para no afectar la producción de crudo, se ven obligados a quemarlo con la consecuente contaminación.

Es como tratar de sacar a flote un barco que se está hundiendo, sin tapar el hoyo por donde está haciendo agua.

 

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