Emmanuel Urquieta supo desde niño que quería trabajar con aviones y el espacio.  Hoy, este mexicano  se encarga de resolver todos los riesgos de salud asociados a la misión a Marte de la NASA.

Su interés por las aeronaves viene de familia. Su padre y abuelo, ingeniero aeronáutico y piloto aviador,  lo llevaron a conocer sus lugares y equipos de trabajo. “Mi papá es ingeniero aeronáutica y trabajó en Mexicana de Aviación. Me llevaba a ver los aviones. Siempre quise trabajar en algo que tuviera que ver con aviones y el espacio”, contó el científico mexicano en entrevista con Forbes México, previo al Foro Forbes de Salud de la próxima semana.

Tras graduarse como médico en la Universidad Anáhuac, la pasión de Emmanuel por las aeronaves se combinó con su profesión.  Se desempeñó como médico en los helicópteros Cóndor de la policía del entonces Distrito Federal, trasladando pacientes críticos en la zona metropolitana.  “Me tocó participar en los traslados de heridos tras la explosión en el edificio de Pemex durante 2013. Fue el primer helicóptero que aterrizó en la zona de explosión”, recuerda.

Una de las puertas que se abrió con ese trabajo fue en Ohio, Estados Unidos para estudiar la maestría en medicina aeroespacial en la Universidad Wright State, donde se convirtió en profesor e investigador.

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Esa posición lo vinculó con el proyecto Human Exploration Research Analog (HERA) de la NASA. Después se incorporó al Instituto Trasnacional en el que ha estado más de un año.

Los riesgos de ir a Marte

El programa de investigación humana de la NASA tiene como objetivo desarrollar toda la tecnología, protocolos e investigación necesaria para mandar astronautas de forma segura a que orbiten Marte y que regresen de la misma manera, además de tener una estación espacial alrededor de la luna. Pero esas metas están minadas con riesgos.

Su trabajo como administrador del instituto de investigación trasnacional para la salud espacial de la NASA consiste en decidir las áreas y proyectos más importantes para cerrar los riesgos. Actualmente hay 20 en curso, 10 principales y el resto secundarios.

El instituto cuenta aproximadamente 250 millones de dólares (mdd) que se ejercerán durante 12 años.

“Proporcionamos financiamiento a otros científicos de la NASA para investigación y damos seguimiento hasta que entregan resultados, contramedidas, tratamientos,  recomendaciones, protocolos o tecnología”

El riesgo número uno es la radiación, pues el cuerpo humano va a estar expuesto a una cantidad importante durante el viaje.

La clase de radiación en el espacio proviene de la explosión de estrellas y del origen del universo mismo (Big Bang). En la tierra se utiliza plomo para detenerla, pero como la radiación viaja a la velocidad de la luz, el aluminio protege mejor, explica Urquieta, pues el plomo provocaría más radiación ante esa radiación de alta energía.

El cáncer asociado que les preocupa es que afecte el sistema nervioso central, y el cardiovascular, como la capa que recubre los vasos sanguíneos. Para resolver el problema. Están “humanizando” a una rata al inyectarle sangre  de personas y la exponen a la radiación cósmica.

Otro de los riesgos que intentan acabar es un síndrome que afecta a los astronautas cuando pasan periodos largos y no pueden enfocar la visión cercana. “Es un problema grave”, advierte Urquieta.

Para resolverlo, trabajan en una tecnología que les permita tomar una retinoscopia, es decir, una foto del fondo del ojo sin dilatar la pupila, como se hace en nuestro planeta. El científico espera que esa tecnología regrese a la tierra y pueda usarse con la población civil.

También se preocupan por el efecto que tendrá el espacio en sus mentes. Cuatro astronautas estarán en una nave muy reducida sin que puedan irse a un rincón si hay algún conflicto entre ellos.

 

Metas imposibles

Urquieta reconoce que su trayectoria no ha sido fácil y a veces él mismo no se la cree. Además, está consciente de que ha sido un trabajo colectivo de muchos científicos. Recuerda que para la misión Apolo 11, que llevó a los primeros humanos a la Luna, trabajaron medio millón de personas.

Al científico mexicano con frecuencia le preguntan cuál es su consejo para los jóvenes mexicanos que difícilmente puede entrar a un como la NASA. Su mensaje para ella es el siguiente:

“Ponte un objetivo imposible a largo plazo. Si te pones una meta fácil, una vez que la logras ya no hay nada que te impuse a ser mejor en la siguiente etapa”.

Urquieta predica con el ejemplo: se postulará para ser médico astronauta en la misión a Marte.

“No sé qué tan realista sea, pero ese es uno de mis objetivos que podemos considerar inalcanzable. Me permite ser mejor y aprender nuevas cosas”.

 

 

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