El continente americano está perdiendo tiempo para desarrollar un marco energético integral, necesario para competir en las próximas décadas.

 

Estamos instalados ya en el segundo trimestre del año. La caída en los precios del petróleo comenzó hace 9 meses y tocó fondo hace varias semanas. En medio de la volatilidad existente, del fortalecimiento del dólar y la integración energética, existen diferentes retos en el concierto internacional. En este espacio ya he abordado el caso de México. Pero, ¿cómo está el resto del continente? Ante ello, ¿cuáles son los efectos a nivel regional de la caída en los precios del petróleo? ¿Cuáles son los desafíos en materia energética para los países el continente americano?

Según el Fondo Monetario Internacional, el PIB en Latinoamérica creció 0.9% en 2014 y crecería 1.8% en 2015, especialmente por la desaceleración en la demanda interna y por tener un entorno exterior menos favorable. Los países latinoamericanos están creciendo a la mitad del ritmo que el de los países desarrollados. Asimismo, los flujos de capital concentrados en mercados emergentes están cambiando a Latinoamérica por Asia.

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Sin embargo, hasta en la misma región existen diferencias. Podríamos leer dos grandes bloques. El primero sería la Alianza del Pacífico, integrada por México, Chile, Perú y Colombia, que creció 0.5% en 2014 y que crecería 0.4% en 2015. El segundo, el Mercosur, con países como Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Venezuela y Bolivia, que se contrajeron 0.5% en 2014 y crecerían 0.4% en 2015.

En términos generales, la región tiene una vocación más productora que compradora, con presupuestos gubernamentales altamente dependientes de la industria petrolera. Por tanto, paraestatales como PDVSA, Petrobras, Pemex, YPF y EcoPetrol se han debilitado de forma importante, pues tienen mayor dificultad para hacer ajustes y dar una respuesta rápida al entorno del mercado. El otro gran efecto es que la exploración y la extracción pierden interés a favor del conservador negocio de la refinación. Invariablemente, los países productores deben reducir su nivel de gasto público.

 

Desafíos para Canadá

Canadá está trabajando rápida e intensamente para transferir a su industria las tecnologías que permitieron la revolución del shale en Estados Unidos. La producción petrolera está creciendo sostenidamente. Mientras la extracción de crudo convencional cae, la producción de crudo extra pesado, también llamado arenas aceiteras o bituminosas, está en aumento. Solo para este año, la producción global canadiense subirá en más de 400 mil barriles por día. Este ritmo lo mantendrá hasta el 2020.

Quizás el único gran problema para Canadá es la inundación de petróleo en el mercado. La baja en los precios del petróleo reducirá los ingresos del gobierno, forzará el cierre de pequeños operadores y dañará las economías locales. En cambio, el dólar canadiense ha ganado terreno al dólar estadounidense por varios años, por lo que el fortalecimiento del billete verde se podrá amortiguar sin problemas.

 

Desafíos para Estados Unidos

Estados Unidos aumentó su autoproducción en 1.3 millones de barriles en los últimos 4 años. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, a pesar de la caída en los precios de petróleo, Estados Unidos seguirá siendo la principal fuente de crecimiento en la producción hasta el 2020.

Sin embargo, la caída en los precios del petróleo comienza a afectar a los pequeños productores –tanto de crudo convencional como de shale gas–, que tienen que cubrir altos costos de operación. Así, los campos de Eagle Ford, en Texas, siguen siendo rentables en lo general, mientras que los de Permian, en Texas, y Bakken, en Dakota del Norte, no lo son. El libre mercado ha marcado el inicio de los despidos, que se espera sean unos 150 mil para este año.

Los factores tecnológico y económico mejoran el panorama para Estados Unidos. En materia tecnológica se están desarrollando innovaciones para extraer el shale, ya no de depósitos marginales, sino de la roca madre. Esto permitiría extraer alrededor del 70 al 80% de los depósitos de shale, duplicando la capacidad actual y potencialmente disminuyendo los costos. En materia económica, Estados Unidos es nuevamente la locomotora económica mundial, con una moneda fuerte, con bajo desempleo y galopando hacia la independencia energética.

 

Desafíos para Cuba

Dentro del terremoto de cambios que Cuba está bendiciendo, hay un nuevo paradigma con implicaciones en el sector energético. Primero, hay que recordar que desde hace años hay paraestatales y compañías extrayendo crudo cubano. Segundo, el gobierno de la isla ha sido uno de los miembros más importantes de PetroCaribe, la alianza de Venezuela con más de 15 países para la comercialización de petróleo en condiciones de pago preferencial.

Con los precios actuales y eventos recientes, el subsidio que Venezuela aporta a Cuba ha caído también, por lo que ahora el país se puede plantear abastecerse de petróleo sin contraer deuda. El debilitamiento de Venezuela ha empujado a que Cuba diversifique sus relaciones diplomáticas, por lo que la isla puede estar tentada a acercarse en materia energética a Estados Unidos. Simultáneamente, se espera concretar el acuerdo Cuba-Estados Unidos-México que brindaría una normativa legal sobre los yacimientos transfronterizos en la zona del Golfo de México conocida como el Hoyo de Dona.

