A 7 años de la crisis del maíz en México, aún no existen los mecanismos que garanticen el abasto del grano tanto para la industria como para consumo humano. La importación del commodity de EU, desde 2006, le ha costado al país más de 3,200 mdd.

 

A finales de 2006, el país vio peligrar el abasto de su principal fuente de alimentación: el maíz. El creciente interés de Estados Unidos, el principal abastecedor extranjero de este commodity, de producir etanol con base en el grano se intensificó durante las semanas  Santa y de Pascual de 2007, lo que orilló a la administración de Felipe Calderón a traer maíz de dónde fuera y al precio que fuera.

De repente, el alimento por tradición de los mexicanos se convirtió en un proyectil que estaba dirigido a un blanco muy específico: su economía, porque la especulación no se hizo esperar y el kilo de tortilla de disparó de los 9 hasta los 20 pesos, en alguna regiones del país; los acaparadores empezaron a esconder el grano que estaba disponible y Estados Unidos no tenía maíz para vender.

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El maíz sigue siendo la principal fuente de alimentación de los 18 millones de mexicanos más pobres, según información de la Secretaría de Desarrollo Social. Al día se consumen en el país 300 millones de kilogramos de tortilla, tan sólo en el DF el consumo por habitante es de 9 tortillas diarias.

Como cualquier mexicano en días de ocio, en estos días hice un ejercicio estadístico: compré un kilo de tortilla y las conté una por una, mi kilo fue de 36 tortillas a un precio de 35 centavos por unidad (el kilo me lo vendieron en 14 pesos con todo y papel), lo que quiere decir que aún continúa siendo un alimento relativamente barato.

Pero si México no está preparado para enfrentar una nueva crisis, ya sea por la producción de biocombustibles o por un mal temporal, el kilo de tortilla podría dispararse nuevamente y si rebasa los 20 pesos, estaríamos hablando de que el precio por unidad se duplicaría y llegaría a 70 centavos por unidad, por lo que cada capitalino estaría gastando 6.30 pesos diarios en tortillas.

 

Segunda llamada

El gobierno de Enrique Peña Nieto no está ajeno a esta situación. En una reunión con productores, su entonces equipo de transición reconoció que si el país no alcanza en el corto plazo la autosuficiencia en la producción agropecuaria, en el año 2030 estaremos importando 80% de los alimentos que consumimos, obviamente, a precios inalcanzables.

En 2006, el precio de la tonelada de maíz en el mercado internacional era de 90 dólares la tonelada, hoy día supera los 300, esto quiere decir que cada tonelada del grano que importa el país le sale 3.3 veces más cara que hace 7 años.

A mediados de 2012, un estudio de Timothy Wise, director de Investigación y Políticas del Instituto de Desarrollo Global y del Medio Ambiente de la Universidad de Tufts (EU) y Marie Brill, analista de la organización internacional ActionAid, llamado Agrocombustibles: fogoneros del hambre reveló cifras alarmantes para el país: la importación de maíz costó a México entre mil 500 millones y 3 mil 200 millones de dólares en el periodo 2006-2011, debido a que la producción del etanol de maíz “aumentó dramáticamente”.

Según el documento, “México ahora importa más de un tercio del maíz que consume, fundamentalmente de Estados Unidos”.

Si nos ponemos a analizar la situación, está claro que ya sabemos cuál es el problema, lo que escapa a toda lógica es cómo después de tantos años no se ha podido encontrar una solución, porque el caso del maíz no sólo golpea a los más pobres, sino también a la industria alimentaria, ya que este insumo es utilizado por tres cuartas partes del sector.

 

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