Por Carlos Palencia Escalante

A reserva de ser simplista, la renegociación del TLCAN parece ser un gusano, es decir, dar un paso hacia adelante y varios pasos para atrás. Esto es lo que puede verse del reciente Entendimiento entre México y Estados Unidos sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Existieron avances en temas relacionados con las buenas prácticas regulatorias, con transparencia y medidas sanitarias-fitosanitarias, además de telecomunicaciones, productos químicos, medidas sanitarias y fitosanitarias, propiedad intelectual, agricultura (eliminando cuotas y/o temporalidad para exportar productos mexicanos) y comercio transfronterizo de servicios.

A ese entendimiento se le agregó confusión y tensión, porque quien pidió revisar el Tratado insistió en poner una elevada la regla de origen automotriz, pero también porque en medio de lo acordado se mantuvo la decisión estadounidense de ponerle aranceles al acero con 25 por ciento y del 10 por ciento al aluminio, no importando se aplique también a sus dos vecinos comerciales… aunque mejor dicho, no socios, pues parece que ese término y calificativo ha dejado de existir en el diccionario del gobierno de Estados Unidos. Aranceles, que, también ha mencionado su mandatario que pueden omitirse si firman un acuerdo “justo” y favorable” para ellos. ¿Será posible?

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Aunque se desconocen los detalles, también hay lineamientos para las PyMEs, Competencia y Anticorrupción, en servicios financieros, empresas propiedad del Estado (compra de gobierno), energía, obstáculos técnicos al comercio, telecomunicaciones y comercio electrónico o digital. Se incluyeron propuestas en disciplinas relacionadas con medio ambiente, entrada temporal de personas, productos agropecuarios y la propuesta de revisión (cancelar ya no) cada seis años a cambio de una vigencia de 16.

Entendiendo que los tiempos políticos estaban a la vuelta de la esquina en los tres países -por sus elecciones para presidente en el nuestro y por cambio de representantes y gobernadores en los otros dos países-, es que se aceptó por parte de México medidas discriminatorias, condicionantes del comercio, para ceñirse al término “justo” para definir un comercio administrado, no libre para dar cabalidad a la promesa de campaña “make america great again”.

De avances, en el capítulo anticorrupción se dice, incluye la tipificación de diversos delitos y se regulan aspectos críticos, como la integridad de gobiernos y funcionarios, la responsabilidad de las empresas y los mecanismos de colaboración en materia anticorrupción entre los tres países, entre otros puntos. Esto es importante porque delitos como el soborno, la malversación y desvío de fondos públicos y el cohecho internacional serían sancionados en el Tratado mediante obligaciones “espejo” para (Canadá hasta ver si se incorpora), Estados Unidos y México.

En asuntos más comerciales, se mencionan avances en la facilitación del comercio, acceso a mercados, medidas sanitarias y fitosanitarias, propiedad intelectual, agricultura, comercio transfronterizo de servicios, así como reglas de origen (no automotrices), compras de gobierno, cuestiones sobre tecnologías de la información y comunicación, los capítulos referentes a PYMES, Competencia y Eficiencia Energética.

Así, al haber llegado a un entendimiento redujo -temporalmente- el nerviosismo respecto a que Estados Unidos definiera abandonar el tratado; ¿Qué se ganó? Tiempo y que disminuyera la posibilidad de que lo negociado no acabe por gustarle al presidente estadounidense y decida cancelar un tratado tri(bi)lateral.

¿Cuál es la experiencia de este proceso de negociación para América Latina?  El saber que Estados Unidos está buscando negociar de manera bilateral con cualquier país, ya que no le gusta el modelo de asociación multilateral, para así hacer que predominen sus intereses. En otras palabras, a través de impulsar acuerdos bilaterales, Estados Unidos aprovecha e impone su posición de fuerza frente a los otros países, a fin de poner condiciones a su favor que no puede lograrlas fácilmente a través de prácticas multilaterales de negociación tipo la Organización Mundial de Comercio.

 

*Carlos Palencia Escalante es Consultor en temas de economía y negocios.

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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