Es una cinta emocionante y de portentosa belleza a pesar de que los fanáticos de la teoría del cine de autor digan que Cuarón dio dos pasos adelante en el apartado tecnológico y dos atrás como auteur.

 

No hay finales felices en la historia, sólo puntos de crisis que pasan.
Isaac Asimov, Los dioses mismos

 

La trama de Gravedad (Gravity, 2013) no podría ser más sencilla: una astronauta novata, Ryan Stone (Sandra Bullock), y un veterano en su última misión, Matt Kowalski (George Clooney), quedan varados en el espacio después de que desperdicios de un satélite impactan el transbordador donde viajan. ¿Podrán regresar a casa?

Sin duda las expectativas en torno a la nueva película de Alfonso Cuarón son altas y podrían jugar en contra. Han pasado unos 7 años desde la excelente Niños del hombre (Children of Men, 2006) y durante ese tiempo el proyecto se pospuso varias veces por diversas causas,  además de que inició como una pequeña cinta independiente y terminó como blockbuster.

Aquellos que estén esperando la nueva 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) o Solaris (1972), se van a quedar con las ganas. Gravedad es, ante todo, una cinta de aventuras, alejada de la ciencia ficción. Aquí no hay aliens o complicadas misiones espaciales, tampoco hay profundas reflexiones filosóficas; sólo son dos seres humanos tratando de sobrevivir en la inmensidad, tan simple y complicado como eso.

El gran personaje de Gravity es el espacio, nunca capturado en pantalla de manera tan arrebatadora. El trabajo fotográfico de Emmanuel Lubezki es impresionante, junto a lo hecho por el departamento de efectos especiales, consigue convencernos de que dos astronautas se perdieron en el cosmos. Debe ser una de esas pocas películas en las que el formato 3D está completamente justificado.

Gravedad es la suma de sus personajes: los dos astronautas y el espacio. La vasta oscuridad comparte un protagónico igual de importante que los actores, el largometraje no sería efectivo si viéramos a este par de seres humanos atrapados en una nave tratando de regresar a la Tierra. El terror de quedar solos y envueltos por la nada es avasallador, aunque al mismo tiempo puede ser atractivo. Como lo demuestra la Dra. Stone de Bullock, seducida por la idea de dejarse llevar, sin tener que enfrentar problemas o complicaciones otra vez.

Ni George Clooney, ni Sandra Bullock salen de los papeles que acostumbran en sus carreras. El primero, interpretando a un vaquero dicharachero, encantador y de fácil labia aun en medio del caos, efectivo pero no brillante. En cambio, Bullock destaca porque logra mantener por su cuenta gran parte de la cinta en un papel que de manera recurrente se otorga a un hombre.

Es llamativo que los guiones con más huecos o reiteraciones narrativas en la carrera de Cuarón sean aquellos donde colaboran sus familiares cercanos. Con su hermano Carlos en Sólo con tu pareja (1991) o Y tu mamá también (2001), y ahora con su hijo Jonás se repite la historia. El libreto se torna un poco repetitivo hacía el tercer acto y algunos chistes de Kowalsky rompen con el drama generado.

No se equivocan aquellos que equiparan el nuevo trabajo de Cuarón a los de directores como Ron Howard –la voz de Ed Harris como referencia inmediata a Apollo 13 (1995)– o James Cameron –merecedor de un agradecimiento al final de los créditos–. Los fanáticos de la teoría del cine de autor podrían decir que Alfonso Cuarón dio dos pasos adelante en el apartado tecnológico y dos atrás como auteur… no se equivocan, sin embargo, la emoción no disminuye.

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