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Siempre he pensado que una de las características que más me han fascinado de la literatura de Dostoyevski es su insistencia en dotar a sus personajes –por muy insignificantes que fueran en la trama general de la novela– de un pasado.

Es sábado, 5 de marzo, y acabo de llegar a Londres, donde hoy se inaugura la que –no tengo duda– será una de las exposiciones del año: Botticelli Reimaginado, organizada de forma conjunta con la Gemäldegalerie de Berlín, uno de los museos más bellos de Old Masters del mundo, en mi opinión.

Cartel de la exposición. (Imagen: vam.ac.uk)

Cartel de la exposición. (Imagen: vam.ac.uk)

¡Qué emoción! Tengo en mi mano la entrada: fondo negro, rostro de una mujer bella de mirada limpia, dulce y perdida, cabello llevado por un viento imaginario, remarcado también por dos trenzas que marcan una verticalidad curvilínea… tono apomazado, ojos y pelo casi coinciden en tonos. Está, diríamos, ensimismada, y este “estar consigo misma” es un espectáculo ya en esta obra en la que la línea es, cómo no –escuela florentina–, la protagonista. A la derecha, el título Botticelli Reimagined con una tipografía “san serif” o de palo, la fecha “3 de Marzo – 3 de Julio de 2016”, y arriba, a la derecha, a sangre –cortado por la guillotina de la imprenta–, el logo del Victoria & Albert Museum. Sé que han echado el resto. The Guardian habla de “un hito histórico”; el WSJ, de “impacto maestro”; The Telegraph, “desencajada y esquizofrénica” (¿?). Entro.

‘El nacimiento de Venus’, 1482, Sandro Botticelli, Galería de los Uffizi, Florencia. (Foto: uffizi.org)

‘El nacimiento de Venus’, 1482, Sandro Botticelli, Galería de los Uffizi, Florencia. (Foto: uffizi.org)

A ver… la primera sensación es como de “no me lo puedo creer”. “¿Todo esto inspirado en Botticelli?” Asombro (sentirme asombrada es una de las emociones que me son más queridas). La exposición está dividida en tres partes:

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  1. Global, Modern, Contemporary (Global, Moderno y Contemporáneo).
  2. Rediscovery (Redescubrimiento, alusión a los prerrafaelistas, esencialmente).
  3. Botticelli in his Own Time (Botticelli en su propio tiempo).

Lo primero que se me viene a la cabeza es que el orden parece inverso… cuando me doy de bruces con la interpretación de Warhol, Nacimiento de Venus. Sensación: Dostoyevski, un Warhol tan cargado de dignidad, de pasado, de armonía, de respeto… La interpretación del rostro con su propia paleta es como un electroshock pacífico, es… la primera vez que se me viene algo a la cabeza que desarrollaré un poco más adelante.

De momento, apenas tengo tiempo para el precipicio: obviamente, El nacimiento de Venus no puede abandonar los Uffizi, por lo que no está en la sala y –un poco “estupenda”– casi me atrevería a decir que “ni falta que hace”.

‘Venus after Botticelli’, 2008, Yin Xin. (Foto: Yin Xin)

‘Venus after Botticelli’, 2008, Yin Xin. (Foto: Yin Xin)

El nacimiento de Venus es un icono en el hombre moderno de presencia permanente, y a las pruebas me remito o se remite la exposición: La Venus de Yin Xin (2008) reinterpreta con rasgos orientales, David LaChapelle retoma la composición para recrear un mundo hipersaturado, en el que sólo se mantiene el hieratismo de la propia Venus.

‘Nacimiento de Venus’, 2009, David LaChapelle, Gemäldegalerie, Berlín. (Foto: David LaChapelle Studio)

‘Nacimiento de Venus’, 2009, David LaChapelle, Gemäldegalerie, Berlín. (Foto: David LaChapelle Studio)

Más, un maniquí con un diseño de Dolce & Gabbana de 1993 –antes de la tendencia campestre neorrealista– con prints vibrantes e –increíble–, totalmente botticellianos; dos vestidos de noche de Elsa Schiaparelli (1938) con ornamentación de vegetación bordada inspirada por Pallas y el Centauro. Es “mucho”, en la acepción castiza de “qué bueno”, pero es que la cosa no se detiene ahí ni mucho menos… ¡Ursula Andress! saliendo del agua con el molusco del Dr. No, y un mínimo pasaje de Las aventuras del barón Munchausen, donde emerge Uma Thurman, cuyo rostro es puro Botticelli. ¿Bill Viola?, por supuesto.

