Desde las últimas semanas, diferentes casos que han tomado relevancia en el mundo digital han puesto sobre la mesa de discusión la vulnerabilidad de las mujeres en nuestro país ante la violencia de todo tipo, la impartición de justicia, la inequidad de género, pero por encima de todo, la discrecionalidad con la que se puede juzgar su vida privada y culparlas por todo lo que les pase.

No es que esa doble victimización sea nueva, más bien se ha vuelto visible. Esa, donde una mujer es culpable por vestirse de tal o cual forma, por tener actividades de forma independiente, por salir sola a ciertas horas o por beber alcohol. Tal parece que, si son víctimas de un delito, la culpa es de ellas y no del perpetrador.

En las plataformas digitales el tema se ha vuelto del dominio popular y, por desgracia, se ha convertido en una tendencia frecuente. Lo que antes sucedía en el ámbito de lo privado, ahora es una tendencia pública donde leemos con periodicidad sobre los ataques de todo tipo a mujeres que son víctimas del delito.

Las redes sociales son un excelente termómetro de la opinión pública dada su naturaleza democrática: si una persona tiene un perfil, entonces puede opinar sobre lo que quiera. No importa que sea políticamente incorrecto o fuera de lugar, que no tenga información suficiente o que su dicho esté plagado de prejuicios, simplemente puede escribir lo que sea. Por supuesto que puede haber consecuencias, pero podemos expresar nuestra opinión libremente.

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En ese sentido, las mujeres han sido el blanco de ataques de todo tipo cuando han sido víctimas de un delito. Ya sea porque se les ocurrió salir sin su pareja, porque un ataque cometido contra ellas “no es para tanto” o porque tenían una vida que a alguien le parecía licenciosa.

Los tuits publicados por la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJCDMX)) en torno al caso Lesvy, la joven asesinada en Ciudad Universitaria, son un claro ejemplo de lo anterior. En los mensajes compartidos por la dependencia se daban detalles de la vida privada de la víctima, cuya redacción daba a entender que su muerte era consecuencia de su estilo de vida.

Ello provocó una reacción en diferentes escalas dentro de las redes sociales, ya que usuarias empezaron a utilizar el hashtag #SiMeMatan a manera de protesta, explicando lo que diría la policía si ellas fueran víctimas.

Y si bien, la PGJCDMX respondió separando de su cargo a la encargada de comunicación social, también lo es que los usuarios de las redes siguen opinando en diferentes sentidos sobre la violencia ejercida contra las féminas.

No deja de llamar la atención que algunos usuarios minimicen el hecho argumentando que más hombres son asesinados de forma violenta o que las estadísticas muestran que los hombres han sido víctimas del mismo tipo de delitos con mayor frecuencia y en mayor cantidad que las mujeres.

Al final, eso no muestra sino dos cosas: por una parte, la normalización de la violencia, ya que se pierde de vista que no importa la cantidad de víctimas, todas y cada una de ellas son historias donde hay personas, familias y comunidades afectadas. Y, por otro lado, que sí hay un detonante en el género, aunque culturalmente los hombres no seamos capaces de verlo.

No son tiempos fáciles para las mujeres. De hecho, nunca lo han sido. Sin embargo y a pesar de sus discursos de odio, las redes sociales han logrado hacer visibles los casos de violencia y sensibilizar a una parte de la población que, de no escuchar las manifestaciones digitales, seguirían pensando que la culpa es de la víctima.

 

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