Le Sereno, enclavado en la isla St. Barth, es un exclusivo hotel en medio del Caribe que proporciona mucho más que un placer momentáneo: es un caudal de recuerdos que acompañan al huésped el resto de su vida. Su director general, Samy Ghachem, nos abre las puertas de este refugio Deluxe.

 

Por Alvaro Retana

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Desde que en los años 50, jetsetters como Noël Coward, la princesa Margarita o el aristócrata de origen escocés Colin Tennant —quien dejó su fabulosa herencia a su criado, Kent Adonai— decidieron fijar su residencia en El Caribe, las cristalinas aguas de este mar con reflejos de diamante han sido el retiro favorito de los bendecidos por los dioses, esa casta heredera de la itinerante Café Society de los años 30, que Truman Capote supo retratar como nadie. Hoy, sus descendientes siguen eligiendo los exuberantes colores de El Caribe, pero en otro escenario: las deslumbrantes villas de Mustique diseñadas por Oliver Messel —escenógrafo y diseñador hoy casi olvidado, pero en su día una especie de Peter Marino en versión raffinée— han sido sustituidos por hoteles como Le Sereno, un exquisito rincón enclavado en la playa Grand Cul de Sac de St. Barth.

Sus interiores llevan la firma de uno de los más renombrados decoradores de todo el mundo, el francés Christian Liaigre, quien ha diseñado casas para personalidades como Karl Lagerfeld, Kenzo Takada, Calvin Klein y Adolfo Domínguez. Su estética es más limpia, menos decadente que la de Messel, pero sigue conservando su espíritu de lujo relajado: El Caribe sigue siendo la meca del dolce far niente, y Le Sereno su máximo exponente. El secreto de su éxito se basa, según nos descubre su director general, Samy Ghachem, en “el compromiso y la voluntad de superar las expectativas de nuestros huéspedes”.

El perfil de sus clientes es, tal y como él mismo admite, “acaudalado e influyente, sofisticado y exigente”. En sus tres villas privadas y 36 suites podemos encontrar la versión actual de los cosmopolitas personajes de un cuento de Somerset Maugham.

Los mundanos aristócratas de sus novelas han sido sustituidos hoy por altos ejecutivos de la industria discográfica, editoras de moda (con sus familias), estrellas de Hollywood de incógnito o tops parapetadas tras unas enormes y enigmáticas lentes de sol. Cuando traspasas el umbral del lobby al aire libre y divisas la terraza, detrás de la cual el mar va desgranando todas las tonalidades del turquesa, entras en un estado zen, un nirvana sólo perturbado por decisiones como tomar un Scrub (un coctel de vodka con jugo de sandía fresca, menta y sal de mar) o un Ten Tonic (con ginebra premium, cilantro y fortunella).

“Lo más importante es lograr una conexión humana entre nuestros huéspedes y todos los empleados del hotel”, explica Samy. Él lleva mucho más allá el concepto de hospitalidad: crea una confianza tal, que se anticipa a todas las necesidades del cliente. Incluso realiza barbacoas en su casa cada dos semanas, donde invita a tanto a huéspedes y personalidades relevantes de la isla como al staff del hotel para crear experiencias únicas, de manera que el viajero se integra no sólo en el entorno de la isla, sino en su vida cotidiana, en su intrahistoria. Es lo que más le importa al director general de este hotel: “Los huéspedes de los  hoteles de lujo buscan cada vez más una conexión humana, una experiencia auténtica y localizada. Quieren algo a medida, personalizado, pero también quieren algo real”.

El lujo ha dejado de ser sólo un escenario para convertirse en parte de la piel y de la memoria del viajero. Hoteles como Le Sereno no proporcionan sólo placer —aunque el hedonismo sigue siendo el motor principal que rige a los nómadas globales a recorrer el mundo—, sino reminiscencias. “La experiencia real debe proporcionar, en última instancia, un recuerdo duradero y satisfactorio”, señala. Inspirado por el espíritu de la isla, Le Sereno combina una mágica contradicción, una mezcla de sencillez y lujo, informal y amable; pero exclusiva, sofisticada y relajante.

Prácticamente, todas las suites y, por supuesto, las villas, así como la piscina, la terraza, el restaurante y el spa tienen vistas al mar. Además, los interiores son un reflejo del luminoso exterior, realizados en materiales suntuosos y naturales; incluso en los baños, con elementos como la piedra volcánica o la madera. En la Grand Suite Plage, los blancos han sido específicamente realizados para Le Sereno por la firma francesa de linos D. Porthault y las amenities son de Ex Voto Paris. Se trata de llevar esta filosofía del laid-back luxury (el lujo relajado) a una nueva dimensión.

Un detalle revelador: todos los huéspedes, ya sean de las suites como de una de las tres villas, reciben una bolsa de regalo personalizado, que incluye un par de Havaianas hechas especialmente en Brasil para Le Sereno. “Queremos establecer una conexión desde el primer minuto a la llegada. Nuestro departamento de relaciones con los huéspedes establece contacto incluso con ellos antes de su llegada para poder materializar todos sus deseos”, relata Ghachem.

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Máxima privacidad

En un momento en que la política de muchos hoteles parece basarse en el name dropping, la filosofía de relaciones públicas de Le Sereno es todo lo contrario: cuando le preguntan por alguna de las celebrities que lo han elegido para retirarse de la vorágine de la fama, son totalmente herméticos. Su director general tiene muy claro que no hay categorías dentro de su clientela, todos son igual de importantes. “vip o no vip, cada huésped tiene una voz y una opinión, así que para nosotros cada invitado es un vip”, afirma.

Lo que sí ha observado es que hay una gran cantidad de clientes de repetición que eligen el hotel después de haberlo probado. Dentro de su perfil de usuario, ha advertido también una tendencia que se ha impuesto en los últimos años en la hotelería de lujo. “Estamos viendo un interés creciente en las villas de vacaciones. En Le Sereno tenemos tres villas excepcionales de cuatro dormitorios que ofrecen una gama completa de servicios del hotel”, afirma. Junto a este fenómeno, añade, también ha percibido un incremento de solicitudes de eventos para grandes grupos, como bodas e incentivos de empresa, así como familias compuestas por varias generaciones que viajan juntas.

El equilibrio entre interior y exterior, entre naturaleza y sofisticación, se lleva a su máxima expresión en el spa de Le Sereno. Su pabellón de tratamiento frente al mar es único, hay además un espacio especialmente destinado a las parejas con duchas completamente aisladas, rodeadas de buganvillas y follaje tropical para disfrutar de una experiencia ultra-privada. Los masajes trascienden lo meramente terapéutico para conectar los sentidos con la naturaleza, ya sea en el spa del hotel como dentro de las suites o villas. Todos los tratamientos faciales y corporales se realizan con productos y técnicas de la maison francesa Sothys, que garantizan una experiencia genuina. “Nuestro objetivo es la autenticidad”, declara el director del hotel. El placer siempre lo es.

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