Por Cynthia Flora*

Hace algunos años, mientras colaboraba en un proyecto, escuché el comentario de una programadora sobre las dificultades que tenía con el código de la aplicación que estábamos mejorando: “para poder trabajar con un código, tienes qué entender cómo piensa y razona el programador”; y es que, de cierta manera, es muy fácil olvidar lo humana que puede ser la tecnología.

En un mundo cada vez más digitalizado, es importante poseer habilidades puramente técnicas para lograr el éxito organizacional, pero esto es solo un ingrediente. Además, nuestro supuesto es que la lógica de un programa informático es inocua, solo puntos, comas y palabras que ejecutan una acción; sin embargo, con esos recursos podemos crear oraciones únicas que reflejan nuestra manera de pensar, tal como lo hace un idioma.

Por ello: ¿Estamos seguros que no heredamos ningún sesgo o predisposición a nuestras tecnologías? A continuación, unos ejemplos:

• ¿El o la CEO? En 2015 se realizó un estudio a nivel Estados Unidos que analizó los resultados de búsquedas de imágenes en Google con profesiones como palabras clave. Se encontró que con la palabra “CEO”, la aplastante mayoría de imágenes coincidentes eran hombres; solo 11% de los resultados mostraba rostros de mujeres, cuando en realidad el total de mujeres CEO en tal país es de 27%.

• ¿Quién gana más? En un estudio similar al de los rostros de los CEO, se mostró que un algoritmo publicitario de Google identificaba que las personas con mayores ingresos eran hombres.

Si regresamos a la importancia de contar con habilidades puramente técnicas como un ingrediente del éxito en la era digital, el segundo ingrediente en definitiva es conocer las implicaciones éticas que nuestra tecnología pueda tener sobre la sociedad, comenzando desde el autoanálisis de cada una de esas mentes que dará vida a la tecnología que facilitará nuestras vidas.

La respuesta a este segundo ingrediente es la tecnología ética, que es una conversación abierta entre la tecnología y los valores humanos, las decisiones que tomamos con respecto a los avances tecnológicos que impulsaremos y los impactos que puedan tener sobre la sociedad a la que servimos.

Según un estudio , para poder implementar esta ética debemos:

• Ser conscientes de nuestros propios prejuicios, pues nos ayudará a superarlos con nuevas maneras de pensamiento.

• Evaluar o explorar los impactos esperados e imprevistos que pueda tener cierta tecnología sobre la sociedad.

• Mantener siempre en mente que las tecnologías son el fiel espejo de las conductas y expectativas de sus creadores.

Hoy más que nunca, cada línea de código que da vida a la próxima solución cognitiva de la década también ayudará a cada uno de sus usuarios a elevar su potencial, reforzar una identidad, ayudarnos a cumplir nuestros objetivos, pero también hablará de una nueva mentalidad que nos llevará a resultados de búsqueda con 50% de CEOs mujeres, 50% de CEOs hombres, que un algoritmo no identifique brechas salariales por género, entre otros.

Todo esto comienza al cuestionarnos qué mensaje daremos al mundo exterior con nuestro ADN organizacional, con cada palabra, con cada línea de código

 

 

Contacto:

 

Cynthia Flora es Socia de SAP en Consultoría, Deloitte México

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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