México es un gran productor de amapola y marihuana. Podríamos ser un país próspero, inteligente y en paz, exportando morfina y marihuana médica, sin embargo, por decisión propia, somos un país en guerra, con un alto porcentaje de pobreza que le da negocio a las mafias y a los narco-políticos. El mundo avanza, pero nosotros nos aferramos a nuestros temores, prejuicios y cobardías.

La guerra empezó desde 2007 con el Plan Mérida y la boba idea de la DEA y de Felipe Calderón de que atrapando capos íbamos a mejorar la seguridad en México. ¿Mejorar la seguridad?, pero si ese mismo año México lograba su tasa más baja de homicidios de su historia moderna -8 homicidios por cada 100 mil habitantes-. Unos años después se había triplicado a 24.

La violencia logró bajar unos puntos en los primeros años de la presente administración y Enrique Peña Nieto cantó victoria anticipada. Sin embargo, la fiesta se acabó el año pasado (2016) que cerró con muy malos indicadores y este primer trimestre de 2017 la tormenta ya es huracán. Estamos retornando a las mismas cifras de ejecuciones de crimen organizado de 2011, el peor año de la guerra. Algunos analistas van más allá, dicen que la mejora de indicadores de 2013 y 2014 se debió a la pax mafiosa; es decir, al acuerdo entre mafias y no a las acciones de gobierno.

Atrapar capos es bueno para justificar el presupuesto de la DEA, lograr algunos encabezados en los medios y hacer series de televisión, pero no para la paz de México. Atrapar capos atomiza y provoca guerra entre cárteles, lo que incrementa la violencia. Antes de la guerra había dos cárteles de droga, uno en el Golfo, otro en el Pacífico, hoy hemos perdido la cuenta.

Lo que debemos hacer es atrapar al negocio mediante la regulación, pero los congresistas no quieren hacerlo. Ni siquiera se han atrevido a regular la marihuana médica. ¿Por qué? Por cobardía. El político no quiere arriesgar votos ahora que se pelean elecciones estatales y se perfilan las presidenciales. ¿Han escuchado a algún candidato hablar de la necesidad de regular drogas? Lo de siempre: los políticos no tocan temas controversiales, o dicho de manera más coloquial, los políticos se peinan para donde sopla el viento y la sociedad mexicana, en este tema, no sabe para dónde soplar y se sigue atragantando.

México, en lugar de ser un país en paz y próspero, está condenado a ser un narcotraficante de tercera, con beneficios para mafias y políticos y costos de sangre para la sociedad. Este año será uno de los peores en materia de seguridad. Seguiremos hablando del mando único, de los fiscales independientes, del sistema penal acusatorio, del sistema anti-corrupción, pero nada de esto va a funcionar, si antes no regulamos las drogas, cuando menos la marihuana y el cultivo de la amapola. Traemos la carreta al revés, así es que podemos seguirle echando iniciativas a la carreta, pero mientras no pongamos al caballo de la regulación en frente, nada va a moverse en la dirección correcta.

 

 

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