Por Steve Forbes

El voto a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea es un desastre, política y económicamente. Después del shock inicial se dirá que al final, quizá, no todo será tan malo.

No lo creas.

La votación intensificará las fuerzas centrífugas que desgarran al bloque europeo. La idea central de la diplomacia en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial ha sido unir a las naciones europeas con el fin de evitar los desastres que asolaron a Europa y al mundo durante la primera mitad del siglo XX. La UE ha cometido una serie de errores importantes, en particular la creación de una gigantesca burocracia corrupta que ha producido una avalancha de regulaciones menores (como una que dicta la forma que debería tener un plátano).

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Sin embargo, a pesar de sus defectos, la Unión Europea ha desempeñado un papel fundamental para que las antiguas dictaduras de España y Portugal pudieran hacer la transición a las democracias liberales que son hoy. Hizo lo mismo con los países ex comunistas de Europa central y oriental. Estos países hicieron importantes reformas que iban en contra de los intereses nacionales con el fin de ganar un lugar en la UE.

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No es de extrañar que Vladimir Putin aborrezca a la UE y que  se horrorizara de que Ucrania quisiera entrar. Rusia quiere dominar Europa, y la desintegración de la UE entra muy bien en sus panes.

Dos errores grandes y más inmediatos llevaron a la UE a esta crisis existencial.

Uno de ellos fue económico. Las autoridades europeas se negaron a realizar los cambios estructurales necesarios para hacer que sus economías crecieran de nuevo: reducción de impuestos, alivio a las regulaciones asfixiantes –especialmente las relativas a la legislación laboral paralizante–, contener el gasto y reducir el tamaño de la hinchada burocracia.

Gran Bretaña debería haber sido un defensor thatcheresco de las reformas de libre mercado, como las que convirtieron a la isla del enfermo de Europa en la economía más dinámica. Podría haber conformado un bloque de miembros de la UE para contrarrestar las tendencias escapistas de Bruselas –la mayoría de los países ex comunistas, así como los holandeses y algunos otros, han manifestado ese deseo. Pero optó por no hacerlo.

Cuando la crisis económica golpeó a Grecia, Portugal, España e Irlanda, la respuesta de Alemania y la UE fue exigir austeridad, pero una que buscaba recortar al sector privado, no a los grandes gobiernos. Los impuestos subieron y se recortaron algunos servicios públicos, ¡pero el sector gubernamental se salvó! No se pudo haber ideado una mejor fórmula para el estancamiento y la recuperación anémica. Irlanda, por suerte, se negó a subir su tasa de ultra bajo impuesto sobre la renta, de 12.5%, y se recuperó mucho más rápido que los demás.

El segundo error, por supuesto, fue la inmigración. La impetuosa decisión de Angela Merkel de permitir la entrada a cientos de miles de refugiados de Oriente Medio a un continente que ha manejado mal la integración de los inmigrantes –notablemente permitiendo que surjan áreas virtualmente autónomos que se convierten en un refugio para los terroristas– fue el punto sin retorno.

Estos dos errores flagrantes ya han dado lugar a la aparición de partidos antiliberales. Incluso los políticos alemanes comienzan a volverse preocupantes. La figura política más popular es un miembro del Partido Verde, la segunda más popular es el ministro de Asuntos Exteriores, un socialista, quien dice que Alemania debe trabajar más de cerca con Rusia.

El desorden en Europa también puede llevar a Rusia a realizar movimientos para someter a los Estados bálticos de Lituania, Letonia y Estonia, con el pretexto de proteger a las poblaciones rusas minoritarias (la mayoría de esas personas no quiere saber nada de la Rusia de Putin). Moscú ha estado llevando a cabo una serie de ejercicios militares en esa zona.

Por desgracia, ante tal eventualidad, la respuesta del presidente Obama sería ineficaz. Estos países son parte de la OTAN, la alianza por la libertad más exitosa en la historia, y un movimiento certero de Putin marcaría la muerte de la OTAN.

El voto a favor del Brexit también podría significar la ruina del propio Reino Unido. La mayor parte de los escoceses votó por quedarse en el bloque, y los nacionalistas de ese país ya comenzaron a presionar por otro referéndum sobre su independencia.

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La incertidumbre creada por el Brexit perjudicará económicamente. Tomará tiempo elaborar y poner en práctica nuevos acuerdos comerciales, y las negociaciones para este divorcio serán extremadamente polémicas.

Otro resultado funesto de la salida de Gran Bretaña será el destino de Gibraltar. Su estatus como una posesión británica fue sacada efectivamente de la mesa, porque tanto Gran Bretaña como España eran parte de la UE. Con el tiempo, un gobierno español podría decidir jugar la carta nacionalista y tomar medidas para efectuar el retorno de Gibraltar a España.

¿Cuál debería ser la respuesta de EU?

Debería dejar muy claro a Moscú que debe olvidar cualquier movimiento en los países del Báltico mediante el envío de una brigada blindada a esa región. Y ya que está en ello, debería enviar otra a Polonia.

También debería ofrecerse a negociar el ingreso del Reino Unido en el TLC, una zona de libre comercio verdadera sin una burocracia del tipo de la de la UE.

El próximo presidente de EU debería instar a Londres a favorecer mucho más el crecimiento en el ámbito fiscal. Gran Bretaña lo va a necesitar.

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