La comunidad hispana aporta anualmente alrededor de 600 millones de dólares al consumo directo y es la minoría más grande en Estados Unidos. La que tiene el crecimiento demográfico más grande y constante. En pocas palabras cada minuto nacen 4 ciudadanos estadounidenses y de esos cuatro, uno es de origen hispano.

En 40 estados de la Unión Americana la población de origen mexicano es mayoritaria entre los ciudadanos hispanoamericanos.

La importancia de esta comunidad radica principalmente en que, según las proyecciones de crecimiento poblacional, para el 2025 dos de cada cuatro estadounidenses serán de origen hispano. Lo cual no sólo impacta por la cifra, sino por el cambio en la composición del tejido social que esto conlleva.

Los procesos de aculturización han generado una nueva identidad nacional, un nuevo actor social que no sólo busca reconocimiento, sino que promueve una mayor y mejor participación social.

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Esta participación se ha visto apoyada por el empuje y dinamismo que caracteriza a las nuevas generaciones de hispanoamericanos que han logrado reposicionarse en el ciclo económico estadounidense, a pesar del sesgo y radicalización impulsado por el actual presidente Trump.

Con un poder adquisitivo que en los últimos cinco años ha crecido significativamente, la comunidad hispana ha dejado de ser una minoría irrelevante para la vida nacional de EU y se ha convertido en un actor coyuntural de la agenda política de ese país.

Los temas de la agenda política estadounidense se han diversificado para atender las necesidades de una población cada vez más heterogénea, más dinámica, más demandante y más polarizada.

La reforma migratoria (cada vez más urgente y necesaria, pero a la vez lejana), la seguridad fronteriza y los programas de seguridad social para los grupos “minoritarios”, los programas públicos de salud, la construcción del muro, la renegociación total del TLCAN, siguen estando en el tintero y en definitiva, los resultados de las elecciones del próximo noviembre son el último canal que tiene el presidente Trump para poder consolidar la agenda legislativa que prometió en los tiempos de su campaña. Y que, de manera permanente, compromete con aquellos a quienes dirige día a día un discurso que refrenda la promesa de “hacer a América, grande otra vez”.

Sin embargo, poco más de 12 millones de votantes latinos habrán de hacer la diferencia en el resultado de los comicios, la generación de políticas públicas de los dos últimos años estará sometida a evaluación en las intermedias del próximo 6 de noviembre que conformarán una nueva Legislatura, votando para renovar la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.

No cabe duda de que, a dos años de la carrera por la Casa Blanca, los comicios que se avecinan son un termómetro social ante el cual, el Partido Republicano necesita confirmar que no sólo tiene el control del Congreso y la Casa Blanca, sino que ostenta la aprobación de uno de los mandatos más controvertidos y polarizados en la historia de Estados Unidos.

De cambiar el escenario en el Congreso, esto es que el Partido Demócrata recupere la mayoría del Legislativo, Trump tendría que despedirse de su intento por eliminar el Obamacare y DACA y tendría que esmerarse aún más en repuntar su popularidad y aprobación entre la población que no constituye la base del voto duro que lo llevó a la Casa Blanca,

Aunque al momento, Trump ha tenido éxito en la selección de los candidatos al interior del Partido Republicano, esto no le garantiza el éxito en la contienda electoral. En casos específicos como el de Michigan y Ohio, el presidente Trump no solo le apuesta a sus candidatos, le apuesta a la fuerza de su propio discurso.

Estados Unidos llega a un momento nodal en su historia, con un presidente que dice y se desdice y que, ante los temas de la agenda internacional de su país, poco ha hecho por fortalecer su rol hegemónico.

Para su segundo tramo de gobierno, Trump necesita de alianzas fuera y dentro de su país y por supuesto también necesita de las “benditas redes sociales” para conseguir un segundo mandato.

Aunque él afirma que ya le urge que llegue noviembre, la realidad es que, para consolidar su impacto discursivo, necesita cerrar varias pinzas antes del Super Tuesday, por ejemplo, la de Mueller, la de Corea, Irán, Rusia y por supuesto la del TLCAN y el discurso acerca del muro.

No cabe duda de que el éxito del Partido Demócrata depende de la participación de militantes y simpatizantes, pero también de que la votación de los independientes y apartidistas le favorezcan en respuesta a la desaprobación frente a los resultados del primer tramo de gobierno del presidente Trump.

 

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