 

Desafíos para Colombia

En los últimos 5 años, Colombia recibió inversiones por 20 mil millones de dólares en gas y petróleo, casi 40% de la inversión extranjera directa. La caída de un dólar en el precio del petróleo impacta en 200 millones de dólares (mdd) anuales. En 2013, el 21% de los ingresos del gobierno venían de la industria petrolera, los cuales se espera que caigan a 11% para este año. Actualmente, Colombia produce aproximadamente 1 millón de barriles de petróleo por día, pero a partir del próximo año caerá su producción en 10%. El gran problema para Colombia es que no ha encontrado yacimientos para alta extracción en más de 20 años. De seguir así, el país ya no sería autosuficiente para el 2023.

El proceso de paz podría tener una influencia en la industria petrolera, por varias razones. La primera es que el financiamiento del posconflicto vendría principalmente del sector petrolero, y aún no hay consenso sobre los costos. En segundo lugar, la caída en los precios y los grupos de activistas pro paz y antifracking dificultan el desarrollo del shale. Es probable que se aumenten los impuestos nuevamente antes que se aumente la producción. En tercer lugar, hay demasiados actores por consensuar –incluyendo indígenas, gobierno y empresarios– con una alta polarización en el ambiente.

 

Desafíos para Venezuela

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo, si se toma en cuenta el Cinturón del Orinoco. Sin embargo, tiene un déficit presupuestario peor que el de Grecia y España; está al borde de la quiebra. La producción ha caído desde su tope en 1999, que fue de 3.1 millones de barriles por día, a 2.5 millones de barriles en 2014. Además tiene reservas por 22.5 mmdd, que son pequeñas para un país petrolero y poco líquidas, al estar respaldadas en oro. Por cada dólar que cae el precio del petróleo, el país pierde 775 millones de dólares al año.

En enero, el presidente emprendió un tour a diferentes países de la OPEP, así como a Rusia y China, con el fin de convencerlos de cortar la producción para aumentar los precios del crudo, así como recibir financiamiento para el país. No tuvo éxito en ninguno de los objetivos, especialmente con los chinos, quienes pidieron como garantía la mina de oro de las Cristinas, con valor de 32 mmdd, así como industrias pesadas como aluminio y acero. Actualmente, PetroCaribe debe a Venezuela 20 mmdd, mientras que Venezuela debe a China 40 mmdd. La situación es más grave debido a que la deuda venezolana está valuada en dólares y no en barriles de petróleo, por lo que con la caída de los precios requiere que envíe más petróleo a China.

Con una calificación crediticia desplomada, no encontrarán financiamiento por los medios tradicionales. Además, sin una estrategia clara del gobierno para lidiar con la crisis, Venezuela seguirá perdiendo la influencia regional ganada por PetroCaribe.

 

Desafíos para Argentina

Argentina se ha concentrado en diversificar sus convenios petroleros con empresas como Petronas, Pampa Energía y Petrobras, así como de fortalecer YPF después de su expropiación. Argentina tiene Vaca Muerta, el yacimiento más grande de shale en Latinoamérica, y continúa con su exploración. Sin embargo, existe desconfianza en el marco de explotación, por lo que no ha tenido toda la atención que se espera. Más aun, las grandes amenazas a la industria energética vienen de la situación del país, que conjunta un año electoral convulso, cambios abruptos e improvisaciones en políticas de mercado y un clima de negocios complicado.

 

Desafíos para Brasil

Brasil ha triplicado su producción petrolera en el último lustro, siendo ejemplo de apertura y transferencia tecnológica para otros países petroleros. Sin embargo, la caída en los precios del petróleo magnifica todo tipo de problemas, pues fue un factor para el desplome de las acciones de Petrobras, para la ocurrencia de convocatorias desiertas y ha afectado sus corridas financieras para los próximos años.

De entre todos estos problemas, la corrupción es el más crítico. Desde hace un año se realizan investigaciones por el caso Lava Jato, que desmantela una red de corrupción entre políticos y empresarios en la que se lavaba dinero y pagaban sobornos para la adjudicación de contratos a través de empresas “fachada”. Ha derivado en la sustitución de la cúpula directiva de Petrobras y la potencial acusación de los presidentes del Senado y del Congreso, así como de ex ministros, senadores y ex gobernadores. Las pérdidas para Brasil ascienden a más de 4 mil mdd. Esto se aúna a la debilidad de la presidenta al iniciar su segundo mandato, con manifestaciones de más de 1 millón de personas en las principales ciudades. Se espera que la aplicación de la ley contra funcionarios en materia energética y políticos sea un precedente para los casos de corrupción en países latinoamericanos, incluido México.

 

Conclusión: desafíos diversos, como el continente mismo

Hemos repasado el panorama energético en diferentes países del continente americano, encontrando proporciones y efectos asimétricos, tanto negativos como positivos, que permiten establecer ganadores y perdedores. Podemos encontrar que, en lo general, los países productores la están pasando mal, mientras que los países consumidores no la están pasando del todo bien. Estas condiciones hacen prever la necesidad de reformas económicas con algunas aristas energéticas, de forma que se amortigüe la volatilidad, disminuyan las distorsiones de mercado y se fortalezca a la clase media.

Podemos esperar recortes en la mayoría de los países, así como campañas para mejorar el gasto público, muchas veces en detrimento de la exploración y producción. Podemos esperar más gas shale, menos perforación profunda y menos auge del petróleo convencional. Finalmente, la región está perdiendo tiempo para desarrollar un marco energético integral, que será necesario para competir en las próximas décadas.

 

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