Cuando las acciones de la Fed debilitan al dólar, todo el mundo se queja, y cuando las acciones de la Fed lo fortalecen, también se quejan. Cualquiera que sea la dirección a la que el dólar se mueva, nadie parece estar satisfecho. ¿Cómo podemos reconciliar esta paradoja?

 

 

 

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“Estamos en medio de una guerra internacional de divisas, un debilitamiento general de la moneda (dólar). Esto es una amenaza, ya que reduce nuestra competitividad”. En septiembre de 2010, el secretario de Hacienda de Brasil, Guido Mantega, acuñó la expresión “guerra de divisas”. Esta expresión resume el enojo expresado por los mercados emergentes (ME) y en menor medida por algunas economías desarrolladas a la política monetaria ultraflexible de Estados Unidos.

Tras la decisión de la Reserva Federal de EU de iniciar el programa de flexibilización cuantitativa II (QEII) en noviembre de 2010, y de acuerdo con la queja de Mantenga y Xia Bin, miembro del Banco Popular de China (PBoC), el cual afirmó que “la impresión desenfrenada de dólares es el mayor riesgo para la economía global… Mientras el resto del mundo no ejerza ninguna restricción en la emisión de monedas globales, como el dólar, la ocurrencia de otra crisis es inevitable”.

Hace unos tres meses, la Reserva Federal de EU dio a entender que estaba considerando la reducción de su último programa de compra de activos, conocido como QE III, el cual asciende a compras por 85,000 millones de dólares de valores respaldados por hipotecas y bonos del Tesoro al mes. El anuncio de la llamada “reducción progresiva” dio lugar a un aumento mundial de las tasas de interés y una apreciación del dólar de EU respecto a algunas de las principales monedas de los mercados emergentes (7% frente al rublo ruso, 20% frente al real brasileño y hasta un 27% frente a la rupia india).

“La Fed debe considerar cuándo y qué tan rápido va a retirar el estímulo económico para evitar dañar a las economías de mercados emergentes”, dijo Yi Gang, vicegobernador de PBoC. En la misma línea, su colega del Banco de Japón, Yoshihisa Morimoto, advirtió que “la economía mundial se podría ver afectada si el retiro de fondos de los mercados emergentes se realiza antes de la reducción del estímulo monetario de la Reserva Federal”.

Es decir, cuando las acciones de la Fed debilitan al dólar, todo el mundo se queja, y cuando las acciones de la Fed lo fortalecen, también se quejan. Cualquiera que sea la dirección a la que el dólar se mueva, nadie parece estar satisfecho. ¿Cómo podemos reconciliar esta paradoja?

La paradoja es originada en la trinidad de imposibilidades monetarias, también conocida como “el trilema”, el cual establece que no se pueden tener al mismo tiempo tasas de paridad fijas (lo cual sería preferido por muchos mercados emergentes), una política monetaria independiente y libre circulación de capitales a través de las fronteras. Uno de los tres factores tiene que ceder. Básicamente, esto significa que, en nuestro mundo moderno, si un país permite el libre movimiento de capital internacional, la política monetaria se verá limitada por lo que otros bancos centrales hacen y sobre todo por lo que el más importante de ellos, la Fed, hace.

En el caso de los mercados emergentes, el fortalecimiento del dólar llega en un momento en el que algunos de ellos ya están luchando contra un crecimiento menor de lo esperado. Se está impulsando la inflación a través de los mayores precios de bienes importados y a través del crecimiento que está teniendo la deuda de los gobiernos que se financian en dólares.

Por otra parte, la “normalización” de las tasas de interés en EU ha tenido como consecuencia la atracción de muchos inversionistas que buscan regresar su capital a EU, lo cual pone más en riesgo los rendimientos de los mercados emergentes. En este caso, algunos países emergentes se verán forzados a imponer ciertos controles al flujo de capital.

En la década de 1970, cuando cayó el sistema de Bretton Woods, John Connally, el secretario del Tesoro de EU, dijo a los ministros de finanzas europeos que se quejaban de los efectos inflacionarios de la política monetaria de EU: “Es nuestra moneda, pero es su problema, cuarenta años después, nada ha cambiado: sigue siendo ‘su problema’”.

 

 

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