Parece lejano el momento en el que el mundo observaba atónito al candidato republicano hablar de construir un muro, de revocar el Obamacare, de volver a hacer America Great Again y de disolver el TLCAN.

Aún más lejano parece el momento en el que aquel candidato ganó las elecciones y en el que se iniciaba un nuevo periodo de incertidumbre y especulación en el mundo.

Si bien es cierto que Trump ha generado un buen número de acciones ejecutivas, también es cierto que a lo largo de sus primeros 100 días no se ha logrado consolidar el proceso legislativo que pueda realmente transformar las intenciones en política pública.

Donald Trump, llegó a la Casa Blanca con un país sumamente dividido y la clase política polarizada y muestra de ello es la lenta confirmación de su gabinete presidencial que, posterior a los 100 días no logra estar integrado en su totalidad (muestra de esto es la muy reciente designación del Secretario de Agricultura y del representante comercial de los Estados Unidos).

La expectativa al inicio de su gestión era que el presidente lograra revertir los efectos de los contrapesos políticos, de los desequilibrios institucionales, es decir, de aquello que aparentemente había dado a su antecesor poca capacidad de entregar resultados concretos.

La realidad es que después de estos primeros 100 días, se sigue teniendo una amplia duda sobre la capacidad resolutiva y operativa de Trump tanto por la forma de relacionarse con el Poder Legislativo como por la falta de gobernanza y legitimidad.

Sin embargo, sorprende que en las encuestas publicadas a los 100 días de su gestión el 96% de sus votantes que lo llevaron a la Casa Blanca, afirma hoy que volvería a votar por él. Fundamentalmente, por la falta de vínculos directos con la clase política a la que él mismo desprecia.

Este nivel de popularidad y falta de aprobación no se había visto en los Estados Unidos desde el periodo presidencial del 33avo presidente Harry S. Truman, quien gobernó de 1945-1953. Sin embargo, la historia le concede el beneficio de la duda por ser el presidente que a la muerte de Franklin D. Roosevelt no sólo vio terminar la Segunda Guerra Mundial, sino que además orquestó en orden internacional bipolar.

Hasta ahora, Donald Trump sólo ha conseguido trabajar efectivamente con su Congreso, me refiero a la nominación y designación del Ministro Neil Gorsuch, quien además de cumplir impecablemente con las credenciales académicas para estar en la Suprema Corte, se ha destacado por su amplio dominio del derecho constitucional y eso, viene extraordinariamente bien en un momento en el que se asoman las disputas y controversias constitucionales.

El tema preocupante es entonces, la eficacia política, no sólo del grupo en el poder sino de la expresión de aletargamiento más importante de los últimos años. Podemos poner como ejemplo a destacados presidentes de la época moderna quienes además intentaron comenzar una nueva época de desarrollo al interior de los Estados Unidos. Por ejemplo, Franklin D. Roosevelt en 100 días consolidó el New Deal para superar la Gran Depresión, y logró echar a andar la maquinaria económica y el desarrollo de empleos logrando primero un consenso nacional.

Pero estos 100 días del actual presidente al frente de su gobierno también nos han demostrado que un personaje como Trump que dice despreciar a la clase política, se pelea con los medios y habla de conspiraciones y espionaje, puede ser quizá la antítesis de la figura presidencial que desde el inicio de la vida independiente de los Estados Unidos ha buscado preservar la institucionalidad del presidencialismo, mas no del centralismo. Las grandes lecciones de Donald Trump a sus 100 días de gobierno deben ser, por un lado que en Estados Unidos el presidente no puede tomar decisiones sin la aprobación de su Congreso. Y, por otro lado, no puede realizar políticas públicas y mucho menos política exterior desde una cuenta de Twitter.

El presidente, si quiere que su proyecto político dure más de cuatro años, debe saber la diferencia entre ser un Celebrity Rockstar y un Actor Político internacional.

100 días pueden ser mucho o poco, el resultado de esta gestión se verá cuando al cabo de su primera mitad haya suficientes acciones traducidas en política pública, un gabinete administrativo y operativo consolidado y ejes de política exterior claros y responsables.

Para México, la primera muestra de voluntad política clara tendrá que ser la pronta designación de un embajador o embajadora de Estados Unidos ante nuestro país (dada la anticipada renuncia de la ex embajadora Roberta Jacobson quien presentó su renuncia y no ha sido revocada ni ratificada). A partir de ahí, se podrá leer un mensaje más certero respecto a los alcances en materia de agenda binacional del presidente Trump.

 

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