Por Arthur Sullivan

DW.- El 29 de marzo de 2019, la fecha originalmente fijada para la consumación del Brexit, está por llegar y nadie sabe lo que va a pasar el día después. Sí, el hito ha sido postergado por dos semanas, pero es poco probable que en ese lapso nos libremos de la incertidumbre. Quienes creen que Gran Bretaña llegará a acuerdos comerciales bilaterales fácilmente una vez que se deslinde de la Unión Europea, siguen viendo el mundo color de rosa. Ellos no parecen –querer– darse cuenta de lo complicado que es sellar ese tipo de pactos y todo apunta a que se llevarán una desconcertante sorpresa. Todavía a finales de 2017, los entusiastas del Brexit daban por sentado que, a estas alturas, el Reino Unido tendría cuarenta tratados de libre comercio firmados.

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Se equivocaron. En este instante, Gran Bretaña sólo ha suscrito una veintena de “tratos de continuidad” con socios que ya tenían acuerdos comerciales con la Unión Europea: Barbados, Belice, Chile, la Mancomunidad de Dominica, las islas Feroe, Fiyi, Granada, Guyana, Israel, Jamaica, Palestina, Papúa Nueva Guinea, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Suiza y cuatro Estados africanos de los cuales sólo Mauricio ha sido nombrado específicamente. En otras palabras, el Reino Unido firmó convenios con instancias de las que ya se beneficiaba previamente como miembro del bloque comunitario. Otras negociaciones son más complicadas. Gran Bretaña no pudo cerrar tratos ni con Japón, ni con Turquía, ni con Singapur.

Carrera de obstáculos

También se le puede hacer difícil firmar convenios con Canadá, Corea del Sur, Islandia y Noruega.

Y en el caso de Australia, Estados Unidos e India, el Reino Unido tendrá que empezar a negociar desde cero, porque no existen pactos previos entre esos países y la Unión Europea. A eso se suma que los tratados de comercio bilaterales suscritos hasta ahora por los británicos no entrarán en vigor sino hasta 2021, si el documento para separar a Gran Bretaña de la Unión Europea es ratificado por su Parlamento a corto plazo.

“Durante el período de transición, el Reino Unido seguirá cumpliendo las obligaciones derivadas de todos los acuerdos internacionales de la Unión Europea”, declaró un vocero de la Comisión Europea al ser consultado por DW.

Tim Cullen, fundador del programa de negociación de la Universidad de Oxford, sostiene que los británicos necesitan ser “mucho más realistas de lo que han sido hasta ahora” en lo que respecta a sus expectativas. Cullen critica la falta de unidad y de claridad de objetivos de los impulsores del Brexit, agregando que la disposición a ceder para obtener algo a cambio, una herramienta de negociación fundamental, ha perdido efecto porque las concesiones han sido filtradas a los medios y presentadas como capitulaciones. “La gente que hace propuestas basadas en el pragmatismo y en una buena investigación previa es mucho más exitosa en sus negociaciones que las personas movidas por ideologías”, acotó Cullen en entrevista con DW.

La UE, el socio más importante

Por su parte, Fredrik Erixon, director del Centro Europeo para la Economía Política Internacional (ECIPE), un think tank con sede en Bruselas, observa que, mientras algunos países estarán interesados en replicar con Gran Bretaña el mismo trato comercial que suscribieron con la Unión Europea, otros procurarán sacarle provecho a la relativa debilidad del Reino Unido después del “brexit”. “Algunos Estados esperarán que Gran Bretaña abra sus mercados más de lo que se veía obligada a hacerlo en el marco de los acuerdos sellados con la Unión Europea”, esgrime Erixon. “Países como Japón han sido muy directos en este sentido”, añade.

La Unión Europea tiene acuerdos comerciales con 72 países y Gran Bretaña les sacará provecho a esos acuerdos mientras pertenezca al Club de los Veintiocho. Esos pactos cubren alrededor del 15 por ciento del comercio británico. Casi la mitad del comercio de Gran Bretaña es sostenida con socios de la Unión Europea. Eso quiere decir que un 65 por ciento del comercio británico está ligado al comunitario y que, cuando sea que se consume el Brexit, el trato comercial más importante al cual Londres puede aspirar es a un pacto con la Unión Europea.

 

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