Con un electorado dividido entre el proyecto liberal y europeísta de Macron y el ultraderechista de Le Pen, estas elecciones en Francia prometen ser un parteaguas tanto para Francia como para la Unión Europea.

En la historia del proceso de integración europea, Francia ha jugado un papel fundamental; no sólo por la influencia que como país del eje vencedor de la Segunda Guerra Mundial desempeñó, sino por el papel primordial que ha ejercido al encabezar las tendencias democráticas desde el siglo XIX y XX.

Precursor de los ideales revolucionarios, Francia ha sido modelo inspirador de innumerables movimientos sociales y políticos alrededor del mundo; así como para la promulgación de diversas Constituciones (bajo la influencia del liberté, fraternité, égalité).

Al término de la Segunda Guerra Mundial, y a la luz de la victoria de los Aliados, la idea de la integración y la asociación económica que prometía el Tratado del Acero y del Carbón firmado en Paris en 1951, ofrecían un sólido proyecto comunitario regionalista que con la ayuda del plan de reconstrucción de los Estados Unidos en Europa parecía ser la mejor opción para lograr, por fin, la pacificación de la Europa capitalista, posmoderna, democrática y occidental.

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Con el paso de los años, la Guerra Fría ofreció a Europa Occidental el escenario perfecto para terminar con las rivalidades nacionalistas de antaño; incluso favoreció de manera importante la consolidación de la Comunidad Económica Europea y su evolución en lo que hoy llamamos Unión Europea con los Tratados de Maastricht (firmado en 1992).

Francia ha sido pilar en el desarrollo del proyecto integracionista más importante de la historia y también ha sido en los últimos meses el blanco de ataques terroristas y como consecuencia el debate interno sobre la capacidad de respuesta del Estado ante la latente amenaza y vulnerabilidad que se muestra ante las nuevas modalidades del terrorismo contemporáneo, se han tocado las fibras más sensibles entre la población, principalmente entre los simpatizantes de la fracción más conservadora; quienes además de cuestionar la capacidad de respuesta y previsión, cuestionan incipientemente el impacto de políticas comunitarias que privilegian el interés comunitario sobre el interés nacional.

Para estos grupos franceses, hace mucho sentido el Brexit y el fin de los subsidios a los programas regionales. Hace sentido la eliminación de políticas migratorias, laborales y económicas conjuntas, así como la idea de que cada Estado debe ser responsable de salvaguardar su interés nacional y su seguridad interna.

Las elecciones en Francia cierran un capítulo en la historia de ese país, pero también en la de la Unión Europea. Habrá que esperar el resultado de la segunda vuelta el próximo siete de mayo; por lo pronto, todo parece indicar que Macron enfrentará a Le Pen como favorito. Sin embargo, esta elección se une al de escenarios poco predecibles como el visto en Gran Bretaña con el Brexit, en Colombia y el mismo de los Estados Unidos con la elección de Trump.

Lo único cierto es que los dos proyectos políticos que llegarán a la segunda vuelta en estas elecciones en Francia, tienen implicaciones dentro y fuera de aquel país poniendo en juego el próximo lustro en la política nacional y en la europea también.

 

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