“La seguridad internacional debe basarse en el compromiso para la supervivencia conjunta, más que en la amenaza mutua de la destrucción”.

Olof Palme

El 19 de septiembre de 2016 se firmó el documento que enmarca la voluntad política renovada de los líderes mundiales para salvar vidas, proteger derechos y generar acciones que en corresponsabilidad pueda beneficiar a los refugiados, migrantes y expatriados: la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes.

El cambio en los flujos migratorios a nivel mundial, así como los nuevos patrones migratorios, derivan de las crisis humanitarias y políticas alrededor del mundo. La situación de quienes migran a otros países se ha agravado de manera importante en los últimos años, como resultado de la batalla global contra el terrorismo. La imperiosa necesidad de escapar de situaciones de guerra u otros conflictos lleva a los migrantes a soportar situaciones que vulneran su integridad física y sus derechos humanos, no obstante, las condiciones que viven en sus comunidades de origen los llevan a soportar travesías que parecen interminables por mar o por tierra.

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Los grupos de migrantes caen en situaciones de alta vulnerabilidad, por la gran exposición que tienen hacia los grupos delincuenciales y las redes de trata de personas.

El escalamiento de conflictos regionales y de crisis humanitarias ha originado un alarmante incremento en el número de refugiados y desplazados en zonas muy localizadas del mundo.

Estos nuevos e importantes flujos constituyen un amplio reto para las políticas internas y de seguridad de todos los países, no solo para aquellos que son receptores de migrantes (como lo era anteriormente). Y es justo en ese contexto que la Declaración de Nueva York representa un avance importante para la homologación de protocolos de atención y respuesta integral para los refugiados y migrantes.

Así es como la comunidad internacional acordó la formalización de acciones en cuatro ejes fundamentales:

  • Aliviar las presiones de los países de acogida.
  • Fomentar la autosuficiencia de los refugiados.
  • Ampliar el acceso a las soluciones en terceros países.
  • Apoyar las condiciones en los países de origen para posibilitar un retorno en condiciones de seguridad y dignidad.

En la Declaración de Nueva York, los Estados se comprometieron a trabajar en la adopción de un pacto mundial sobre refugiados en 2018 y en un proceso de negociación que detone una migración segura, ordenada y regular. Este pacto establecerá una serie de principios, compromisos y entendimientos sobre la migración internacional para mejorar la coordinación entre los países a fin de ofrecer un marco de acciones conjuntas.

No obstante, los compromisos adquiridos y la urgencia de tratamiento que requiere el tema, la misión estadounidense ante las Naciones Unidas informó la decisión de ese país de retirarse de la Declaración (como lo hicieron hace algunas semanas de la UNESCO) por considerar el documento incompatible con la política migratoria de su actual presidente; que básicamente busca el otorgamiento de visa por mérito y “mano dura contra la migración”.

Por supuesto que, en uso de su soberanía, todos los Estados tienen derecho a determinar sus políticas y agendas internas. Sin embargo, en temas como la migración que se ha convertido en parte de la agenda mundial de seguridad, se requiere una visión como la que planteaba en 1982 Olof Palme quien veía en la seguridad internacional un tema transversal, un compromiso para la seguridad conjunta y no una política interna de impacto global como la que pretende establecer el presidente Trump.

Si bien es cierto que a la luz de la soberanía se podría entender el establecimiento de restricciones migratorias, también es cierto que son inaceptables esas restricciones basadas en estigmas raciales o religiosos, sobre todo cuando los atentados más mortíferos y crueles en los Estados Unidos que han ocurrido en últimas fechas fueron perpetrados por ciudadanos estadounidenses sin antecedentes vinculatorios a ideologías religiosas extremistas o a grupos raciales extranjeros.

 

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