Aparece, también, una performance de una 5ª cirugía, Operación-Ópera, de la artista francesa Orlan, y “aparece” siéndole practicada la cirugía plástica en un intento de acercamiento e imitación al rostro de la Venus. Hagan juego… no va más. Salvo un Magritte, un Maurice Denis, un Antonio Donghi y… un Robert Rauschenberg… que yo recuerde o encuentre entre mis notas.

‘Natividad mística’, 1500, Sandro Botticelli, National Gallery, Londres. (Foto: The National Gallery, London)

‘Natividad mística’, 1500, Botticelli. (Foto: The National Gallery, 2015)

Recapacito y proceso… A ver, primero: “maravilloso”; segundo: “espectacular”; tercero: ¡qué privilegio de exposición! ¿Por qué? ¿Cuál es el misterio?

Paso a la segunda parte de la exhibición, donde ya, sí, se trata del “misterio” Botticelli.

La cuestión es que, al contrario de todos los grandes de Florencia en su época, Botticelli, quien gozó la fama en su momento, cayó tras su muerte en un olvido hasta el punto en que el poeta y pintor prerrafaelista (Gabriel Charles) Dante Rossetti pintó (en 1868) La mujer en la ventana, clave en el redescubrimiento de Botticelli a mediados del siglo XIX.

‘La Ghirlandata’, 1873, Dante Gabriel Rossetti, Guidhall Art Gallery, Londres. (Foto: Guidhall Art Gallery 2015)

‘La Ghirlandata’, 1873, Rossetti. (Foto: Guidhall Art Gallery, 2015)

Luego vendrían –y están en la exposición– el único resto de película en el que se puede ver a Isadora Duncan bailando bajo la inspiración de Ninfas y Flores. Copias de El nacimiento de Venus por Degas, Moreau… Y grandes obras de Jean-Auguste-Dominique Ingres, Arnold Böcklin o Sartorio.

Acabo con la tercera sección que –abrumada– quiero rematar apropiadamente: Botticelli en su tiempo… Increíblemente dotado para los detalles, un genio del movimiento y la composición, qué era lo que realmente le hacía y le hace aparecer como distinto. Y ahí viene la sorpresa. Está enfrente de mí: con Natividad mística de (1500), única obra firmada, tremendamente ortodoxa, tremendamente religiosa, profundamente y radicalmente distinta.

‘Retrato de una dama, Smeralda Bandinelli’, 1475, Sandro Botticelli, Victoria & Albert Museum, Londres. (Foto: vam.ac.uk)

‘Retrato de una dama, Smeralda Bandinelli’, 1475, Sandro Botticelli. (Foto: vam.ac.uk)

También veo la deslumbrante Pallas y el Centauro –ella con la mirada ética perdida y la bestia sometida–, y dos Venus de tamaño real, bellas, desnudas y… sin la más mínima carga sexual. Y entiendo. Botticelli terminó adhiriéndose al movimiento “puritano” de Savonarola, y donde hay sensualidad, ahora veo pureza, no un desnudo erótico, sino un desnudo que va más allá de la carne. Son mujeres expuestas no al deseo, sino a la veneración.

Sandro Botticelli nunca se casó, pero pidió ser enterrado a los pies de su gran musa, Simonetta Vespucci, a quien retrató en varias ocasiones, la más célebre en la obra maestra florentina El nacimiento de Venus.

Todas, todas las mujeres de sus cuadros tienen un pasado, están dotadas de dignidad. Una época terrible. Un Dostoyevski prematuro.

Me voy enamorada, con el alma plena.

 

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Correo: [email protected]

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Web de Callia Art Fund

 

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